LOS MENORES CRECIENDO EN LA OSCURIDAD

La mayoría de las personas no aprecian la magia de la adolescencia. Cuando hablemos de David Elkind debemos hacerlo como el psicólogo capaz de explicar el sentimiento mágico que poseen los adolescentes. Eso que les hace sentirse únicos e invulnerables. Es necesario explicarlo al comienzo de estas líneas porque es ese sentimiento el que les lleva en muchas ocasiones a ingresar en un centro de menores. Esto puede hacer que su estancia allí pueda ser algo realmente tenebroso. No obstante, la adolescencia es una etapa mágica ya que ese sentimiento es la arcilla que construirá un palacio en las manos adecuadas. La adolescencia es la base de la vida donde puedes sentir la energía por cada poro de su piel.

La tendencia a discutir en esta etapa donde los individuos se caracterizan por la búsqueda de la razón, es la explicación a la frustración sufrida por los razonamientos planos que en nada ayudan a su desarrollo. Con  frecuencia el razonamiento en la adolescencia es una conquista por defender derechos que estos jóvenes aún formándose, consideran justos. Este hecho es algo inherente a su etapa de desarrollo. Por tanto no parecen adecuadas las dinámicas mecánicas de los centros de menores. Los profesionales no entienden por qué los chicos que en ellos viven piden explicaciones por cambios de actividades o rutinas.

Los menores en los centros de internamiento

Cuando se trabaja con adolescentes la indecisión es la rutina. Los adolescentes se caracterizan por la falta de herramientas a la hora de escoger alternativas. Se plantean problemas en decisiones tan sencillas como si deben utilizar el ordenador. Por ello, no parece coherente castigarles por mantener una conducta que es propia de su etapa evolutiva.

Suele resultar irritante su aparente hipocresía propia de esta etapa y por tanto no exclusiva de una persona. Es frecuente en las edades que conforman la adolescencia que se expresen ideales sin los sacrificios propios de cómo alcanzar los mismos. Esta elaboración tan compleja de pensamiento no puede ser exigida en este período evolutivo. No podemos juzgar a un adolescente que lucha por el cambio climático y admira un coche de alta gama. No haremos otra cosa que insultar nuestros propios valores de adulto y frustrar a un joven aún en formación.

Es importante que los profesionales que trabajan en estos centros sean conscientes de que los adolescentes tienden a pensar sobre el pensamiento propio y el de los demás como igual. Esto les ocasiona frecuentemente  dolor y frustración. Su mundo es tan pequeño y tan grande como su propia mente. Estos menores muestran una baja autopercepción de ellos mismos. No se sienten comprendidos, mantienen ideas que les causan gran sufrimiento.

El simple hecho de acudir a los centros escolares estando en un centro de régimen abierto, sabiendo que sus profesores y compañeros conocen su situación, les genera una alta frustración y es causa de abandono en sus actividades lectivas. Hecho que en muchas ocasiones es obviado por parte de los centros donde cumplen sus medidas como método de evitar conflictos. Estas son las características de las personas que cruzan las puertas de los centros de internamiento. Los medios de comunicación y los partidos políticos han utilizado la imagen de estos menores para convertirles en elementos peligrosos de la sociedad, pero han desoído sus obligaciones con estos menores que son parte de la sociedad.

Los psicólogos y su importancia en estos centros

La realidad de los centros de internamiento de menores en muchas ocasiones se torna gris. Hay que entender que la familia no puede ser castigada por un hecho que no ha cometido. No podemos olvidar que es el lugar donde el menor debe regresar.

Podríamos discutir el porcentaje de influencia de la naturaleza de nuestra persona frente a la crianza, pero es indudable que no podemos negar la realidad de los chicos que ingresan en un centro de internamiento de menores para cumplir una medida judicial. Existe una responsabilidad de su entorno y es necesario trabajar con esa familia. De la misma manera, es necesario abordar el hecho de los menores de reforma y plantear de una vez la barrera tan delgada que separa la reforma de la protección en nuestro país.

La sociedad debe conocer y comprender hasta qué punto se marcará la vida de unos chicos que ingresan en el centro con elementos aún de la infancia, sabiendo que no existen psicólogos a disposición de los educadores para ayudar a diseñar un itinerario.

Las entidades privadas a menudo contratan personal joven quizás porque son los únicos que aceptan las condiciones tan precarias que se ofrecen en estas contrataciones. O también por una mala interpretación a la hora de entender que el vínculo se desarrollará mejor entre edades semejantes. Lo cierto es que la figura del psicólogo es necesaria en este tipo de centros. 

Estos profesionales deben entender que la cognitiva conductual pura no es el camino a seguir para esta etapa. Que los psicólogos clínicos no pueden encontrar en este tipo de centros la solución a su situación precaria y hacer de los centros de internamiento un lugar apetitoso donde desarrollar estudios. Nuestros menores no pueden ser unas cobayas para conseguir nuevos artículos. Es necesario un psicólogo que hable de crisis, de la calle  y que no le importe ir de lunes a viernes en chándal y vaqueros. Que entienda que es posible sentarse delante de un chico que no le hable durante una hora, o que otro simplemente te hable mal, pero sabiendo que al día siguiente puede regalarte el mejor de tus recuerdos. Es cierto que trabajar con menores puede ser altamente desagradable.

¿Faltan medios y buenos profesionales?

Nuestros menores que ahora mismo duermen en esos centros necesitan terapia de largo recorrido y psicólogos con experiencia. La precariedad profesional no hará mas que condenar a esos menores a la reincidencia. Los objetos transicionales de la infancia y los malos tratos son problemas con los que estos chicos llegan a los centros y los educadores sociales y criminólogos no están cualificados para abordarlos. Debemos ser claros y pensar qué hacemos con unos menores que han sido víctimas no escuchadas. Seguimos negándoles una ayuda cuando nos la piden por falta de medios y profesionales. 

Por eso es importante que la gente que trabaja en estos lugares tenga una formación adecuada. Tiene que entender que ese menor ingresó en ese centro por una medida judicial, pero que ningún trabajador puede cambiar ni imponer una moralidad. Esto sería muy peligroso en un estado de derecho como el que vivimos. No obstante, no se puede afirmar que estos hechos no sucedan, provocando en los chicos consecuencias que nunca podremos cuantificar. Dicho de otro modo, una palabra mal sonante podría parecerme algo soez, pero un menor que ingresa en un centro donde yo trabaje como educadora no tiene por qué ser motivo de intervención, puesto que adecuar su educación a la que mis padres me inculcaron indicaría que sus valores son erróneos.

En una medida judicial se deben trabajar aspectos concretos y estipulados. Los menores no entran en un centro para crear adolescentes con una educación del Estado.

¿Existe privatización encubierta en las medidas judiciales de los menores?

Los menores que ingresan en un centro de reforma comienzan un proceso de institucionalización. Hecho que a lo largo de la historia de la psicología ha quedado demostrado que produce en el ser humano unas secuelas físicas y psicológicas. Por ello no podemos fomentar este asistencialismo tan extendido en estos centros que nada aporta a su reinserción, solo por el miedo a que se produzcan altercados en estos centros o la falsa idea que los menores no aprendan a seguir indicaciones. Mantener estas ideas en un centro con menores solo refleja la nula formación de estos equipos.

Este tipo de procedimientos solamente favorece una puntuación más baja en autoestima, dificultades en el aprendizaje, mayores problemas para la relación con sus compañeros y por tanto un ambiente mas hostil con mayores dificultades para todo. No se puede pretender que estos menores que se encuentran en una etapa en desarrollo sin unas herramientas y sin provenir en muchas ocasiones de un entorno adecuado, desarrollen sus medidas como si fuera un menor proveniente del mejor colegio privado, con modales, los mismos recursos y la misma familia donde todo el mundo se sienta a la mesa puntual esbozando la mejor de las sonrisas. Estas expectativas no cubiertas generan un sufrimiento añadido que acumula sanciones por motivos muy cuestionables. Generan sufrimiento en los adolescentes que hacen que su interés por el cambio sea ninguno, puesto que realmente lo ven inalcanzable.

La realidad de los centros de menores en la actualidad es oscura. Son lugares donde las condiciones laborales son precarias. Los usuarios están desprotegidos debido a que en un alto porcentaje provienen de familias desestructuradas o donde el menor no tiene credibilidad. En la actualidad estos centros están en su mayor parte en manos de asociaciones que dificultan la accesibilidad y visibilidad de los problemas. Podríamos hablar de la privatización encubierta de las medidas judiciales de los menores, dejándoles desamparados en muchos casos del estado de Derecho. 

España dentro de unos años deberá afrontar las oscuridades cometidas en estos ámbitos y nuestro futuro nos juzgará sin piedad.


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