PATRÓN COMÚN DE UN PEDERASTA

Advertencia: este artículo está realizado con documentación facilitada por profesionales en psicología y psiquiatría. Con esta publicación no queremos manifestar que todos aquellos que cumplan las características expuestas, sean indiscutiblemente pederastas. No se pretende, tampoco, proporcionar un diagnóstico. Esta publicación es meramente informativa.

La temática más solicitada esta semana, dado a la repercusión mediática que tuvo el nuevo paso de Anabel Pérez Asenjo contra Mario Díez, es la de exponer los rasgos que tienen en común los pederastas.  Pese a que tanto esto como la pedofilia están estrechamente relacionadas entre sí, cada situación guarda unos matices. En este artículo queremos ofrecer los aspectos más significativos en los pederastas, con una intención meramente informativa.


¿Qué aspectos nos alertan de que podemos estar frente a un potencial pederasta?

Lo primero que hay que resaltar de esto, es que los pederastas tienen un contacto sexual muy pobre con gente de su misma edad, y aunque esconden su preferencia con parejas sexuales de equivalente edad, generalmente su vida sexual con adultos es nula.

Esto se debe, entre otras cosas, a que los pederastas tienen una escasa capacidad para socializar con gente madura, carencia que compensan con una notoria habilidad para relacionarse con niños que otros adultos no tienen. Su psicopatología está fuertemente relacionada con rasgos antisociales de la personalidad.

Desde la apariencia, sin embargo, sus vidas sociales y sexuales son convencionales y discretas: pueden estar casados, vivir en pareja, o su profesión justifica su soltería (milicia, sacerdocio, líderes de culto etc).

En el menor de los casos, un pederasta suele ser tal dado a los abusos sexuales recibidos durante la infancia.

DadoCanales relata: “Aunque se conoce poco sobre el origen de la pederastia y hay muchas piezas que aún están sueltas en el rompecabezas.
¿Qué le atrae al pederasta del cuerpo del menor? Lo que los demás percibimos con ternura y cariño, a ciertos hombres les produce deseo sexual. Hablo de ciertas características que se encuentran solo en menores de edad: piel muy suave, ausencia total de vello y ojos muy grandes en proporción al resto de la cara”.

El patrón registrado del pederasta se apoya en el libro ‘Assesment of sexual offenders against children’, de Quinsey, V.L. y Lalumière, M.L, (2001), y se caracteriza por ser:

Un hombre adulto (el 20% de los pederastas son menores de 18 años y tienen por lo menos 16 años), poseedor de escasos amigos íntimos de su generación o edades similares y una malsana inclinación hacia un sexo y edad hacia sus víctimas (tendrá preferencia por una franja de edad concreta y tenderá a abusar más de varones o más de niñas). En su vida con adultos, su orientación sexual es, en la práctica y desde la mayoría, heterosexual.

Un pederasta siempre va a autojustificarse
Un pederasta siempre va a autojustificarse

Las habilidades del pederasta tienen su pilar fundamental en el lenguaje. Utilizan las mismas expresiones que los niños, se mimetizan con ellos y, en ocasiones, lo mezclan con un lenguaje típico del ámbito romántico o de pareja. No siempre cometen los crímenes de la misma forma.

“En cuanto al pensamiento errado del pederasta” comenta Dado “que posterga la conducta desviada del agresor, es que minimiza y niega su responsabilidad, presentándose a los demás como sujetos adaptados socialmente y neutraliza la seriedad de sus agresiones a través de justificaciones. A menudo la única lógica posible de estos crímenes es interna y se da en un diálogo interior muy simplista, como suele pasar en todos aquellos que sufren del Trastorno Antisocial de la personalidad”.

En portales como PsicologíaYMente, relatan cómo los pederastas no suelen utilizar la violencia en sus prácticas:

“Su modus operandi suele basarse en el acercamiento y el establecimiento de una relación de confianza con el menor víctima de abuso, cosa especialmente evidente cuando tenemos en cuenta que la gran mayoría de casos conocidos se han dado entre individuos que ya se conocían de antemano. Ganan acceso a los menores por su trabajo, vínculos consanguíneos o a través de las redes (fenómeno conocido como grooming), fingiendo comprender las circunstancias vitales del menor y produciendo en ellos curiosidad y afecto, intentando aproximarse poco a poco (…) De hecho, en muchos casos las propias víctimas no viven inicialmente el abuso como tal, siendo manipulados de manera que llegan a pensar que se trata de una especie de juego o una manera de relacionarse con ese adulto en cuestión”.

En general, en la personalidad del pederasta, destaca la presencia de una muy baja autoestima y poca tolerancia al estrés. En muchos casos la conducta se lleva a cabo de manera impulsiva, como manera de deshacerse de un estrés de tipo psicosocial. Además, muchos presentan también sentimientos de inferioridad, dificultades en sus relaciones interpersonales (si bien no se trata de algo definitorio), y un cierto nivel de inmadurez. Suelen ser reservados y retraídos.

Destaca, por otro lado, una considerable falta de empatía, ya que no son capaces de conectar con el sufrimiento que su actuación genera en el menor atacado, o eligen voluntariamente ignorarlo.


Aspectos del entorno de un pederasta

Siempre buscan un modo de contactar con niños, por lo que su trabajo está estrechamente relacionado con ellos. También suelen emprender voluntariado infantil, con el objetivo de guardar cercanía con sus víctimas.

A esto hay que añadirle que disfrutan visitando lugares especializados para los niños, como parques o colegios, dado a que esto les provoca excitación sexual.

Son grandes consumidores de pornografía infantil, material que suelen acumular compulsivamente. El motivo de esto es, que buscan guardar contenido gráfico para autosatisfacerse cuando no cuentan con víctimas cercanas. También les ayuda a excitarse, pues les permite revivir actividades sexuales pasadas. En ocasiones, ese material es de las propias víctimas, el cual utiliza para chantajearlas.

Guarda, en un entorno seguro a su juicio, ropa, juegos y otros enseres infantiles, para jugar con las víctimas sexualmente o intentar iniciarlas en el abuso. El pedófilo o pederasta, tiende a buscar grupos con tendencias sexuales semejantes; por ejemplo, en Internet, y usan símbolos conocidos por personas de sus mismas características, siendo descubiertos por la policía internacional.


Quién rompe el cristal: el pederasta

“Aunque me atormentaban mis acciones, me cautivaban. Una vez, o quizás más de una, lo llevé a la torre que era de concreto rígido, lejos del coro. Tenía barrotes de acero. Él tenía unos 7 años, era moreno y fue mi víctima más bella. Hice que posara como un preso con poca ropa. Tomé algunas fotos de él atado con una cuerda grande. Después posó para mi desnudo. Era como si yo pudiera hacer con él todo lo que quisiera…”

– Robert Van Handel. Sacerdote franciscano. Pedófilo. 67 años

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