LA PANDEMIA DEL MIEDO AL CORONAVIRUS

“El Dios de la Sabiduría, Odín, se lanzó por el rey de los troles, le hizo una llave y le exigió que le dijese cómo podría triunfar el orden sobre el caos. -Dame tu ojo izquierdo -dijo el trol- y te lo diré. Sin dudarlo, Odín se sacó el ojo izquierdo. -Dímelo. Y el trol le dijo: -El secreto consiste en mirar con los dos ojos”. John Gardner

¿Qué reacciones ha suscitado la información de que “un virus mortal y  muy contagioso ha entrado en nuestra sociedad”? El ser humano es corporativista, necesita pertenecer a un grupo con el que se identifique para sobrevivir, para protegerse de las amenazas. Si el grupo se ve amenazado se cohesiona. Si el grupo entra en caos, entonces, existen otros poderes superiores que manipulan al grupo porque pretenden el desajuste y buscan la forma de conseguirlo. Les entregamos el ojo izquierdo, mientras nos afanamos en encontrar el orden.

La percepción de peligro alerta nuestro sistema nervioso generando una reacción de tensión nerviosa. El peligro se podría definir como una realidad que desajusta la percepción predecible, que genera incertidumbre y que mantiene en estado de estrés al organismo. Esta situación de estrés afecta a nuestro sistema inmunológico y lo deprime. Nos vamos quedando tuertos.

El organismo puede modular su estado de alerta si consigue encontrar soluciones, certezas, situaciones de seguridad para su estado de incertidumbre y de impredectibilidad. Así el organismo busca seguridad en el formato que sea, de la forma que pueda. Una información con contenido amenazante para nuestra salud, para nuestra vida, es suficientemente potente como para que el organismo se ponga a buscar desesperadamente respuestas, certezas, más información… Se escribe, se habla, se dice, se transmiten infinidad de noticias relacionadas con la información que tienen una doble consecuencia, mantener el estado de caos y de incertidumbre mientras distraemos nuestro cerebro en seguir buscando soluciones, certezas… Pero cuando menos control se tiene sobre el agente amenazante, cuánto más se encuentra el agente amenazante fuera de la capacidad de control, más aumenta la búsqueda de soluciones y el organismo más entra en indefensión o en impotencia.

Si el organismo ante una posible percepción de peligro, se conecta con indefensión, entra en pánico. Si conecta con impotencia, se bloquea y puede desarrollar tensión mantenida. Se debilita, se enferma. El organismo no puede estar mucho tiempo en un estado de pánico o tensión mantenida sin que surjan mecanismos de defensa que permitan liberarle del estado de desajuste que comienza a ser más peligroso para la supervivencia que el posible agente amenazante que lo generó.

Así surgen reacciones muy variadas: unos culpan, otros bromean, otros se obsesionan, otros gritan, otros se alteran, otros se enfadan… Y la realidad es que cuando una información llega, llega sesgada. Porque una información no es un hecho, una información es eso, una información. Quien quiera transmitir una información tiene una pretensión, un objetivo. Y sabe hacer llegar a quienes la transmiten datos que favorecen su difusión confusa y alterada, afectando al orden social general.

Conseguir que una conciencia colectiva active su alerta nerviosa y produzca respuestas diversas, que a su vez generen el caos, y que a su vez, generen perturbación, sólo puede responder a la necesidad de entretener a una sociedad de una forma perniciosa y perversa, utilizando el sensor más primario, instintivo y potente del ser vivo, el miedo. En este caso, el miedo a perder la vida.

Si fuésemos capaces de darnos cuenta de que la información no es objetiva. Que la información está tildada de intereses para activar defensas y miedos, para generar el caos y por tanto para producir desajuste social, entonces nos daríamos cuenta de que con independencia de lo que ha ocurrido, lo que se ha conseguido es una auténtica pandemia, y no tiene que ver con el coronavirus, tiene que ver con el miedo, el terror y la activación de mecanismos de defensa variados que nos mantienen distraídos. Porque al trol lo que realmente le importa es conseguir el caos, utilizando cualquier medio y a sabiendas de que el daño que genere es necesario para conseguirlo.

Cuando al final se decreta el Estado de Alerta, se comienzan a dar indicaciones prácticas, aludiendo a la conciencia social. Así, las personas se sosiegan, porque las normas les dan certeza y la mente colectiva se activa y obedece. Además se sienten buenas personas. Las consignas les alivian. Lo demás, cualquier cosa que ocurra detrás de todo este caos, queda en una posición secundaria. Ahora, ya estamos aislados y sedados para combatir el virus… el virus del miedo. Ya no tenemos los dos ojos puestos en la realidad. El caos ha vencido, un caos  que pasa desapercibido por las supuestas certezas que dan las normas establecidas. A lo mejor y solo a lo mejor, cuando todo esto acabe y nos enfrentemos a la realidad seremos unos pocos más lo que aprendamos a mirar con los dos ojos y  no fiarnos de lo que nos diga ningún Trol.

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