LO BUENO DE LO MALO

LO BUENO DE LO MALO

A veces no te es fácil discernir lo bueno de lo malo. Llegado al nivel experto de confinamiento decides sentarte a ver las alegres noticias en la televisión a la hora estipulada en ese horario que te has hecho “21:00 – Ver las noticias” y lo tienes apuntado para establecer una rutina (porque, por todas partes, todo el mundo dice que para salir vivo de la cuarentena hay que hacerse una rutina). 

Hoy has cumplido ese horario a la perfección, has tenido 3 reuniones por videoconferencia, has ido a hacer la compra con todo tu outfit de astronauta, has desinfectado según protocolo 4 veces las bolsas, la comida, al perro y a un vecino que te has encontrado le has echado spray pimienta (por si acaso), luego una horita de clase de yoga, de la que has salido mas bien estresado ya que mientras hacías el pino puente tu perro ha decidido que era una buena idea lamerte toda la cara y por último has hecho una tarta con un nombre rarísimo (todos sabemos que no has cocinado jamás en tu vida) la cual, como era de esperar, está malísima.

La dualidad bueno / malo

Así que, como decíamos, has logrado aterrizar en el sofá a ver las alegres noticias, tu momento favorito del día, pero empiezas a ver una noticia detrás de otra con el siguiente panorama: la buena noticia es que se han muerto 585 personas hoy” “que sepáis que nos han mentido un poco con las cifras” “En EEUU están mucho peor que nosotros” “NOTICIÓN: Esto terminará, mas o menos por el 2037, pero terminará”

Apagas la televisión horrorizado, entonces tu hijo Pablo de 8 años, aparece en el salón para que le leas un cuento porque no se puede dormir y se sienta a tu lado. María de 13 que está en el sofá de al lado con tu mujer se quita los cascos para escucharte, incluso tu mujer deja el móvil para escucharte. Entonces piensas ¿cuándo fue la última vez que estuvisteis todos juntos? Y no hablo de estar juntos en el mismo lugar, si no de estar todos a una misma cosa. Y es que puede parecer que el maldito bicho solo ha traído cosas malas pero no, nos ha frenado en seco, lo cual es muy incómodo pero también era muy necesario y ha traído muchísimas cosas buenas.

Algo de lo bueno

La naturaleza no se lo puede creer, los niveles de contaminación han bajado muchísimo, se puede ver Madrid a lo lejos sin una cúpula negra, el aire limpio que se respira en China, los canales de Venecia transparentes, animales salvajes paseando tranquilamente por nuestras calles… El medio ambiente, nuestro planeta, es, sin duda, el mas beneficiado.

¿Y que me dices de tu vecino Andrés? Hasta hace unas semanas no sabías ni que se llamaba Andrés pero es que resulta que Andrés es enfermero y ha estado cuidando de tu padre, que estaba ingresado y traía noticias exclusivas del hospital para ti hasta que le dieron el alta. Que majete es Andrés. Ahora a las 20:00 sales a aplaudir mirando a su ventana. Y a veces, para que los padres de Andrés no corran peligro de contagiarse, eres tú el que les llevas la compra porque él no tiene hermanos y cuando vas a llevarles las compra, la madre de Andrés te da una caja llena de material sanitario que ha cosido ella durante la semana para que la lleves a los hospitales. Y así sucesivamente. Así que otro de los grandes pros de esta pandemia es, por supuesto, la gran humanidad que crece por todas partes.

Miras a Pablo, a María y a tu mujer y la verdad que nunca habíais hecho tantas cosas en familia, te das cuenta de que haciendo la tarta con nombre raro que estaba malísima has disfrutado de todos ellos como nunca, has jugado con Pablo al fútbol con papel higiénico que, por cierto, te ganó , tu mujer te ha cortado el pelo fatal, casi te arranca una oreja y aún se sigue riendo e incluso María consiguió que bailaras un poco de reggaetón.

Lo bueno de lo nuevo

El caso es que muchas de esas cosas nuevas que has hecho te han encantado. Ahora eres un experto en romperte el cuello haciendo yoga y en ser un pésimo cocinero. Seguramente si no estuvieras en esta situación jamás te hubieras planteado hacer ninguna de las dos cosas. Has descubierto nuevas aficiones.

Te has escuchado todos los discos de vinilo que tenías guardados en el trastero y has cantado a grito pelado con tu mujer todas y cada una de las canciones. ¿Crees que alguna vez hubieras vuelto a escucharlos si no se hubiera parado el mundo? Probablemente no. Has podido redescubrir cosas que te apasionaban y que habías olvidado entre tanto barullo.

Por fin, ya era hora también de que montaseis el armario y cambiaseis los muebles del salón de ubicación.  Tus hijos tienen las habitaciones perfectamente colocadas. Hasta tu mujer que siempre dice que su sueño es escribir un libro se ha puesto a ello y, por lo que has leído, lo hace bastante bien. ¿No querías tiempo porque “Es que nunca tengo tiempo” “Es que a mi día le faltan horas” “Llego tardísimo” “De este fin de semana no pasa”? Pues toma tiempo para  hacer todas esas cosas para las que nunca nos sobran unos minutos.

El coronavirus bueno

Lo bueno del coronavirus es que ha aparecido para que cambiemos nuestras prioridades, que lo importante sea lo importante, para que nos conozcamos a nosotros mismos y a los que nos rodean, para que nos de igual el que tenga el mejor coche, la mejor casa, quién hace los mejores viajes, va a las mejores fiestas, para que descubramos lo que verdaderamente nos hace felices y probemos todo eso que nunca antes habíamos probado.

Y, sobretodo, el coronavirus ha aparecido para que hagas una limpieza profunda en casa, que creo que había llegado ya el momento de limpiar debajo del sofá.

Me voy, os habéis quedado los 4 dormidos leyendo el cuento en el sillón.

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