LOS TRASTORNOS DE LA PERSONALIDAD

La personalidad se define como un conjunto de rasgos que permiten identificar a las personas con formas de ser distintivas y predictivas de comportamientos relacionados con lo que perciben, con lo que sienten y con lo que hacen. La personalidad sana es adaptativa, equilibrada y coherente con lo que se espera en la circunstancia que se produce. No hay personalidad sana mejor o peor. 

Sin embargo, determinados rasgos de personalidad extremos pueden generar dificultades adaptativas a las personas en determinados contextos. La capacidad para identificar esas dificultades e intentar regularlas, así como afrontar nuevos retos vitales, aprender a superarlos y evolucionar en el proceso personal, responde a personalidades sanas. Esta forma de percibir egodistónica (es decir que no está en sintonía con lo que siente, piensa y quiere) favorece el aprendizaje y el crecimiento personal. Favorece la responsabilidad y la capacidad de afrontar mejor y más adaptativamente las circunstancias vitales.

Los trastornos de personalidad se definen como formas de la personalidad que promueven conductas afectadas e inadaptadas. Funcionan con patrones rígidos e inflexibles. Los trastornos de personalidad suelen ser egosintónicos (es decir, las personas que los tienen se sienten identificados con sus formas de sentir, percibir y proceder en la vida). Por este motivo, es muy difícil que modifiquen su forma de ser y que responsabilicen de su desajuste o afectación emocional a lo que sucede fuera o a las conductas de los demás. Tienen una gran limitación para regularse psíquica, emocional o conductualmente porque no sienten que son ellas las responsables del problema.

Trastornos: conductas afectadas

Las personas con trastornos de personalidad tienen un patrón permanente en su experiencia interna, que hace que las vivencias se filtren desde su posición personal y que lo que no encaja lo consideren equivocado, perturbador o dañino. Esto hace que su forma de pensar, de sentir, de relacionarse y su control emocional, esté determinado por una rigidez tremenda que les genera estados de sufrimiento e insatisfacción. Los perciben absolutamente ajenos a su capacidad de regulación interna. Es el mundo el que está equivocado y el que tiene que cambiar. Ellos son víctimas de las situaciones que viven con malestar. 

El patrón de percepción y de experiencia interna es inflexible y extensible a cualquier situación social o personal. Así no entienden otra forma de percibir sus experiencias que no sea la que ellas tienen. Se sienten incomprendidas, amenazadas, muy susceptibles ante quienes no les entienden o les plantean otra forma de afrontar o percibir la situación.

El patrón interno con el que experimentan la vida les causa un fuerte malestar y deteriora sus relaciones personales y sociales, impidiendo una sana adaptación a las distintas circunstancias vitales. Suelen tener dificultades y problemas en su vida cotidiana porque no pueden ajustar cambios, ni pueden comprender otra forma de ser que no sea la que ellas tienen.

Como la percepción del patrón psíquico que tienen no es identificable, es muy complicado darse cuenta de que la persona pueda tener un trastorno de la personalidad. La relación que intentan tener con los demás suele ser desde la posición de víctima. La coherencia de sus argumentaciones suele favorecer la sintonía y la comprensión de su posición. Sin embargo, a medida que conoces a la persona, puedes percibir la existencia del patrón que, con diferentes rasgos, le está dificultando la adaptación personal y generando desajustes emocionales de diferentes tipos.

Los trastornos de personalidad suelen presentarse en la adolescencia o primera juventud y se clasifican en tres grandes grupos. Así están los trastornos Clúster A, Clúster B y Clúster C.

Trastornos Clúster A

La tendencia que agrupa a estos perfiles es que sus rasgos le hacen parecer raros o excéntricos. Se dividen en tres tipos de trastornos.

Trastorno paranoide de la personalidad que se caracteriza  por un patrón  de desconfianza excesiva, de suspicacia y sospecha. Son personalidades hipersensibles y con restricciones afectivas. Suelen sentir inadaptación en los contextos sociales, laborales e interpersonales de cualquier tipo, porque siempre terminan interpretando como maliciosas las conductas de los demás. 

Trastorno esquizoide de la personalidad que se caracteriza por un patrón de falta de interés e indiferencia por los demás. Son personalidades con profundas dificultades para establecer relaciones sociales y tener sentimientos de cercanía afectiva. También son indiferentes a la aprobación o la crítica con elevada restricción de expresión en sus relaciones interpersonales.

Trastorno esquizotípico de la personalidad que se caracteriza por un patrón de ideas y comportamientos excéntricos. Son personalidades anómalas en su percepción, su pensamiento, su lenguaje y su conducta. Suelen presentar déficits sociales con elevada percepción de malestar. Tienen distorsionada la capacidad de comprender, de percibir e integrar la realidad. Sus conductas resultan muy inadaptadas y su imagen es rara y extravagante. 

Trastornos Clúster B

La tendencia que agrupa a estos perfiles es que sus rasgos son emocionales, dramáticos o erráticos.

Trastorno antisocial de la personalidad. Las personas que lo tienen  muestran un patrón de personalidad engañoso y manipulador. Presentan baja responsabilidad social y desprecio emocional por los demás. La personalidad antisocial tiende a violar los derechos de los demás, no sintiendo ningún remordimiento. Una de las características de este tipo de trastorno es la impulsividad y la falta de escrúpulos en sus acciones.

Trastorno límite de la personalidad. Presenta un patrón de inestabilidad emocional, presencia de dudas constantes y gran inseguridad. Su inestabilidad se presenta también en su identidad y en su conducta interpersonal. Son altamente reactivas en sus procesos emocionales y presentan estados de ánimo fluctuantes y cambiantes. Suelen sentir vacío crónico y angustia existencial. Se dañan a sí mismas con su sufrimiento y elevada impulsividad. Tienden a buscar el apoyo y la dependencia con alguien. Se suelen mostrar sumisas y no expresan su desacuerdo por miedo al abandono. La carga de tensión acumulada les lleva a desregulaciones emocionales extremas.

Trastorno histriónico de la personalidad. Se muestra con un patrón de comportamientos teatrales y emocionalmente dramáticos, buscando la atención de los demás. Así este tipo de personalidad busca llamar la atención constantemente. Suele ser manipuladora, reactiva y expresa intensa emotividad. Sus relaciones interpersonales son superficiales y banales. Son autorreferenciales y egocéntricas.

Trastorno narcisista de la personalidad. Muestra un patrón con un sentido desmesurado de egolatría, una intensa necesidad de admiración y carencia de empatía. Esta personalidad se basa en tener y expresar sentimientos de grandiosidad e importancia, despreciando a los demás con sus comentarios para sentirse en una posición de superioridad. Tienen necesidad exhibicionista de atención y admiración. Se crean sus propias interpretaciones para expresar fantasías de éxito.

Trastornos Clúster C

La tendencia que agrupa a estos perfiles es que sus rasgos se caracterizan por pensamientos o comportamientos permanentes de ansiedad o temor.

Trastorno de personalidad evitativo. Se caracteriza por un patrón de inhibición social, miedo a ser juzgado negativamente y sentimientos de baja autoestima. Este tipo de personalidad sufre un conflicto interno entre el deseo de afecto y valoración y su elevada inseguridad personal. Tiene elevados sentimientos de vergüenza. Es hipersensible al rechazo y a la humillación. 

Trastorno de personalidad dependiente. Presenta un patrón con una necesidad intensa de ser atendido, guiado y apoyado, favoreciendo el comportamiento sumiso. Este tipo de personalidad muestra una actitud pasiva que se potencia para que sean los demás los que asuman las responsabilidades y decisiones sobre su vida. Son personas que se subordinan a los demás y se sienten incapaces de valerse por sí mismas. Tienen sentimientos de inferioridad y se juzgan como inadecuados frente a los demás. Son hipersensibles a las críticas, altamente dependientes y con gran miedo a la separación y al abandono.

Trastorno de personalidad obsesivo-compulsivo. Se caracteriza por un patrón de preocupación intensa y constante por el orden, la eficiencia, el perfeccionismo. Se presenta con rigidez mental, emocional e interpersonal.  Es una personalidad obstinada, con excesiva valoración del rendimiento y de que las cosas sean como ellos las ven. Tienen mucha dificultad de expresar emociones agradables, tiernas y cálidas. Muestran incapacidad y resistencia a la flexibilidad, la eficiencia y la naturalidad.

La señal de una personalidad perfecta no es la rebelión, sino la paz

Oscar Wilde

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