ME LLAMO JUAN Y SOY ADICTO A LA TELEVISIÓN

Tras la pequeña introducción habitual del coordinador del grupo, este abrió la tertulia al resto de los presentes. Juan, después de más de un mes asistiendo a esas charlas, se animó a participar: «Hola, me llamo Juan y soy adicto a la televisión».

—¡Hola, Juan! —respondieron al unísono todas las voces del resto de tele-adictos que allí estaban reunidos en círculo, mientras las miradas se centraban en lo que Juan tenía que decir.

—Solo quería deciros que llevo ocho días sin consumir televisión…

El aplauso que sucedió, al igual que las sonrisas de los compañeros y las felicitaciones, llenaron de regocijo a Juan.

—Gracias, gracias… —continuó Juan con un atisbo de tímida sonrisa, mientras levantaba las manos pidiendo silencio.

“No ha sido nada fácil, queridos compañeros, nada fácil. Me he sentido como si rechazara a mi propia madre… Sí, creo que es la mejor definición que puedo hacer de esta situación porque, a mis 52 años, puedo afirmar que la televisión ha sido la que me ha alegrado el día cuando estaba triste, la que me ha enseñado todo lo que sé e incluso la que ha saciado mis deseos más ocultos. Por eso para mí está siendo muy duro “matar” la televisión, pero he de hacerlo porque me he dado cuenta de que si no lo hago, es ella la que me matará a mí.”

Juan hizo una angustiosa pausa. El tenso silencio en la sala podía palparse.


Mi adicción se dispara a partir de marzo de 2020

“A partir de marzo de 2020, la televisión aumentó su influencia sobre mí de manera terrible. Tantas horas encerrado en casa hicieron que la televisión fuese mucho más que mi amiga o mi profesora. La televisión llegó a ser YO mismo y me explico: llegó un punto en el que no era capaz de distinguir entre ella y yo. Me parecía que estábamos fusionados el uno con el otro. Ahora que lo pienso se me ponen los pelos de punta…”

Alguien suspiró levemente y Juan continuó.

“En aquel momento, no era consciente de esa fusión. Vivía feliz dentro del confinamiento que todos hemos sufrido, consumiendo horas y horas y horas de anuncios, realities, concursos, películas y series de Netflix… En fin, absolutamente toda la programación televisiva que emitían en aquel momento.”

“Pero sobre todo, lo que nunca me perdía, ni siquiera para comer o incluso para ir al baño, eran las noticias. Me auto engañaba diciéndome a mi mismo que necesitaba verlas para saber qué ocurría ahí fuera, en un exterior que sentía muy lejano, como ajeno a mí. Ahí es donde la televisión acabó por destrozar mi psique, queridos compañeros. Y no fui consciente de ello hasta que los gobiernos permitieron volver a salir al exterior.”

“A pesar de ese permiso, yo no salí de casa hasta tres días después, tal era mi adicción a la televisión. Es más, si no me hubiera quedado sin comida, habría seguido enganchado a la pantalla, de eso estoy seguro. De hecho, también descuidé mi higiene personal en todo aquel periodo de confinamiento. No podía perderme ni un segundo de la programación, que ahora sé que lo que realmente hacía era programar mi mente.”

Juan hizo una pausa para mirar a los contertulios y prosiguió.


Empiezo a «despertar»…

“Recuerdo que al salir por primera vez de casa en casi tres meses, pensé que el sol iba a quemar mis ojos. Tuve que esperar unos segundos que me parecieron eternos para que mis retinas se adaptaran a la nueva situación. Una vez acostumbrado a la luz, comencé a caminar como un autómata hacia el supermercado. Por fortuna para mi “despertar”, el supermercado se encontraba a varias manzanas de distancia, así que no me quedaba más remedio que transitar las calles.»

«Poco a poco me iba dando cuenta de que la realidad que me ofrecía la televisión distaba mucho de la realidad en las calles. Todo se veía igual que antes de marzo de 2020, nadie colapsaba en plena calle, ni se veía ninguna hilera de ataúdes por ningún sitio. La única diferencia estribaba en que la gente portaba mascarillas que tapaban su cara. Eso me incomodaba muchísimo, a pesar de que sabía gracias a la televisión que era totalmente necesario llevarlas si quería seguir viviendo. Y yo no quería morir, yo quería seguir viendo la televisión, mi querida televisión. Sin embargo mi interior me avisaba de que algo no cuadraba, de que las noticias de la televisión ocultaban algo. Esa sensación me llevó a un proceso de despertar que aún sigo trabajando… De momento, no tengo nada más que decir. Gracias por escucharme.”


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