LAS ETIQUETAS Y SU GRAN PODER

¡Progre!

¡Facha!

¡Del Madrid!

¡Del Barça!

¡Hetero!

¡Homo!

¿Qué tienen todas ellas en común? Yo te lo diré: etiquetan a las personas, como si fueran un simple frasco de mermelada, porque has de saber, querido lector, que vivimos en un mundo de etiquetas.

Desde que naces, te etiquetan con un nombre y caminas por la vida con esa etiqueta por el resto de tus días. Es posible que, debido a esa etiqueta, seas tratado de mala manera en el colegio, porque a tus compañeros no les gusta tu etiqueta o les resulta divertida y por ello se burlan de ti.

O tal vez pueda ocurrir que tu etiqueta coincida con la de otro ser humano que consiguió, en el pasado, otras etiquetas muy valoradas por la sociedad, como por ejemplo la etiqueta «éxito con el sexo opuesto (o con el propio)«, o «cantante mítico» y gracias a eso te traten con la etiqueta de «admirable«.

Las etiquetas son poderosísimas y pueden definir a un ser humano o a un grupo de ellos y crear diferencias entre éstos, las cuales son, en la mayoría de los casos, falsas.

¿Quién no ha escuchado las etiquetas «los catalanes son agarrados» o «los andaluces son flojos»? ¿quién no ha asignado la etiqueta de «toreros» a los seres humanos que residen en el territorio etiquetado como «España»?

Etiquetas y más etiquetas

Las etiquetas las puede cargar el Diablo o pueden ser una bendición de Dios (si me permites esta expresión tan religiosa). Si resides en la zona de la tierra etiquetada como «Occidente» y oyes hablar de varios seres humanos etiquetados como «turistas alemanes» que te vienen a visitar en un transporte marítimo etiquetado como «yate«, probablemente no lo percibirás igual que si te dicen que unos seres humanos etiquetados como «inmigrantes» te vienen a visitar en un transporte marítimo etiquetado como «patera«. ¡Y no te digo nada si esos seres humanos etiquetados como «inmigrantes en pateras» traen consigo la etiqueta «covid»!

Llegados a este punto, cabe hacerse algunas preguntas: ¿el etiquetado es algo natural en nuestra especie?, y si no es así, ¿a quién le interesa etiquetar a los seres humanos?, ¿no se supone que los seres humanos somos todos de la misma especie, es decir, iguales?

Hay una cosa clara en este tema: las etiquetas son palabras que crean una imagen en nuestra mente muy difícil de borrar. Éstas calan profundamente en nuestra psique y, por eso, quizá sean utilizadas por ciertos seres humanos etiquetados como «élite global» para conseguir sus fines personales, los cuales, tal vez, no sean demasiado beneficiosos para el resto de los seres humanos que habitamos este planeta etiquetado como «tierra«.

Por otro lado, quizá podamos utilizar este poder del etiquetado para nuestro propio beneficio como sociedad humana que somos. ¿A quién no le gustaría etiquetarse como «feliz«, «próspero«, «amado» o «saludable«?. Tal vez las cosas cambiarían para todos. ¿Qué ocurriría si etiquetásemos a nuestro planeta como «pacífico», «solidario«, «justo» o «ecuánime«?. Tal vez el mundo se convertiría en el lugar que siempre hemos soñado.

Por tanto, olvidemos las etiquetas que nos separan y utilicemos las que nos unen. Este planeta etiquetado como «mundo» nos lo agradecerá.


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3 Comments

  1. says: Ana María

    Muy buena reflexión. Las etiquetas son la síntesis lingüística de ideas complejas que nos conectan con sensaciones y emociones. Unas dan confianza y otras generan angustia e inseguridad. Qué bonito sería un mundo donde nos sintieramos conectados con la certeza de vivir para aportar y no para restar. Claro que el mundo cambiaría.

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