LOS SUJETOS CON PERSONALIDAD PSICOPÁTICA

La personalidad psicopática se enmarca en el trastorno antisocial de la personalidad. No se considera una enfermedad sino un tipo disfuncional de personalidad. Es una personalidad dentro de un espectro, que fluctúa desde rasgos que pueden ser más o menos adaptativos o aparentemente adaptados a la normalidad, hasta rasgos absolutamente perversos. Los sujetos con personalidad psicopática son camaleónicos y altamente manipuladores con lo que consiguen integrarse en su entorno y tener ascendencia sobre los que les rodean. Cuando se habla de psicópata extremo, es para referirse a aquella personalidad psicopática que por sus características, es capaz de llevar a cabo actos absolutamente violentos, crueles, despiadados o depravados. 

Habitualmente lo que diferencia a la psicopatía de la sociopatía, formando ambas partes del mismo trastorno antisocial, es su control de impulsos. Los psicópatas son impasibles, reflexivos y calmados. Sin embargo los sociópatas son reactivos, impulsivos y compulsivos. 

Personalidad psicopática: sus rasgos

Parece ser que existen ciertos rasgos genéticos que afectan a la zona del cerebro que está relacionada con el desarrollo moral. Hacen a las personas más propensas a desarrollar patrones violentos y antisociales cuando han sido objeto de maltrato en la infancia.

Además, los perfiles psicopáticos están relacionados con un bajo nivel de determinados neurotransmisores como la serotonina y una baja reactividad de su sistema nervioso autónomo. Ambas características les impiden aprender de la experiencia y actuar guiados por la búsqueda de estímulos intensos y sentirse atraídos por el riesgo. Por otra parte, la personalidad psicopática tiene anomalías en los circuitos cerebrales que están relacionados con las emociones y los sentimientos. 

Los perfiles psicópatas tienen dificultades para percibir situaciones amenazantes, también para sentir empatía emocional, culpa o vergüenza. Sin embargo pueden sentir alegría, placer y bienestar. Muchas veces pueden malinterpretar o procesar las emociones de forma equivocada. Por eso, si se sienten amenazados ante determinadas cuestiones que les dañen su imagen o su posición de poder, son muy susceptibles y rencorosos, transformando la emoción de miedo en ira o venganza. 

La personalidad psicopática tiene ausencia de conciencia moral. Su capacidad intelectual está absolutamente conservada. En muchos casos las personas que poseen este tipo de personalidad son muy sofisticadas y muy inteligentes para conseguir lo que desean. Cuando quieren algo, son frías y calculadoras.

Los mecanismos de defensa con los que actúan los sujetos con personalidad psicopática son: el control omnipotente, la identificación proyectiva, la disociación y la actuación.

El control omnipotente está basado en la manipulación deliberada y consciente para usar a las personas, y la idea esencial de que son superiores y que pueden pasar por encima de los demás.

La identificación proyectiva identifican y proyectan en los demás sus propios defectos o miserias.

La disociación: no se identifican con lo que sienten y hacen, simplemente actúan para conseguir sus fines. 

La actuación: saben interpretar el papel que corresponde para conseguir lo que quieren.

Un perfil egocéntrico y con baja autoestima

El perfil psicópata es altamente egocéntrico y se nutre de su persuasión y control sobre los demás. Las personas son objetos que utilizan para conseguir sus fines. El desprestigio frente a los demás por parte de alguien, es un motivo de elevada susceptibilidad, porque se ven vulnerables y sienten amenazada su imagen preeminente. Los únicos momentos en los que pueden llegar a percibir y sentir auténtico miedo las personas con psicopatía, son cuando se ven acorraladas y sin escapatoria.

Tienen baja autoestima, por eso suelen buscar a personas que puedan ser manipulables y fáciles de someter para sentir ascendencia sobre ellas. El poder sobre los demás les genera seguridad y les potencia su sensación de dominio. Si se frustran, sus objetivos pueden ser realmente despiadados con quienes consideran que son responsables de ello. 

Pocas veces demuestran su ira de forma directa. Estas personas son frías, calculadoras y grandes actores que prefieren vengarse desprestigiando o utilizando a otras para ello. La crueldad es su seña de identidad.  

La mayoría de las personas con psicopatía no son criminales, son personas integradas que conviven entre nosotros. Sus características pueden ser variadas y complejas. Se presentan con formas de actuar de mayor a menor desviación de lo normal, pero con una tendencia evidente hacia los rasgos que definen el perfil. 

Además muchos de nosotros en ocasiones, podemos llegar a tener una cierta desviación psicopática, sin llegar a tener personalidad psicópata; podemos ser fríos, calculadores, insensibles, vengativos, manipuladores, etc. Cuidado con no ver en los demás lo que hacemos nosotros, esa proyección e identificación también es psicopática.

Lo que es cierto, es que muchas personas con claros perfiles psicopáticos están bien posicionadas en sectores de poder social. Dentro de estos círculos sociales, existen personas con perfiles altamente desajustados con otras características añadidas además de la psicopatía como son el narcisismo y el maquiavelismo. Esto les hace alcanzar posiciones muy destacadas en la jerarquía social por su ambición y capacidad de manipulación: es lo que se denomina la triada oscura.

Personas normales… pero despiadadas

La vida de cualquier psicópata es aparentemente normal pero realmente se muestran distantes y ajenos a los sentimientos del prójimo y son despiadados en la medida en que los demás interfieran en sus propósitos.

Uno de los motivos por los que las personas con psicopatía consiguen alcanzar su posición de poder y ascensión sobre los demás, es porque la mayoría de los sensores de las personas que se relacionan con ellas, se activan ante el miedo que les produce su forma de ser, prefieren creer en su actitud persuasiva y engañosa, antes que arriesgarse a vivir el posible peligro que perciben con su actitud. La única forma de protegerse de cualquier perfil psicópata es escuchar el peligro que emanan, impedir su manipulación, desatender a su ego y separarse lo antes posible de ese vínculo. 

La psicopatía se desarrolla desde un apego desorganizado, por eso potencian su control sobre los demás. Son insensibles ante el dolor, se centran en alcanzar objetivos y tener poder. Fingen afecto pero no lo sienten. Si hay algo que les confunde es el desapego emocional. Utilizar la desconexión como forma de demostrarles que no se les teme, les puede hacer tambalear y cambiar. Huyen de la frialdad de los demás.

Cuando somos capaces de reducir sentimientos y comportamientos dañinos, de potenciar comportamientos y sentimientos bondadosos hacia nosotros, conseguimos fomentar la auténtica seguridad. Conectamos con fuentes emocionales de igual frecuencia y nos separamos de frecuencias negativas. Cuando nos vinculamos al Bien y nos separarnos del Mal, encontramos la plenitud. 

En términos de crecimiento y evolución personal: cuanto más se aleje nuestro sentir y nuestro proceder de las características del perfil psicopático y potenciemos actitudes de fortaleza, liberación y conciencia emocional y moral, más difícil será que medren y prosperen los perfiles psicópatas. 


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