NIÑO REFRANERO, NIÑO PUÑETERO

Soñar es gratis. Esto lo sabe todo el mundo. O si no que levante el dedo aquel que nunca ha pensado eso de “si me tocara la lotería podría hacer…”. Nadie, ni un dedo levantado, lo sabía. Mi madre cada vez que me escuchaba decir “cuando sea mayor voy a descubrir la cura contra el cáncer y una vacuna para todas las enfermedades”, me miraba y me contestaba: “soñaba el ciego que veía y eran las ganas que tenía”. ¡Ay! Los refranes, cuánta razón tienen. Cualquiera puede soñar lo que quiera por muy imposible que sea.

Los refranes esa frase de origen popular y anónima que expresa un pensamiento moral, un consejo o una enseñanza. Su estructura morfología y sintáctica suele ser en verso y rima en asonante. Por ejemplo: “nunca te acostarás sin saber una cosa más”. El emperador romano Marco Aurelio (121-180) solía decir, seguramente sin saber que estaba citando un refrán, que “lo que no es útil para la colmena, no es útil para la abeja”. Y el político británico Winston Churchill (1874-1965) apuntaba que “el problema de nuestra época consiste en que los hombres no quieren ser útiles sino importantes”. Esto se puede aplicar también en la época actual pero no es un refrán, es una frase célebre de un gran político.

Sin embargo el dicho popular “a palabras necias, oídos sordos”, viene de muy lejos. Cuenta la historia que en cierta ocasión se le acercó al filósofo griego Aristóteles (384-382 a.C.) un hombre que no paraba de hablar y hablar. Tanto hablaba que no permitía meter baza al filósofo y le pidió perdón. Aristóteles le contestó que no tenía por qué pedir perdón porque estaba pensando en otras cosas mientras el hombre hablaba y no había escuchado ni una sola de sus palabras.

Hay casi cien mil refranes registrados en la lengua castellana que representan los valores que el pueblo ha aportado a lo largo de los siglos. Siempre tenemos un refrán para soltarlo en un momento concreto, para ilustrar de una manera perfecta una conversación. Desde el siglo XIV la literatura clásica española está llena de ellos: “consejos vendo y para mí no tengo”.  Pero no voy a escribir todos los refranes que hay, cada día se inventan alguno más. Y como cada persona es dueña de su silencio y esclava de sus palabras, pues que cada palo aguante su vela y cada loco siga con su tema. Porque bicho malo nunca muere y se cree el ladrón que todos son de su condición, sin pensar que arrieritos somos y en el camino nos encontraremos. Lo dicho, bien está lo que bien acaba.


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