PANDEMIAS, GUERRAS Y OTROS TROPIEZOS

Me gustaría llegar a pensar que lo que está sucediendo en el mundo se trata de algo pasajero. Un mal sueño, pero no es así. Venimos de unas cuantas crisis económicas, una epidemia seguida de una guerra que aunque su escenario esté en Ucrania, nos salpica a todos (globalización). Ya no se puede escudar nadie en que no tenemos experiencia, porque nos sobra. Demasiadas pandemias y guerras a nuestras espaldas deberían posicionarnos con privilegio. Entonces ¿por qué no aprendemos? Me da en la nariz que son nuestros sentimientos los que están por encima de uno mismo.

El día en que lleguemos a dominar la ira, la envidia, el despecho, el ansia de poder, nuestro orgullo, siempre que éste sea perjudicial para los demás… En definitiva, si conseguimos extirpar aquellas partes “humanas”, sentimientos no tan deseables que cada uno de nosotros tiene, habremos dado un gran paso para arreglar nuestro eterno dilema entre el bien y el mal. 

Tampoco ayuda que tengamos un planeta muriéndose. A pesar de nuestra tecnología que contradictoriamente como todo, en vez de sacarnos las castañas del fuego, la empleamos en acabar con el castaño. Cosa curiosa esta. Soy de los que piensan que es muy importante el entorno. Esa circunstancia de la que hablaba nuestro mítico filósofo Ortega y Gasset: “yo soy mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo”.  Es absurdo no invertir la situación y premiar el buen hacer.

De todos es sabido que en muchas circunstancias de la vida, para que algo salga bien a largo plazo, hay que apostar por un camino a priori más difícil, pero a la postre lleno de satisfacciones. Sostenible con el medio, con nuestra casa, el planeta Tierra, que a día de hoy no se ha encontrado otro igual en el Universo. En todo caso se especula con otros lugares perdidos en el confín de la galaxia, inaccesibles por ahora. Está bien tener las miras altas, pero tan altas haciendo hueco a la utopía, no.

La velocidad que tenemos hoy no parece que sea un valor, un estandarte del que presumir, porque se nos hace tarde para todo, incluso para preservar aquello que amamos. Al no dominar la prisa, sino que es a la inversa, nos estamos convirtiendo en esclavos, en yonquis de una mala vida, desorganizada e irrespetuosa en general con todo.

¡Lo que está tardando ese alguien, un mesías, que le dé la vuelta a la tortilla y haga de ella con la tecnología disponible, una limpieza exhaustiva de los océanos, repoblaciones de bosques, erradicación del hambre y las guerras, la pobreza, etc.! Quizás ese alguien no haya que esperarlo, y ya esté en nosotros mismos, solo que está tan sumamente concentrado en sí mismo, que le es imposible discernir cualquier ínfimo atisbo de altruismo y cooperación. Que al fin y al cabo será su salvación y la del grupo. Pues como bien se sabe, al ser la nuestra una especie gregaria, su triunfo radica precisamente en el éxito grupal.


Ni pandemias ni guerras: educación

¿No creen ustedes, mis queridos e inteligentes lectores de It-Magazineque tenga que ver en ello la educación? Pero claro está, una educación basada en la historia, en lo que conocemos por “verdad”. De bien poco nos servirá educar desde el embuste, la manipulación, el adoctrinamiento, la invención. Es un propósito nefasto. Y si no, miren a su alrededor, no hay que irse muy lejos, a las pruebas me remito. Me parece esta una clave importantísima. La educación lleva adosado el respeto generalmente.

Cuando no es así se incurre en una percepción egoísta de intentar invadir el espacio del otro, reuniendo un gran esfuerzo en dominar con nuestro yo, de múltiples maneras, incluso por la fuerza, la opinión del otro. Las cosas no son como las distinguimos cada uno de nosotros por separado. Nuestra percepción no es otra cosa que un cúmulo de circunstancias, vivencias, aprendizajes únicos. Una ínfima mota pérdida en el vasto espacio, inconsistente, que viaja a la deriva sin el complemento del resto. Y aun así no es una verdad absoluta, en todo caso tu verdad. Cuando esto no se entiende, llegamos a las supremacías, a los conflictos, sean estos de la índole que sean y por ende, al fracaso más estrepitoso.

El Novel de literatura José Saramago decía: “he aprendido a no intentar convencer a nadie. El trabajo de convencer es una falta de respeto, es un intento de colonización del otro”. ¿No les parece fascinante? Espero que este concepto del “hay que vivir y disfrutar al máximo” se ponga en práctica desde el respeto, la disciplina de las normas básicas de convivencia, el sentido común. Y respecto al planeta que habitamos, protegiéndolo, puesto que aunque vivamos en él, nada nos pertenece, ni siquiera el aire que respiramos. Y después desde la información veraz, educativa, que nos haga libres. Emmanuel Kant dijo: “el hombre no es más que lo que la educación haga de él”.

La generación de escritores del 98 peleó por la integración de la educación en España. Querían que tuviésemos una oportunidad en todos los aspectos de una vida. Ellos ya tenían muy claro que la salvación pasaba por tener información, acceso a la cultura. Y el escritor chileno Luis Sepúlveda nos dejaba, desde mi punto de vista, una frase capital: «la importancia de conocer el pasado para comprender el presente e imaginar el futuro”. 


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