PROCRASTINAR… TODOS PROCRASTINAMOS

Todos procrastinamos muchas veces a lo largo de nuestra vida, sobre todo después de un largo periodo vacacional. Por ejemplo: después de las fiestas navideñas o después de las vacaciones de verano. Siempre tenemos el propósito de ponernos a dieta, de ir al gimnasio o de empezar a aprender algún idioma. Normalmente la frase que a lo largo del día nos repetimos para convencernos de que lo vamos a hacer es “mañana empiezo” o “mañana lo hago”. Sabemos además que ese “mañana” seguramente no llegará nunca. Y nos quitamos esa “carga de conciencia” haciendo otra cosa que es mucho más fácil y nos apetece más.

Procrastinar es cuando tenemos que llevar el coche al taller y lo dejamos para otro día porque no nos apetece nada ir al taller: cuando tenemos que limpiar la cocina y lo vamos posponiendo un día y otro, hasta que ya es imposible dejarlo para un día más porque si no vamos a tener que llamar a los bomberos para entrar a cocinar. O cuando tenemos que estudiar para un examen y lo dejamos para el último momento. Todo eso es procrastinar.

El diccionario de la Real Academia de la Lengua define procrastinar como aplazar voluntariamente una obligación o un trabajo. Etimológicamente la palabra procrastinación deriva del verbo en latín procrastinare que significa posponer hasta mañana. La procrastinación no es una misteriosa maldición que los dioses nos han echado por la manera de gestionar nuestro tiempo, no. Es simplemente una forma de enfrentarnos a las emociones y a los estados de ánimo negativos que nos producen realizar ciertas tareas. Estas emociones pueden ser el aburrimiento, la inseguridad, la ansiedad o la frustración entre otras muchas.

La procrastinación suele ir de la mano de la pereza y la inapetencia porque aun sabiendo que lo que tenemos que hacer, no lo va a hacer nadie por nosotros, y que tarde o temprano vamos a tener que realizar esa tarea que estamos posponiendo, decidimos darle una “patada” a eso que tenemos que hacer, sea lo que sea, y dejarlo para un futuro “no muy lejano”. Pero ¿por qué hacemos esto? Fácil, es la lucha entre dos titanes. Es la lucha entre el sistema límbico, la parte del cerebro donde se encuentra el centro del placer, y la corteza pre-frontal, la zona del cerebro que se dedica a planificar.

Si en esta “lucha” gana la corteza pre-frontal, entonces nos pondremos manos a la obra con la tarea por muy desagradable que sea. Sin embargo si por el contrario, el sistema límbico se alza con la victoria, pospondremos la tarea y la sustituiremos por otra que aunque no sea importante, nos causará más placer a corto plazo.

Pues así estoy yo, procrastinando desde hace una semana porque tengo que escribir y no sé de qué. Y lo voy dejando y dejando de un día para otro para que la inspiración me venga de alguna manera. Me voy a dar un paseo por el parque, me siento a leer un cómic, o me pongo a cocinar, que mi cocina está muy limpia y apetece hacer un buen guiso o un bizcocho. Y así llevo siete días que como continúe dejando para mañana sentarme delante del ordenador, se me va a echar el invierno encima. En fin, voy a darme una vuelta por la biblioteca a ver si se me ocurre algo.


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