LA TECNOLOGÍA NOS HACE MÁS ESTÚPIDOS

Para poder dilucidar si la tecnología nos hace más estúpidos o no, imagina que disponemos de una máquina del tiempo y que, con solo ajustar una serie de parámetros, podemos viajar al pasado y volver de nuevo al presente.

¡Hagámoslo, pues!

Estamos en el año 1950, en un pequeño negocio familiar cualquiera. Son las 21 horas, momento de acabar la jornada y de hacer las cuentas de la recaudación del día. El dueño le pide a su hijo que le ayude a hacer los cálculos.

—Hijo, súmame 15 más 28.

El muchacho, obediente, comienza a contar con los dedos.

—43 —contesta un rato después.

Ahora estamos en el año 2020, en un pequeño negocio familiar cualquiera. Son las 21 horas, momento de acabar la jornada y de hacer las cuentas de la recaudación del día. El dueño le pide a su hijo que le ayude a hacer los cálculos.

—Hijo, súmame 15 más 28.

El muchacho le contesta un “espera” sin levantar la vista de la pantalla de su móvil mientras observa absorto cómo una adolescente se contonea al ritmo machacón de una música enfermiza reproducida en bucle.

—Déjalo, ya lo hago yo —contesta su padre un rato después, mientras saca el móvil de su bolsillo y teclea “15 más 28”.

¿Qué observas en este sencillo ejemplo? Como ves, la situación es muy similar, la única diferencia es la época en que ocurre.

Analicemos ambos escenarios.

Comencemos por los años 50

En el escenario de los años 50 podemos llegar a entender que el muchacho tenga dificultades para sumar esos dos números de memoria. Hay que tener en cuenta que en aquellos años, muchos niños no podían ir a la escuela porque desde muy jóvenes, tenían que ayudar a sus padres en las tareas del hogar, o cuidar a sus hermanos menores (la natalidad era mucho mayor que en la actualidad) o incluso ayudar a sus padres a cultivar la tierra, ya que de ello dependía, en muchos casos, el sustento familiar.

Lo que llama más la atención de este ejemplo es la actitud positiva del joven ante la petición de su padre. A pesar de sus limitaciones, el muchacho se esfuerza por ayudar y por resolver esa suma que, aunque nos parezca sencilla a nosotros, es posible que no lo fuese tanto para él.

La gente de aquellos años no era más tonta que la de ahora, simplemente no podía ejercitar su cerebro para adquirir conocimiento por lo ya expuesto y porque además tampoco disponía de la tecnología adecuada para ello.

La tecnología en la actualidad

En el escenario actual podemos ver con claridad la desidia del joven, la falta de actitud ante ese sencillo reto, aunque podría llegar a ser complicado para una mente descentrada y poco ejercitada como la del muchacho y de hecho, parece que lo es.

Podríamos pensar que tiene en su mano la herramienta definitiva para hacer ese cálculo y otros infinitamente más complicados. Sin embargo, no la utiliza. ¿Por qué? Simple, porque su mente está centrada en una actividad que produce placer inmediato y, a medida que va invirtiendo tiempo en ella, se automatiza. Es decir, ha creado un hábito y a nuestro cerebro le encantan los hábitos porque apenas requieren recursos mentales y eso es lo que está buscando continuamente: ahorrar energía.

Si nos centramos en el padre ocurre algo parecido. Su cerebro se ha hecho “vago” y prefiere acudir a una herramienta externa, en vez de esforzarse mínimamente para hacer ese cálculo de memoria.

En otro orden de cosas, podemos observar que los roles “padre-hijo” están desdibujados, difuminados. Por un lado, se ve una falta de autoridad del padre ante su hijo y por otro se intuye una ligera falta de respeto del hijo hacia su padre. Da la sensación de que son dos seres sin vinculación alguna, como si no fueran de la misma familia, como si estuviesen cada uno en su burbuja particular, como si fueran dos extraños. ¿Es posible que estas actitudes tengan que ver con la influencia tecnológica?

Cómo usar los avances tecnológicos

Estos ejemplos intentan explicar cómo, en mi opinión, estamos usando la tecnología de manera incorrecta, nos estamos dejando llevar por ella, por sus bondades que, irónicamente, se convierten en maldades para nuestra psique y, por ende, para nuestra vida como seres humanos inteligentes que somos.

Si no controlamos su uso, la tecnología puede provocar aislamiento, exceso de individualismo, flojera mental y, tal vez lo más importante, ruptura de los vínculos naturales entre los seres humanos, tan necesarios para nuestro crecimiento personal, espiritual y afectivo.

A pesar de todo la tecnología es una gran herramienta, siempre y cuando se emplee correctamente y en su justa medida. Debemos tener siempre presente que la tecnología sirve para ayudarnos en las tareas más complicadas y no es un sustituto de nuestro cerebro. Nuestra mente es mágica y maravillosa y tenemos que cuidarla y potenciarla.

Tal vez deberíamos limitar el uso indiscriminado de la tecnología y asignar un poco de tiempo cada día a limpiar nuestra mente, a disfrutar del silencio y a sentir cómo la vida recorre nuestro cuerpo y nuestro ser.

Y una vez limpios, disfrutar de las bondades que nos ofrece la tecnología, pero no antes.


More from Óscar Gavilán

EJERCICIO DE IMAGINACIÓN

Vamos a hacer juntos un ejercicio de imaginación. Imagina que la mascarilla...
Read More

2 Comments

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.