LAS REDES SOCIALES SON SECTAS

Hace algunas décadas existía una preocupación especial por las sectas. Cada dos por tres aparecían en el umbral de la puerta de tu casa dos jóvenes imberbes y muy elegantes, con sendas sonrisas falsas y una biblia bajo el brazo, con la intención de “evangelizarte”, si les permitías comenzar con su exposición aprendida de las bondades de su credo. Lo bueno era que, como ya te sabías el “cuento”, simplemente con no abrirles la puerta era suficiente para “protegerte”.

Ahora ya apenas existe esa figura del “joven evangelizador” de aquella época, porque no es necesaria. Para eso están las redes sociales. Sí, querido lector, las redes sociales son sectas, ya que pueden utilizarse para alienar mentes, al igual que lo intentaban hacer antaño aquellos jóvenes imberbes, biblia en mano. Y el problema es que no es tan fácil “cerrar la puerta” a las redes sociales, porque están por todos los lados. Nadie puede esconderse de ellas.

Mecanismos de las sectas en las redes

Digo esto porque he observado que las redes sociales utilizan mecanismos muy similares a los usados por las sectas convencionales. El más notorio es el de la repetición. Las sectas convencionales repiten el mensaje que les interesa una y otra vez hasta que cala en la mente de la víctima y queda impreso a fuego en su subconsciente. Las redes sociales hacen exactamente lo mismo, bombardean las mentes de los usuarios con vídeos que duran unos pocos segundos y los repiten en bucle.

Sí, ya sé que el usuario puede pasar al siguiente vídeo solo con deslizar el dedo, pero da la casualidad de que el siguiente también tiene el mismo formato y un mensaje muy parecido. Y teniendo en cuenta que los algoritmos de las redes sociales están diseñados para adaptarse casi a la perfección a los gustos de cada individuo, es muy probable que este se quede extasiado en uno de ellos. Esto puede producir en su mente, por consiguiente, el efecto alienante que provoca la repetición.

Otro de los mecanismos “sectarios” más evidente es el de los mensajes ocultos que se envían en la música de fondo de esos vídeos. Este mecanismo están muy relacionado con el de la repetición. Casi cualquier vídeo corto reproducido en bucle(o reel, como se les denomina en Instagram) incluye una música (si se le puede llamar así) de fondo. Dentro de esta música nos encontramos un mensaje determinado, aparentemente inofensivo. Si unimos lo anterior con las imágenes, todo el conjunto puede producir que el cerebro quede “agilipollado” durante el tiempo que dure el bucle. Este estado es ideal para introducir los mensajes emitidos por la música en el subconsciente. Es posible que esos mensajes fuesen rechazados por el consciente del usuario si la duración del vídeo fuese mayor o la velocidad de reproducción de las imágenes fuese más lenta.


La «estupidización» del cerebro

El cerebro humano necesita un tiempo para procesar la información que recibe. Por tanto, le es casi imposible analizar conscientemente toda la información, tanto visual como sonora, de un vídeo de tan corta duración. En esta situación, el cerebro la acumula en el subconsciente directamente, sin ningún tipo de filtro, y eso es maravilloso para las sectas de las redes sociales. En este punto, es evidente que si se consumen ese tipo de vídeos en exceso, el cerebro va a crear el hábito de la “estupidización” y si ocurre esto, “¡Houston, tenemos un problema!”.

Como ves las sectas no han desaparecido, sino que se han modernizado y ahora tal vez sean más peligrosas de lo que lo fueron hace dos o tres décadas, gracias a la herramienta por excelencia para “estupidizar” el cerebro: las redes sociales. No obstante, recuerda que las redes sociales son solo herramientas y de ti depende el usarlas con cabeza para que tu cabeza no se estupidice.


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