“Me violaron y no, no quería (…) Literalmente, me moría” Estrella nos comparte su pasado: una brutal lucha por sobrevivir

  • Ensañamiento con la víctima: intimidación y denuncia en saco roto
  • Ultrajada y ninguneada: su familia quiso normalizar la violación
  • “¿Para qué quieres suicidarte, si no eres capaz de nada?”

Atención: los nombres mostrados en este artículo son ficticios con el fin de respetar el anonimato de las entrevistadas. Asimismo, lo expuesto aquí (tanto emails, palabras, y testimonios íntimos) ha sido previamente aprobado por el consentimiento de las jóvenes implicadas. It-Magazine sólo pretende mostrar su apoyo a las víctimas de cualquier tipo de abuso dando voz a sus historias, con el fin de incitar a la reflexión y a la lucha por una mejor Sociedad.

 “Hubiera preferido una violación (…) que años de constante maltrato psicológico”. Esa fue una de las frases que Sandra Gutiérrez, la joven que contactó con MundoViperino, hizo de su artículo algo explosivo. Siendo lo más leído durante días en It-Magazine, no sólo es capaz de conmover a quien recorra sus palabras, también de incitar en profundidad la empatía.

Días después, otra muchacha llamada Estrella López escribió a MundoViperino para, con todo el respeto, compartir unos matices hacia las palabras de Sandra desde su opinión personal en base a sus experiencias del pasado, pues a diferencia de Gutiérrez no sólo sufrió de abuso emocional y físico; también fue violada.

“Quería hacer llegar a este artículo” escribe en un email “que yo también pensaba que lo que había vivido era peor que nada, pero lo que me llegó después fue mucho peor. Y que, no podemos hablar de cuánto daño hacen las cosas, si ni tan siquiera sabemos el daño que hacen”.


“A veces solo hace falta que te extiendan una mano, el resto viene solo”

Estrella es una joven española, enfermera vocacional y gran amiga de la escritura. Entre sus aficiones, administra una página llamada “Tu espacio y el mío”, en la que nada más entrar se muestra una frase llena de esperanza: “Si crees en los sueños, se crearán”. Más adelante encontramos post escritos con toda la sinceridad posible: “La idea” puede verse en una de sus publicaciones “es presentaros algunos de mis escritos, ya que me gusta mucho escribir y poder dejar un poco de huella con ellos. No sé si huella” rectifica, “pero sí quizá a veces hacer reflexionar con algunos temas que se puedan presentar (…) lo que sí me gustaría, sería poder llegar a las personas a través de las palabras”.

Estrella es enfermera y le encanta escribir
Una lección de humildad: “todo después de bajar, sube, pero hasta estando en el cielo, puedes hundirte” – Estrella López

No es la primera vez que en It-Magazine denunciamos la carencia de medios para apoyar a quienes se encuentran en una situación crítica. Ya se habló de la epidemia de las apuestas hace unos meses, la cual devoraba a nuestros jóvenes, pues eran incitados a los juegos de azar desde una tierna edad. Pese a que la intención del artículo era la de aportar datos que concretaran hasta qué punto han crecido las casas de apuestas y dónde, llegaron a recibirse comentarios de todo tipo; no sólo de ludópatas en rehabilitación, sino de gente que culpabilizaba a quienes eran débiles ante el juego: “Sinceramente ya me parece cansino el puritanismo con las quejas hacia el mundo de las apuestas. Si eres gilipollas y te conviertes en ludópata, tú eres el único responsable. Toda esta gente que se queja de la publicidad sobre las apuestas… ¿Qué coño importa? Que prohíban la publicidad de alcohol también como hicieron con la del tabaco, ¿no? O la publicidad de la lotería. En fin, todo esto es una pérdida de tiempo. Es un negocio y mueve dinero, así que el único modo de acabar con ello es no apoyándolo, pero siempre va a haber imbéciles que caigan en el truco” escribía un usuario de Internet en los comentarios abiertos del documental que MundoViperino publicó en numerosas plataformas.

Otro tema incómodo que levanta opiniones políticamente incorrectas, es el referente al estigma de algunas enfermedades mentales, o el suicidio. El Teléfono de la Esperanza se ha llegado a calificar de ser “puro negocio”, como encontramos en testimonios brindados a este otro artículo. Estrella nos expone también su experiencia, en la cual quien le atendió lo hizo con unas palabras poco acertadas para un momento en el que una persona está planteándose desaparecer por encima de todo: “He tenido algunos episodios suicidas, y en uno de ellos estaba verdaderamente mal” comienza la joven. “He llamado dos veces a ese número y les comuniqué cómo me encontraba, que tenía ganas de suicidarme y tal… Y esta última vez me dijeron que qué era lo que me pasaba. Después me empezaron a soltar que esto de suicidarse era una tontería, que me dejara de tonterías y que dejara esas estupideces. A partir de ahí me encontré peor y les colgué, no quise hablar más nada con nadie. No llegué a entablar mucha conversación con ellos por eso mismo; me sentí peor que antes”. Más tarde, haciendo alusión a las críticas vertidas por otros afectados, López agrega: “Llegué a pensar que todo lo que se decía sobre el Teléfono de la Esperanza es cierto. Por la poca experiencia que había tenido al hablar con ellos, ya me lo puedo llegar a creer todo. Que te digan esas cosas de que es una tontería suicidarte, es como darte la razón para que continúes con tu idea de llevarlo a cabo. Ideas estúpidas o no, esa gente te incita a seguir adelante con ellas”.

Sandra Gutiérrez era maltratada psicológicamente por su madre: “el colegio era mi refugio, en casa me sentía miserable. Mi madre llegó a hacerme sentir totalmente miserable”, confesó. Su padre, alcohólico, fue abandonado por su mujer cuando ésta se mudó a casa de su tía con su hija. Pero Estrella no tuvo ese respiro: “Mi padre me pegaba y me hacía sentir una persona bastante ruin, hasta el punto de, acordarme, ser viernes y, con apenas 7 añitos pensar ‘pff, no, a mi casa no’ y recordar ser las 17:00h y salir afónica del colegio, cuando a las 15:00h, en el colegio estaba bien”. Al igual que Sandra, el colegio dejó de ser un refugio para convertirse en un lugar donde llovía más acoso: “Cuando en el colegio se metían conmigo” relata Estrella “ya me quería morir, se me vino el mundo encima; ya ni en clase podía estar. Era la empollona, la asquerosa, el palillo, salía del colegio con moratones, los cuales ya no se sabían si eran de casa o del colegio y, me refugié en el Conservatorio, hasta que ni ahí. Los profesores se metían conmigo, sufrí abusos por su parte…”.

López se ve reflejada en parte con Sandra: “Cada quien tiene su historia” relata, con prudencia; “me identifico en bastantes cosas, pero no con todas. Como te comentaba en el email, he sido maltratada física y psicológicamente desde bien pequeñita en mi caso. Yo siempre pensaba que ya no podían empeorar las cosas, que estaba harta. Los episodios suicidas empezaron desde ahí. Pensaba, como Sandra, que el tema no podía ir a peor. Yo nunca daba por hecho tener una violación. Pero cuando me ocurrió ya vi que nunca llegas a imaginar lo que te puede pasar”. A diferencia de Gutiérrez, Estrella hubiera preferido únicamente heridas físicas: “Esas se curan. Pero en una violación no sólo te quedan las heridas físicas, sino que te queda mucho emocional por detrás. Se me vino el mundo más aún encima. Ya estaba remontando mi vida, pensaba que estaba mejor, y la violación me hizo derrumbarme más”. A su vez, opina: “Estoy muy de acuerdo con lo que dice ella [Sandra] y el artículo, pero a lo que me vengo a referir es que, en mi caso, no hubiera preferido una violación a todo lo que me sucedió anteriormente”.


Ensañamiento con la víctima: intimidación y denuncia en saco roto

Cuando Estrella consiguió sacar las suficientes fuerzas para denunciar, la situación la destrozó: “¿Quién me entiende?” escribe en su página “¿Quién entiende este infierno? Pues, consigo la fuerza de decir no, y no sirve de nada, saco un poco más de fuerza y denuncio, pero solo para ver que me llueven piedras encima, y que mi invierno ya ha llegado siendo pleno agosto”. Conforme seguimos leyendo el post en el que narra la situación, encontramos que la mayoría de su entorno le recrimina haber denunciado pero, pese a ello, Estrella continúa firme: “Mi familia se enfada conmigo porque denuncio, porque este chico era amigo del ejército de mi primo y, yo me hundo más, y me quiero morir, pero no, en estos momentos cogí el valor que no tuve nunca y me quise yo más que nunca me había querido antes y seguí adelante”. Durante la entrevista, la joven nos cuenta: “Poco después, me llega la noticia de que, después de haber sacado el valor que no había tenido nunca para denunciar, la denuncia no va a llegar a ningún lado”.

Estrella nos cuenta, dolida, que "la denuncia no va a llegar a ningún lado"
Estrella nos cuenta, dolida, que “la denuncia no va a llegar a ningún lado”

Afortunadamente pudo contar con un trato de estricta profesionalidad cuando acudió a la Guardia Civil a interponer la denuncia. Así como su agresor se escudó en que “llevaba un vestido” y “facilitaría las cosas”, según nos narra Estrella en su web: “Me violaron, y no, no quería. Me dicen que lo provoqué, que nos liamos, y que yo lo buscaba. Que llevaba un vestido y que nos facilitaría las cosas, le oí decir a él. Dije que no, pero no podía evitar estar nerviosa, le dije que no y él siguió. Movía la cabeza, diciéndole que no, pero me dicen que eso no es suficiente. Estaba temblando y lloraba, no sabía qué hacer y me paralicé. Mi cuerpo no reaccionaba, no era yo. Fue en medio de matorrales, ni tan siquiera en una habitación. Mi cabeza en ese momento no reaccionaba y tenía miedo. Llegué allí pensando que me dejaría donde habíamos pactado y no en medio de la nada, para hacer lo que él quería”, la policía manifestó a la joven que eso no era motivo para agredir sexualmente a nadie. Por otro lado, su entorno decidió proteger antes al agresor que a la víctima: “En referencia a lo social, creo que [la falta de apoyo se debe] más que por compensación económica, por intereses. Es un conocido de familiares míos, entonces… Al ser conocido y tal, es como que lo defendían a él más que a mí”.

Aun habiendo una víctima en esta historia, un blanco fácil para esta serie de injustificados abusos, Estrella no quiere catalogarse como tal: “No me gusta tampoco la palabra ‘víctima’ hacia esto. He sido una víctima pero no me siento como tal. Hummm… Es difícil explicar esa sensación de cómo me siento. He sido víctima, pero no me gusta pensar que lo he sido”. Expone. Después, hace alusión a su entorno de nuevo: “En vez de defenderme a mí [de la violación], han ido a la parte de interés social que les ha podido llegar a ellos más directamente. Lo que quería desde el principio era salir adelante. Cuando me pasó, no me lo creía, no me atrevía a denunciar porque no me lo creía (…) Es como el tema del acoso físico y psicológico; desde pequeña no lo sabía, hasta años después que fui consciente de que me habían maltratado y pude poner punto y final”.

No es la primera vez que en It-Magazine hablamos de víctimas descuidadas. Justicia Poética, el pilar de esta revista, fue fundada con el objetivo de ejercer la defensa judicial y extrajudicial de las víctimas de abusos sexuales. “Luchamos contra la corrupción del sistema y contra las injusticias”, reza su teaming, así como su correspondiente división orientada la infancia: “defensa de los menores en procesos de desamparo y tutela por parte del Estado”. Causas como las de las víctimas de Kote Cabezudo demostrarían los privilegios de los abusadores, salpicando a altas esferas más allá incluso de la política.

Puede verse en la vida real, cuando Estrella manifiesta sus dudas ante retirar la denuncia o continuarla, dado a la posición acomodada de su agresor: “Me dicen que voy a acabar en la cárcel porque estoy mintiendo, que le voy a joder la vida, que es joven. Que él me va a denunciar y que su padre tiene mucho dinero. Que no voy a poder seguir estudiando y que, me proteja, pues, si sigo con esto, me van a caer piedras por todos lados. Pues, esto no ha hecho nada más que empezar, pero, ¿sigo y me protejo a mí y a las siguientes si es que las hay o paro y me cubro las espaldas, porque ‘no me pasará nada’, ni a mí, ni a mis allegados?”

¿Llega a superarse una experiencia de tal calibre? ¿O nuestro ser se limita a encajarla como resultado de un creciente esfuerzo por poder avanzar? “No creo que…” empieza respondiendo la joven, haciendo alusión a que se refiere únicamente a su caso y no pretende compararse con el de otras personas afectadas: “Bueno, es que… De lo mío hace relativamente poco. Al principio se intentan hacer otras cosas, para no focalizarse en el tema, pero siempre hay pensamientos o cosas que te llevan a ese recuerdo y, por más que intentas olvidarte, acaba apareciendo algo o te dicen algo que hace que vuelva a tu mente. Intentas vivir con ello, pero es difícil que pueda pasarse del todo ese episodio. No obstante” remarca la joven “también te digo que hace poco de… esto que me ha pasado, entonces yo misma intento que encaje en mi vida y me afecte lo menos posible”.


Ultrajada y ninguneada: su familia quiso normalizar la violación

El entorno de Estrella buscaba un modo de evitar que ella denunciara, bien presionándola o bien dándole a entender que, mantener sexo con una mujer que no da su consentimiento es algo “normal”: “La mujer de mi prima” desarrolla Estrella “que fue a la primera que fui capaz de comentarle parte de lo que me había pasado, (…) gracias a su ayuda, se lo comenté [a mi primo], y su mujer me soltó que estuviera tranquila, que esto eran cosas que pasaban, que no pasaba nada, que no me sintiera mal, que era normal. Mi primo después también me dijo eso mismo, que a veces su mujer no quería, que a veces le convencía y cosas así, tipo como para que me despreocupara y que estuviera más tranquila, que al final se hacían esas cosas. Les intenté explicar que no sé, tampoco me sentía cómoda con la situación y tal y era como que ‘no pasaba nada’, no sé”.

Pese a haber sufrido un ataque sexual en toda regla y el ensañamiento de gran parte de su entorno, Estrella quiso fingir que no había pasado nada cuando fue atendida por una psicóloga. “Empecé a cerrarme con ella” responde con firmeza “y no sé… Sí que es verdad que recibí ayuda los primeros meses, después encontré trabajo y me refugié en él, e intenté hacer como que no había ocurrido nada. La ayuda psicológica me ayudó y no me ayudó, porque no llegué a cerrar el capítulo con esto. Sí que tengo que reconocer que el paso que di de denunciar fue gracias a mi psicóloga, con quien ya había tenido bastante contacto, porque era quien me había llevado el tema de los trastornos de alimentación que me asaltan desde años atrás. De hecho, esto [la violación] me ocurrió en un viaje y, al volver, se lo pude presentar ya que, por suerte o por desgracia yo ya tenía algo de confianza en ella. Ella me dio la opción de plantearme denunciar. Así que, puedo dar gracias” remarca con cariño “porque la denuncia la puse gracias a su consejo”.

La joven hace un breve apunte: “He de decir que no me sentí, ‘recogida’, ‘apoyada’…, no sé cómo denominarlo. Y, bueno, era como que sentía que era hablar demasiado del tema para sentirme igual. Ya me costaba intentar evitar el tema, como para estar hablando, hablando y hablando y sentirme así”.

A pesar del largo camino recorrido, podemos ver a través de los escritos de Estrella que fue tan presionada por su entorno que acabó creyendo que era culpable de lo ocurrido, temiendo no sólo denunciar, sino exteriorizar lo sucedido: “Me quedé bloqueada por un momento, no supe cómo reaccionar, moví la cabeza diciendo que no, me sentí mal y lloré” narra, refiriéndose a su violación, “me preguntó si me dolía y le dije que sí y aún así siguió, y aún así me dicen que quite la denuncia, porque me van a meter en la cárcel porque estoy mintiendo, porque [él] tiene miedo y le voy a joder la vida. Ahora no me saco el trauma de la cabeza y aún así soy culpable. Aún con todo esto, no quieren que me sienta mal. Una agresión, un abuso sexual, una violación. Una víctima culpabilizada y un agresor sonriente. No sé dónde vamos, dónde estamos. Pensemos…” finaliza el post.

Durante la entrevista, agrega: “Me he sentido y me siento culpable porque al principio los comentarios que me hacían [en mi entorno], dando a entender que le provoqué (…) quien se supone debía estar apoyándote cuando le dijiste que el momento en el que él quiso llegar a donde quiso llegar te negaste, que quieran creer que tú desde un principio sí que querías, ya te llegas a culpabilizar por todo ello. Al final te acabas creyendo cosas que tú misma sabes que no son del todo cierto, pero te lo han metido tanto a la cabeza que te lo acabas creyendo. A mí me acompañó una persona a denunciar esto y me insistió en hacerme ver que no era mi culpa. Es muy difícil no creerse que acabas siendo culpable cuando tanta gente te está metiendo en la cabeza que sí lo eres, y lo serás más si llevas a cabo todo el tema; denunciar y tal. Así pienso con todos los temas que te pueden afectar” continúa, cavilando “globaliza en todo lo negativo que te pueda pasar. En algunas cosas puedes ser culpable, sí, pero no en todo que te van diciendo. Es decir, te meten muchas cosas en la cabeza y al final te lo acabas creyendo”.

Imagen del blog de la entrevistada
Portada principal de la página de Estrella López

Así lo demuestra otra de las frases de su post: “Sé y espero que todo esto pasará, pero no veo el día ni el lugar, tampoco la hora. No sé si he hecho bien [denunciando] y sé que tampoco lo sabré hasta que un superior no diga ‘sí’ o ‘no’, pero para entonces, quizá sea demasiado tarde” escribe. “Para entonces” sigue “quizá me dicen que se lo llevarán arrestado o quizá salga yo perdiendo, pero, no sé, no sé si he hecho bien o mal, y no busco que nadie me lo diga, sino que me aconsejen de cómo puedo sentirme por lo menos algo mejor”.

En la entrevista, nos aclara: “cuando digo ‘ese superior’, me refería a un juez. Por quitarme carga de conciencia, por si me iba a caer algo si me acusaban de haber mentido, me dijeron [en mi entorno] que si denunciaba nos iban a quitar la casa, el trabajo a mi madre…”

Estrella tampoco desea una gran cuantía económica o que su agresor sea un personaje mediático al que juzgar popularmente: “No busco que me solucionen la vida, ni tampoco que me hagan feliz, tampoco que me borren el trauma, ni que me borren la mala experiencia, ni que me quiten lo vivido, sino que me ayuden a saber la forma en la que la cago menos, en la que me puedo hacer menos daño, en la que me puedo joder menos. Tampoco busco joderle la vida a él, ni solucionar la mía, no busco compensación económica, y, a lo mejor tampoco una pena de prisión, pero sí que se haga justicia”. Después, termina diciendo “no me solucionará un perdón, ni verlo sufrir, pero sí que él vea que no, que no debe, que no puede. No sé, no sé. No pienso, no hago, no sé nada”.


Por qué la denuncia “no llega a nada” – La impotencia le hizo recurrir

En su página, la joven explica que, tras haberse alejado parcialmente de su agresor después del suceso, continuó hablando por whatsapp con él: “respondí a sus mensajes hasta que estuve [en mi casa] y me sentí ‘segura’, y [allí] me vi capaz de bloquearlo”. Si no lo hizo antes fue “por miedo a que me hiciera algo, o vete tú a saber” lo que, según palabras de Estrella, terceras personas de gran relevancia calificaron como que fue sexo consentido “y resulta que ahora esto significa que me gustaba demasiado y consentí a que hiciera lo que hizo por el hecho de que me gustaba, porque el miedo me hizo decir que, antes de que pasara todo esto, yo quería recordarle como algo bonito, pero que se me iba a hacer difícil, después de todo esto. Que mi cabeza negara que yo no quería esa situación, no significó nada, ni para él, ni ahora para nadie de los que me rodean”.

Durante la entrevista, Estrella se explaya un poco más: “Me acogieron bastante bien” comienza, refiriéndose a la Justicia “como ellos me decían, no era la primera vez que recibían estos casos. Cuando días más tarde tuve que volver a ir a urgencias con un ataque de ansiedad y pesadillas, fui a llevar[les] otro parte médico, y me dijeron que con todo lo que ya tenían del caso no necesitaban nada más… Como intentando cerrar el caso por ahí (…) La Justicia dice que mis mensajes no daban credibilidad de que esto fuera una violación. Decidieron cerrar aquí el caso” repite, “tuve que pedir un abogado de oficio porque no me podía permitir uno, para que el caso pudiera salir adelante. Cuando me enseñaron el papel me dijeron ‘puedes recurrir y tal’ y yo, indignada, les dije que ya que había empezado, continuaba con todo”.

La mayoría de su familia creen que no ha sucedido nada relevante, pues la culpa, recordemos, es transmitida a Estrella. “La mujer de mi primo, cuando se enteró que yo había denunciado, que estaba en el hospital y todo eso, me bloqueó de Whatsapp, de las redes sociales y me dejó de hablar. Mi primo me empezó a llamar… El marido de mi tía también me bloqueó, no quiso hablar conmigo… Me llamó unas cuantas veces pero sólo para presionarme, para que no hiciera nada. Acabé bloqueando a casi toda mi familia, porque me sentía súper presionada, me daban ataques de ansiedad día sí y día también. Así empezaron después con otro familiar cercano. Dicho familiar ha bloqueado a otros porque no dejaban de llamar. Una tía mía siguió hablando como si no hubiera ocurrido nada. Después me preguntó que qué había pasado con el tema; yo le respondí tajante porque no quería hablar con la familia más de eso”.

Estrella no quiere “hablar más de eso”, pero su mente no calla. Sus emociones no consiguen ser aplacadas. Y los nuevos miedos, tampoco. En su página podemos leer que acabó sintiéndose perseguida, entre otras cosas: “Me da miedo estar sola en mi casa, y también salir a la calle. Me da miedo toparme con hombres, rozarlos o abrazarlos. Ese miedo a ellos pasó a esconderse medianamente, y medianamente. Aún así, olía fragancias [masculinas] que me parecían nauseabundas, y las que me gustaban pasaron a odiarse. Lo mismo con algunas canciones y con ello, alguna de mi música. Y así con varias cosas”, sentencia. Posteriormente, añade: “Ya no es que no me guste mi cuerpo, es que me da miedo llevar pantalón corto o vestido, porque me da la sensación de que me van a violar, y es triste, porque no todas las personas son iguales, pero tengo miedo, y no lo puedo evitar. Me da la sensación de que me siguen por la calle, y tiemblo. Me giro y miro, no hay nadie, o gente paseando, hay algún hombre haciendo su vida, pero yo creo que viene detrás de mí. Intento hacer parecer que no tengo miedo, pero tiemblo e intento acelerar el paso. A veces me río por no llorar, o cierro los ojos para no pensar”.


Su lucha contra la anorexia: brotes de ira y dolor, infravalorados

Hace unos años se viralizó una cultura cibernética basada en ser “princesas” o “príncipes”. Los trastornos de alimentación se veían, no como un juego, sino como amistades que ayudaban a alcanzar la belleza y perfección; las “princesas” o “príncipes” eran las personas afectadas por un TCA. La Anorexia Nerviosa se calificaba como Ana, y la Bulimia como Mía, originando casi cuatro millones de publicaciones en las redes sociales con estas etiquetas, según un informe de la Agencia de Calidad de Internet.

Nuestra entrevistada así se refiere en su post titulado “El miedo, tenía miedo”, haciendo un guiño a esta corriente con su trastorno alimenticio: “Le llamaba amiga cuando conseguí ponerle un nombre, pero me equivocaba por completo, está claro (…) Oía decir ‘qué guapa estás’, ‘cómo has adelgazado’ y cosas por el estilo. Cosas que me gustaban un montón, para qué mentir. El día que conocí a Ana (anorexia), yo no me di cuenta, pero me hice muy rápido con ella.”

Posteriormente, nos cuenta: “Cuando empecé con la anorexia” comienza Estrella “no sabía ni dónde estaba metida. Era un poco… Me operaron de la rodilla, no podía hacer nada de ejercicio, fue una operación difícil y estuve bastante tiempo sin poder moverme apenas. Realmente comía, pero mi tía llamó a la ambulancia y dijo ‘hay una anoréxica perdida’. No es que me culpasen al principio, pero, después me culpaban de que seguía con el trastorno alimenticio porque yo quería. Me decían que todo lo que yo había pasado anteriormente [los abusos] no era excusa para que yo siguiera con eso [el trastorno de alimentación]”.

Cuando sus más allegados quisieron llevarla al psiquiatra, Estrella se negó en rotundo desde un principio: “El sistema Sanitario no es muy eficiente… Pero al margen de eso, yo al principio no era consciente del problema que tenía, que poco a poco había dejado de comer. Me mentía a mí misma y no era consciente de las mentiras que me decía. No quería ir al hospital porque no creía tener un problema. Hasta que acabé ingresada un largo tiempo. Les decía a los médicos que estaban mintiendo, y que exageraban cuando comentaron a mi familia que mi IMC era muy bajo. No fue hasta que cambió mi ciclo a psiquiatría para adultos, porque empecé en psiquiatría infantil, que me di cuenta que no era muy eficiente el sistema sanitario. Algunas características del tratamiento no eran muy adecuadas, aunque yo también tuve parte de culpa”.

Como podemos leer en la publicación citada anteriormente, Estrella nos comenta que no se daba por aludida con la situación que la envolvía: “Yo no acababa de entender por qué, pues, no veía que estuviera haciendo nada malo, no creía tener ningún problema (…) bueno, llegué y, la psiquiatra me dijo que, si esperaba dos días más, me moría, literalmente”.


 “¿Para qué quieres suicidarte si no eres capaz de nada?”

Los episodios suicidas fueron una losa más en su batalla contra los trastornos alimenticios. Incomprendida incluso por profesionales, a Estrella se le parecía haber negado un apoyo sincero. Así nos comparte la desafortunada frase que tuvo una psicóloga cuando la joven tuvo en el Centro en el que estaba ingresada, un brote a la hora de comer: “Recuerdo una de las mañanas allí, cuando mi psicóloga y mi psiquiatra estaban de vacaciones y teníamos una sustituta; tuve una mañana un poco ‘dura’, y a la hora de la comida me vi incapaz, bueno, la cuestión es que sin que se diera cuenta la enfermera, cogí un cuchillo y, bueno, la líe parda, a lo que la psicóloga me suelta que, ‘para que quería suicidarme, si yo no era capaz de nada’. Yo ese día llegué a mi casa hecha polvo y, me metí en mi cuarto (…) la cosa es que esa tarde acabé en urgencias porque me sentía fatal e intenté hacer lo que por la mañana no me habían dejado, que suena muy mal, pero lo hice” finaliza, refiriéndose al suicido.

Estrella nos comparte sus reflexiones en exclusiva
“A veces no se sale al cien por cien, pero aprendes a vivir con las cosas que te van pasando. O lo intentas, por lo menos” – Estrella López

Aquella acción le causó un nuevo ingreso de urgencia y, posteriormente, ser juzgada por su entorno, rechazada por algunos familiares que temían reunirse con ella al salir del hospital “porque tenían miedo de que les pudiera hacer algo (matarles)”, nos aclara. Después, agrega: “En ese momento me sentí súper mal y súper incomprendida, porque lo único que yo quería era acabar con mi vida, por dejar de sufrir y dejar de hacer sufrir a los demás”.

Pese a las adversidades, la perseverancia es una de las emociones que su propia web irradia; al terminar la redacción, finiquita su episodio escribiendo: “Deciros la verdad: fue realmente hace un día, un 02/09/2019, cuando tras hablar con un familiar le solté ‘no, no estoy haciendo tonterías’, y realmente, así lo sentí, sentí que esta vez era la de verdad, la que quería salir adelante (…) y deciros que, sí, se puede salir adelante, sí se puede salir. ¡¡¡Ánimo a todos!!!”.

 “No he tenido una vida muy fácil, por decirlo de alguna manera. Y la verdad es que todo ha sido un cúmulo de cosas durante estos años. Cuando piensas que la vida te está cambiando a mejor puede ser que haya algún revés. Pero nunca es un bajón definitivo: siempre se puede volver a subir” manifiesta la joven.

Al terminar de entrevistar a Estrella, pensé que era un total desacierto calificar de frágiles a las personas con cicatrices; aquellas que, pese a que el mundo las rompe, siempre se reconstruyen a sí mismas.

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