LOS NIÑOS NUESTROS PEQUEÑOS MAESTROS

niños

El aprendizaje es evolución. Es decir, la evolución es un puzzle en expansión. La vida nos pone pruebas y son los niños las piezas del puzzle evolutivo. En la familia, los niños son nuestros hijos y se constituyen en estímulos de cambio. Por lo tanto, son nuestras señales para nuestro crecimiento y el cambio del futuro universal. Nosotros somos su protección.

El niño es el constructor del hombre y no existe ningún hombre que no se haya formado a partir del niño que fue una vez .

María Montessori

Ellos son quienes van a dotarnos de competencias para mejorar, para ir constituyendo perfección en  nuestra forma de ser, en la forma de actuar. Nos rompen nuestros esquemas, nuestros hábitos y son capaces de flexibilizar nuestra forma de percibir, de pensar y de vivir.

Solo tenemos que escuchar y en ese vínculo nuevo, descubrir la libertad al conectar con sus almas. Detectar que su ritmo, sus demandas, sus conductas no aparecen al azar, sirven para que nuestra actitud se vaya adaptando a valores de verdad. A principios naturales que nos van a mejorar, que nos consiguen librar de formas inadaptadas aprendidas en la infancia.

No es el niño el que se debe adaptar a nuestra imposición, porque entonces, es fácil que aparezca el abuso, y se convierta en la forma en que imponemos poder y nos olvidamos de que somos esas piezas de un puzzle por resolver y que cuando las encajamos, conseguimos trascender.

Cuando un niño llora nos pide atención, cuidado, protección. Nos dice, “te necesito, dame amor.” Activan nuestra ternura y nuestra compasión. Y al mismo tiempo les aportamos afecto y bienestar, nutrientes para comenzar a caminar. Cuando un niño grita, nos dice, “¡basta ya!” Y es nuestra reflexión y nuestro conectar lo que nos puede permitir estar en paz y darle serenidad. Aprendemos a cambiar nuestro desajuste personal gracias a su demanda natural en busca de estabilidad.

Cuando un hijo se mueve sin parar, nos dice que se siente incapaz de estar conectado con la realidad y la seguridad. Y, por eso, quiere una guía de certezas que le permita centrar su atención y disfrutar. Nosotros aprenderemos a escuchar, acompañarle en su transitar con señales que le nutran de estabilidad, mientras desarrollamos atención, paciencia y creatividad.

Cuando los niños se enfadan, hacen rabietas nos transmiten su pesar, su malestar desenfrenado, su incapacidad de sentirse escuchados y arropados. Y ahí , en esa escucha atenta, buscaremos la forma de orientar, de decirle aquí estoy con humildad e impedirle creer que su tensión es la que le va a ayudar a conseguir el bienestar para avanzar. Es nuestra calma, nuestra capacidad de dar tranquilidad la que le va a cubrir de felicidad.

Y luego, la adolescencia, la nueva oportunidad, de escucharles transitar hacia la vida de adultos y podernos mejorar. Es un momento convulso, con más retos e intensa dificultad, porque cuando eran pequeños no supimos escuchar lo que nos requerían para poder completar el proceso evolutivo del vínculo natural. Aprovechemos la infancia, y el segundo nacimiento, que es la adolescencia para conseguir sanar y aprender a conquistar el territorio vital.

Así que claro que los hijos, son los niños de nuestra sociedad, son nuestros grandes maestros. Los que nos pueden invitar a liberarnos del miedo, del control y de la idea de que imponer es una opción para educar y para evolucionar .

Además, nos enseñan alegría, satisfacción natural, coherencia, honestidad, paciencia,  compromiso y capacidad para orientar. Si los escuchamos, les atendemos y les cuidamos, conseguiremos alcanzar nuestra madurez personal.

La vida es la infancia de nuestra inmortalidad

Johann Wolfgang von Goethe

Pero si seguimos cayendo en las tesis de que nosotros tenemos la verdad sobre la evolución natural y la necesidad de avanzar, fracasaremos y pensaremos que son ellos los que tienen que cambiar.

Los adultos, somos pequeños desastres llenos de rigidez, frustración e impaciencia. Los niños nos dicen como actuar. Si lo escuchamos avanzaremos con la verdad, la que nos va a ayudar a mejorar y a superar nuestra limitación aprendida.

No os penséis que sabéis más, solo tenéis más contenido adquirido. Realmente en la conducta adulta se están utilizando consignas que dañaron la esencia natural conformando una identidad llena de incoherentes formas de actuar, que finalmente  dañan y bloquean el aprendizaje evolutivo que nuestros hijos nuestros niños, nos pueden mostrar.

Y si ellos se acostumbran a nuestra forma inconsistente, neurótica y ambivalente ya no sabrán como actuar. Y ya estarán afectados por el mensaje que desde nuestra insensatez, nuestra imposición y nuestra gran puerilidad y tozuced les transmitimos alterando su evolución. Así no cubrimos sus necesidades y nos llenamos de arrogancia, impaciencia y prepotencia. Seguiremos creyendo que la educación es imponer y controlar y no escuchar para crear un vínculo inteligente donde prime la bondad, el equilibrio, la escucha para poder conectar y lograr sentir aprendizaje esencial.

Cambiemos pues ya la idea, de que como somos adultos, somos superiores, más sagaces y mejores porque en la evolución, son los hijos los que marcan ese proceso de cambio para decirnos que ellos tienen la mejor lección, la que puede transformarnos para conseguir crecer y son los niños del mundo los que pueden cambiar el futuro de la humanidad. Son las guías, las personas del mañana.

Y los adultos de hoy, fuimos los niños de ayer. Por eso necesitamos superar lo que sabemos que quedó sin resolver, sin cuidar, sin proteger. Vamos, es fácil saber lo que tenemos que hacer.

Cualquier adulto sagaz, libre de miedos y cargas sabrá atender y cuidar a los niños porque en ese proceder salimos beneficiados. “Tu estás bien y yo también” . No sé os olvide que el que gana es el que disfruta y comparte, el que dice hacia adelante sintiendo que en esta vida, el puzzle evolutivo lo conformamos cuando encontramos esa pieza que nos completa.

Y así aparecen los niños, pequeñas piezas de cambio que todos necesitamos. Los niños, nuestros maestros, conformando la familia, la sociedad y la vida. ¿Cuándo vamos a escucharlos?

¿Sabe alguien de dónde viene la sonrisa que revuela por los labios del niños dormido?

R. Tagore

Finalmente, tened en cuenta, que si queremos cambiar por fin nuestra sociedad, esta es la forma de comenzar.  Y, entonces, conseguiremos la auténtica libertad y por lo tanto no habrá poder superior que nos pueda esclavizar.


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