LAS CARICIAS EMOCIONALES: ACTOS DE AMOR

Las caricias emocionales que incluyen las caricias físicas y las caricias psicológicas, son actos de amor. Actos de consideración, de afecto, de atención y de interés hacia uno mismo y hacia los demás. Favorecen el bienestar en quienes las aportan y en quienes las reciben. Apaciguan el dolor físico, combaten el dolor emocional, generan seguridad, satisfacción, alegría e ilusión vital. Las caricias tanto físicas como emocionales son fundamentales y enriquecedoras para el resto de la vida.

Desde antes de nacer, aprendemos a sentir un cuidado natural dentro del útero materno que se basa en el contacto físico, en la protección y el amparo. Y en el mensaje: “tienes tu lugar en esta vida, te mereces cuidado y atención para salir adelante con bienestar, estabilidad y equilibrio“. 

Eric Berne, creador del Análisis Transaccional, habla de necesidades emocionales naturales (hambres) que se cubren con las caricias, tanto físicas como psicológicas. Son tan necesarias para el desarrollo afectivo como lo es la alimentación para el desarrollo físico. Toda persona necesita ser tocada y reconocida para conseguir estimularse ante la vida. Y así desarrollar confianza personal y seguridad frente al entorno.

Las caricias emocionales activan emociones beneficiosas

Necesitamos sentirnos seguros y aceptados. Reconocidos por ser, por estar. Ser tenidos en cuenta y recibir atención. Es la forma de integrarnos en la vida desarrollando sensaciones de seguridad y confianza para seguir viviendo y potenciando nuestra activación esencial para el desarrollo de nuestras competencias. Las caricias emocionales se basan en actos de atención positiva, donde se expresa el mensaje: “te tengo en cuenta, te considero, te ayudo, te reconozco  y te respeto“. Es una forma de decir: “eres importante y te lo hago saber“. 

Las caricias naturales son positivas. Nos producen sensaciones agradables, nos activan emociones beneficiosas y nos invitan a comportarnos de forma positiva. Pero también podemos dar y recibir caricias negativas. Éstas producen sensaciones desagradables. Las agresivas nos causan dolor y miedo. Las de lástima, nos disminuyen nuestra valía, sintiéndonos incapaces.

Cuantas más caricias positivas recibamos a lo largo de la vida, más independientes, estables y resolutivos seremos. Más aportaremos a los demás, creando vínculos relacionales sanos y facilitadores de bienestar y confianza. 

Cuantas más caricias negativas recibamos a lo largo de la vida, más dependientes, inestables e inseguros nos sentiremos. Generaremos vínculos inadecuados con nosotros mismos y con los demás. Se pueden producir relaciones donde no se sepan expresar y recibir caricias. Cuando se expresan este tipo de caricias negativas, se producen relaciones dolorosas, frustrantes e insatisfactorias.

Las primeras caricias las recibimos de nuestros padres y educadores. Y van a ser las que forjen nuestra forma de relacionarnos con nosotros mismos y con los demás. Son el alimento para sentirnos queridos y merecedores de amor. Por tanto, a partir de las caricias, se desarrollará nuestra autoestima, nuestra forma de entender el amor por nosotros, de conectar con el sentimiento de aceptación y respeto personal y la capacidad para establecer relaciones con los demás.

Tipos de caricias emocionales

Las caricias se las aportamos a los demás en las relaciones, pero también nos las aportamos nosotros internamente. De hecho, cuantas más caricias positivas nos hayan dado en la vida, mejor sabemos limitar las caricias negativas de los demás. Las caricias pueden ser físicas: cualquier contacto físico que se aporte es una caricia. Gestuales: cualquier expresión que nos transmitamos o transmitamos a los demás con el rostro o el cuerpo, con  la mirada, la cara, las manos y la boca. O pueden ser verbales: lo que nos digamos a nosotros o a las personas con las que nos relacionamos.

Las caricias pueden ser incondicionales: se dan por el simple hecho de existir o ser. O también condicionales: se dan o se reciben en función de algo, condicionadas a algo. 

Las caricias pueden ser adecuadas: el efecto que producen puede ser positivo o negativo pero el impacto siempre es positivo. O pueden ser inadecuadas: el efecto puede ser positivo o negativo, pero el impacto siempre es negativo. 

Ejemplos de caricias afectivas

Las caricias afectivas positivas incondicionales son: sonreír, tocar, abrazar, decir algo agradable, atender a quien te habla, mirar con aprobación, alegrarse de la alegría de los demás, expresar comprensión ante el dolor o el malestar, aportar aliento, interesarse por lo que sienten y les gusta a los demás, dar un detalle que le guste a quien lo recibe, respetar espacios y tiempos de los demás.

Ls caricias afectivas condicionales: expresar lo que nos gusta o disgusta, desatender a lo que nos incomoda, atender lo que nos agrada.

Las caricias verbales incondicionalesbuenos días, qué alegría me da verte, es un placer estar contigo/trabajar contigo, eres un encanto, me gustas, te quiero, ¿te ayudo?, ¿cómo te encuentras?, ¿estás mejor?, ¿qué te pasó?. Te veo triste, llámame para lo que haga falta, pásatelo bien, disfruta, cuéntame, me alegraste el día, me alegro tanto por ti.

Las caricias verbales condicionales: gracias, eres un sol, cómo me gusta, me alegra que me ayudes, qué bien te ha salido, ¿cómo lo has hecho?, ¡me encanta!, explícame lo que hiciste, qué bien te queda, ¿me ayudas?

Las caricias adecuadas: si te piden consejo, orientar. Si algo te molesta, te provocan, se burlan, te lastiman, decirlo. Si no estás de acuerdo, si lo que hacen te parece injusto o incorrecto, decirlo o desaprobarlo.

Las caricias inadecuadas: reír una gracia a alguien que hace algo mal, decir sí cuando quieres decir no, criticar, juzgar, valorar sin que te lo pidan, callar ante lo que está mal hecho.

Aprender a acariciar a los demás y a ti mismo

Tenemos que tomar conciencia de lo que transmitimos. Cuando alguien cambia ante mi actitud, tengo que pensar qué está pasando y sintiendo con lo que le digo. 

También tenemos que tomar conciencia de lo que nos transmiten. Cuando estoy con alguien y siento una sensación, emoción agradable o desagradable, tengo que tomar conciencia de qué está pasando, qué me está diciendo y qué me activa así.

Y por último tomar conciencia de lo que nos transmitimos. Cuando siento una sensación perturbadora que me desajusta, inquieta, desazona o me altera, tengo pensar qué me estoy diciendo y aportándome para sentirme así.

Somos los únicos y auténticos responsables de mantener un estado de bienestar y fortaleza interior. Los demás pueden afectarnos, pero nuestro deber es proteger nuestro estado de equilibro para poder afrontar la vida con estabilidad y energía vital. Cualquier alteración de mi equilibrio emocional, solo está justificada si me alivia o es útil. Es bueno ser consciente de lo que me perjudica o me ayuda, para potenciar esa forma de relacionarme conmigo y con los que me rodean. Da muchas caricias incondicionales positivas a los demás.

Aprende a pedir caricias cuando las necesites: “espero que te haya gustado, necesito un abrazo, ¿me acompañas?”. Acepta y valora las caricias recibidas: “gracias, me alegro, qué bien.” Aprende a darte caricias. Déjate llevar por tus sensaciones y disfruta de tu bienestar. Rechaza caricias negativas: “me molesta lo que dices, me parece improcedente, me incomoda, me altera, evita decirme o hacerme eso“.

Nunca devalúes una caricia recibida. En lugar de decir: “no es para tanto, es lo normal, si tú lo dices“, aprecia y valora el cumplido: “gracias, me alegro que te guste, lo hice con cariño, qué alegría, le dediqué tiempo“.


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