LA RESISTENCIA: DEFENSA ANTE UN PELIGRO

La resistencia es la forma en que el organismo se activa defensiva y permanentemente para evitar que algo que percibe como potencialmente dañino, le invada. La resistencia puede ser reactiva o inteligente. Dicen que estamos viviendo una crisis sanitaria pero lo que es indudable es que estamos viviendo un cambio social intenso porque yo detecto miedo, delatores, infiltrados, reactivos, incrédulos, apocados o sumisos y todos abanderados de la verdad, su verdad. Y también detecto obediencia ciega, pequeñas efervescencias y mucho daño social. 

El gran conflicto humano

Pero sin duda lo que se está produciendo, es un gran conflicto humano donde hay bandos bien trazados. Están los que respaldan las ideas que establece el sistema, los que lo hacen callados y los que están alterados. Luego está la disidencia, más desmembrada, boicoteada: unos calmados y otros excitados, unos que indagan y piensan, otros que solo protestan.

Es cierto que en este momento escribir desde el pensamiento crítico o libre, supone un rechazo de todos los que a pie juntillas están más posicionados con la verdad oficial. Y yo sospecho, sin ánimo de juzgar, que aquí preside un poder que les marca a los políticos la forma de proceder. Unos por activa y otros por pasiva, mantienen a todo el pueblo totalmente adormecido, sometido y obediente. Y los ricos son más ricos y los pobres son más pobres. Los ricos con prebendas y los pobres indefensos. Y los que tienen poder gozan de la libertad y los que no lo tenemos solo nos queda aguantar.

Mientras estábamos confinados, se morían los mayores y ahora con mascarillas y distancia de la gente, nos controlan, nos confunden, nos ahogan, nos estresan. A su vez, en los colegios se dictan normas confusas que generan mucho miedo, malestar o irritación. Sobre todo se ve afectado el desarrollo de la vida infantil, aunque por adaptación y evitar sentir tensión, se asuma como normal porque desobedecer es sinónimo de irresponsabilidad, y no es fácil arriesgar. Además la amenaza está en el aire y si alguna madre o padre pretende contravenir las decisiones de Estado, parece que está en peligro la tutela de sus hijos. 

Resistencia ante las normas con reflexión

Mientras se ejerce control y se decretan leyes que poco tienen que ver con problemas sanitarios, se van tomando medidas inconsistentes y no se para de hablar de la infección. Los medios siguen contando que estamos en estado de excepción y parece absolutismo vestido de prevención.  

Pues ante algo tan costoso de integrar o digerir, parece que es preferible pensar en la crisis sanitaria y creer que obedecer al poder nos puede salvar la vida. Otros son los resistentes, y se enfadan y se alteran, se creen que vivimos un dislate, una situación adversa, contaminada y perversa. 

En cualquiera de los casos, si sentimos resistencia ante las normas establecidas o ante cualquier conducta que sea contraria a la nuestra, es bueno reflexionar y pensar cómo enfrentarlo, para poder avanzar con libertad de verdad y tranquilidad mental. 

La resistencia emocional es cuando nos activamos ante algo porque no podemos admitir lo que está pasando, cuando no soportamos lo que estamos viviendo o cuando se rompen nuestros esquemas ante lo que sucede. 

Resistencia reactiva e inteligente

La resistencia reactiva permanente surge ante algo que no cuadra con lo que pensamos, que nos parece dañino para nuestros intereses o nuestro bienestar. Puede causarnos mucho más daño que la propia situación porque lo que estamos haciendo es sobrecargarnos, alterarnos e impedir la estabilidad emocional.

Y cuando no estamos estables emocionalmente, se bloquean todas las capacidades que tienen que ver con la función operativa, con las competencias cognitivas, ejecutivas, la creatividad, la exploración, observación o reflexión.

Esa forma de resistencia permanente refuerza nuestra atención hacia la amenaza y nos hace dependientes. Además, se va reduciendo la capacidad para afrontar las cosas, aumentando más la idea de temor ante lo que nos está dañando. Esa resistencia es negativa, poco operativa e inadaptada. La resistencia inteligente o la resistencia adaptativa respondería más a la definición de inteligencia como la capacidad de adaptación al medio. 

Paciencia y relajación como alternativa de estrategia

Cuando percibimos el medio como hostil o amenazante y sentimos que nos puede dañar pero que no es controlable por nosotros, es muchísimo mejor cambiar la estrategia y utilizar otros recursos emocionales. Hay que buscar la forma de atender sin excitarse: ser paciente y esperar el momento de actuar intentando no utilizar la respuesta defensiva.

La actitud defensiva de la resistencia reactiva nos desgasta. Refuerza más nuestra impotencia y nuestra incapacidad para afrontar, nos reduce las fuerzas y nos limita la operatividad. El formato de resistencia reactiva es igual que el berrinche emocional: es la rabieta o el grito, el improperio y la queja. Pero en ningún momento facilita la utilización de recursos y además, expone a las personas ante lo amenazante y les hace vulnerables ante quienes les pueden dañar. 

Sin embargo, la actitud adaptativa de la resistencia inteligente nos fortalece  y nos potencia el discernimiento sobre lo que esté pasando. Además, permite articular todos los recursos cognitivos y emocionales para poder afrontar las situaciones de forma estratégica y paciente, progresiva y provechosa. 

Por tanto, si ante la amenaza invasiva, se es consciente pero no defensivo y en lugar de entrar en tensión, se busca la relajación, el organismo conecta con un estado de protección que favorece la creatividad, la reflexión y la búsqueda de soluciones.

El equilibrio natural

Cuando estamos tranquilos nos sentimos seguros. Es esa seguridad que se produce cuando se desconecta del malestar, del agobio o de la sensación amenazante, y sentimos bienestar.

Esa sensación de estar a gusto, de que para estar activo, creativo y capacitado para afrontar desafíos, necesitamos la calma que nos da desconectar de lo que alarma al organismo y genera malestar. 

Da igual de dónde venga el desgaste, si sentimos malestar, desconectar es vital. ¿Y cómo lo conseguimos? Atendiendo a nuestra fuerza de bienestar natural, a la gran capacidad de saber que el organismo se fortalece cuando lo mantengo libre de tensiones, resistencias, de presiones interiores ante lo que nos molesta.

Conectar con la auténtica sensación que nos sana interiormente cuando esa protección, depende de nuestra decisión de cambiar el foco de atención. Encontramos seguridad al desconectar de cualquier realidad que nos haga vulnerables ante lo que percibimos como amenazante.

Desconectar para recargar energía

Centrarnos en otras cosas que nos hagan disfrutar: charlar, leer, escribir de temas neutros, de vida, sueños o ilusiones, conquistar el bienestar en compañía o soledad. Hay que tomarse muchos momentos de asueto. No escuchar lo que perturba, atender a lo neutral, pensar y reflexionar. Hay que activar el organismo paseando, ejercitando el cuerpo para potenciar fortaleza y activación natural.

Dormir en ciclo de noche también es desconectar y mientras, se regenera nuestra energía vital. Nos limpiamos, oxigenamos, liberamos tensiones y volvemos a la vigilia con fuerza para empezar.

Pero además de dormir, si la amenaza es mayor que la que podemos revertir, hay que intentar desapegarse de lo que detectemos que altera nuestro organismo. Lo que altera la conciencia, lo que nos produce angustia, lo que nos frustra o agobia, porque para reencuadrarlo y saber cómo actuar, tenemos que descansar: debemos desconectar.

A veces sentimos que se nos satura la mente de información, de amenazas a nuestra forma de pensar. Escuchamos falsedades que nos cargan o molestan. Atendemos a conductas que vemos en otra gente que nos parecen absurdas o mal intencionadas y eso nos produce de nuevo alteración y desgaste. Debemos aislarnos de información que afecta a nuestras razones.

Separarnos, relajarnos y respetar que cada persona actúe como quiera o cómo pueda y así nosotros podremos sentir también libertad. También explorar y razonar: conectar con el sentir. Informarnos e informar de forma sosegada a quien nos quiera escuchar. Ir sembrando las ideas cuando nos sintamos capaces. No forzar ni imponer a nadie nuestra verdad. Solo sembrar y esperar.


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