LA PANDEMIA DE LA ADICCIÓN A LAS DROGAS (IV)

“Érase una vez una nariz a un turulo pegada, un turulo superlativo, las doce tribus de farloperos era, érase un narigudo turulísimo, un turulo tan fiero como su nariz perversa”. Permítaseme parafrasear a Quevedo por la gloria de los pollinos que vienen hasta las trancas de farlopa además de con vino. Porque el tema es serio.

Se abate sobre las rayas esa nariz conectada a un proyecto de cerebro, esa excelsa y divina maquinaria cósmica que no sabe dónde está. Adopta un extraño gesto el careto entero cuando con ansia marrullera esnifa. Quiere sentirse Dios o al menos una persona de su confianza, permitidle aun a costa de su propio sufrimiento y el nuestro hundir el hocico en materia tan inmunda. Dejadle que se envenene hasta la médula de la ponzoña definitiva signo de los tiempos modernos y las barbaries pasadas, presentes y futuras, y ya no habrá hierba donde descansar de los afanes del mundo.

Échase hacia atrás con espasmo la cabeza, con la nariz y el turulo hechos uña y carne. Inspira profundamente, con insolencia absorbe esos disparatados polvos. SSSsnnniiiffff SSsnniiff Sssnniiff. Como un cañonazo golpea la mente, el alma entera. Ahora sí, alguien se siente alguien, de verdad. ¡Qué maravilloso es, cuántas cosas de las que orgullosear, que hostión de felicidad! Las palabras acertadas brotan por sí solas. Todo se sabe y en todo se es el mejor. Parece que el corazón quiere salirse del pecho de lo grande que uno se siente, y a veces hasta se sale de verdad.

Qué fácil hablar con los demás, qué momentazo compartir narices y turulos sobre la taza del váter, o que alguien te invite en el cuenco de la uña. Por supuesto cigarrito y trago para acompañar. Si es que somos lo más, los reyes del mundo. Pero este reinado dura apenas unos minutos, y hay que volver a rebozar los morros si se quiere seguir disfrutando de tan grandilocuente soberanía. Y luego si te he visto no me acuerdo. Cuando se acabe el festín, cuando hayas rebuscado y lamido hasta el último átomo de esa polvorienta ponzoña, la guillotina de la abstinencia se cernerá sobre ti y perderás la cabeza, si es que no la has perdido antes consumiendo.


Cocaína: la segunda droga no legal más consumida

La coca en polvo (clorhidrato de cocaína) también te la puedes chutar. O fumar en su formato basuco o crack pero las narices mandan y esnifar es la opción preferida de la mayoría de los farloperos, que cada vez son más. Muchos tabiques nasales, neuronas y dentaduras van desapareciendo y con ellos sus propietarios, que se han carcomido hasta la médula. Es la segunda droga no legal más consumida en el mundo tras el cannabis. La edad media de inicio en España se situaba en el 2018 en los 15,2 años (según datos del Ministerio de Sanidad en su Informe 2020 “Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones”). Con 15 añitos y el turulo colgando acompañando al canuto.

En el último informe de la “Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito”(UNODC) de Junio de 2020, en el 2018 se cifraban en consumidores habituales de coca a unos 19 millones de personas. Con una producción global de 1.723 toneladas con 100% de pureza, es decir: 1 millón y 723.000 kilos. Mil setecientos veintitrés mil millones de gramos. Luego pensemos en el corte para adulterar y saquemos muchos gramos más. Aparte de lo que las turulonarices ocasionales hocen en esa tremebunda montaña de corrupción y muerte, como vemos los cocainómanos necesitan enchufarse pero bien. Es tan fuerte el ansia que si la papela se cae al suelo y la merca se desparrama, pasará el narcótico comensal su nariz por el pavimento como si fuera una aspiradora.

Me atrevo a conjeturar que son muchas más las toneladas y los consumidores porque se coloca hasta el apuntador. Es abrumadora la cantidad de gente que se pone de perico, quien menos te lo esperas. No conozco bar del barrio, a cualquier hora, donde no haya alguien empolvándose la nariz. Qué decir del ocio nocturno, la nieve junto con otras drogas corre a raudales. Siempre hay alguien con alguna bolsita con algo dentro. Tiendas y almacenes, hay alguien agachando el hocico. En cualquier lugar de trabajo, como un acicate para pasar la jornada. En cualquier reunión social, siempre se oirá algún petulante sssnniiiffff en la sombra o a la vista de todos cuando el desmadre sea general.

Recuerdo unas noticias que salieron en el periódico El mundo hace años y que se me quedaron grabadas en el subconsciente: “Encuentran restos de cocaína en casi todos los aseos del Parlamento alemán” (2-11-2000). “El 94% de los billetes que circulan en España contienen restos de cocaína” (26-12-2006). Y refiriéndose a España en una entretenida entrevista a un mediático psiquiatra: “En los baños del Congreso se daba positivo en cocaína” (5-9-2015). En el 2019 el “Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías” situaba a España como el país de la UE líder en este aberrante consumo, junto con el cannabis. Parece que nos va el mambo autodestructivo. 


Una adicción que arrasa con todo

Pero como hacen falta más estimulantes para una sociedad apática e indolente que no anhela más que placer inmediato e ilusorias vacaciones de la funesta monotonía de su vida, según el antes referenciado informe de la UNODC, en el 2018: “27 millones de personas consumieron estimulantes de tipo anfetamínico”, de los que la metanfetamina es la jefa. Las anfetaminas, y en especial las metanfetas, son unos estimulantes ultrapotentes y devastadores que convierten a sus víctimas literalmente en zombis psicóticos en tiempo récord. La magnífica serie “Breaking Bad” tiene certeras escenas al respecto.

Tampoco la juventud percibe estas sustancias como algo análogo a esa estampa del yonqui con la chuta colgando del brazo que se ha grabado en el inconsciente colectivo como paradigma del drogadicto irredento. Solo los que han caído presa de tan terrible adicción, o sus seres queridos que sufren los daños colaterales, saben el auténtico infierno insondable que acarrea tomarse a la ligera el consumo de tales venenos. Una muerte lenta y agónica, la pérdida de toda dignidad, la esclavitud que uno mismo va hilándose. Una vida plena de pena y sin gloria.

Todos los efectos enfermizos de las demás drogas se aplican a estas, especialmente los estragos mentales y psicológicos en muchos casos irreversibles, siendo las psicosis y esquizofrenia desenlace habitual para el consumidor. Como un perro rabioso e infernal el poseso de estimulantes cocaínicos y anfetamínicos hoza en el fango buscando a todas horas su dosis de locura. Nada más le importa. Espantosas alucinaciones, paranoias, delirios persecutorios amenazan tras cada tiro. A veces uno solo es suficiente para quien, como en el caso del cannabis, tenga algún tipo de predisposición a las enfermedades mentales. 

Ansiedad, depresión, fatiga, enfermedades cardiovasculares y respiratorias, enfermedades hepáticas y otras perturbaciones son también el premio para los usuarios crónicos de tales espurios mejunjes. Y cómo no, siempre llevan en el bolsillo las tabletas de pastillas ansiolíticas y antidepresivas para cuando sientan que la cabeza les va a estallar y el corazón explotar. O no puedan dormir, pues el perico y las anfetas son enemigas acérrimas de un buen y reparador sueño.


La química de las tinieblas

Desde diversas fuentes se señala a la cocaína como la droga no legal que más urgencias hospitalarias causa. Y también a las anfetaminas y las metanfetaminas. Hay que tener en cuenta que mucha de la cocaína se corta con anfetaminas en primera instancia, al ser éstas más baratas y de efectos similares. Aparte de otras sustancias adulterantes como cafeína, fenacetina, anestésicos, levamisol, talco… e incluso estricnina que es un pesticida. Y las muertes por sobredosis ya sea por ella sola o combinada con otras drogas (especialmente opioides, pues suelen usarse conjuntamente para contrarrestrar los efectos negativos de uno y otro, en un desquiciado círculo vicioso), ha crecido exponencialmente en los últimos años. 

Cocaína y metanfetamina son de las drogas más asquerosas y repulsivas que hay, adictivas y destructivas. Un yonqui de estas luctuosas químicas esnifará a su propia madre y sus propios hijos si es necesario. Esnifará su casa y te esnifará a ti también, cualquier cosa para mantener su adicción, ese vanidoso paroxismo narcisista en el que vive. Pero esa euforia que tanto anhela mantener en todo momento vendiendo su alma al diablo, no es más que un falso y artificial decorado de cartón piedra. Un decorado que más tarde o más temprano se tornará fiera monstruosa que le fagocitará, como al personaje de Ellen Burstyn en la obra maestra de Aronofski “Réquiem por un sueño”.

Despiertan lo más oscuro del ser humano, todo lo que las rodea es dolor, corrupción, decadencia y muerte. Desde la plantación de la hoja de coca y la elaboración de los funestos polvos, y especialmente en su tráfico, el reguero de muerte y destrucción que genera esta droga es terrorífico. La historia del narcotráfico y los cárteles de la droga es la macabra historia del propio infierno en la tierra. Esclavitud, violación, tortura, sadismo extremo, muerte agónica, descuartizamiento, matanza, canibalismo, terrorismo… no hay crimen lo suficientemente horrendo que el trasiego de esta droga no genere. Eso es lo que te estás metiendo con cada maldita raya.

Pero hay que seguir acelerando, que no pare el estruendo. Los laboratorios rebosan frenéticos de nuevas drogas de diseño. PCP, GHB, Éxtasis, 2CB, Fentanilo, Oxicodona, Ketamina… el mundo sigue su inexorable marcha tendiéndote trampas a ver si caes bajo su rueda y te hace puré. Érase una vez un humano a una adicción esclavizado. 


More from Barri Wordswind
LA PANDEMIA DE LA ADICCIÓN A LAS DROGAS (II)
Estás triste, decaída y no tienes ganas de nada. Por momentos el...
Read More
Join the Conversation

1 Comment

Leave a comment
Leave a comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.