LA PANDEMIA DE LA ADICCIÓN A LAS DROGAS (I)

Como todos sabemos durante el Estado de Alarma solo se mantuvieron abiertos los comercios a pie de calle considerados “esenciales” y entre ellos estaban los estancos. De esta manera el tabaco figuraba entre esos artículos de primera necesidad que alguien podría adquirir bajando a la calle. Una droga que no sirve para tratar enfermedades sino que las crea, figura como bien de primera necesidad en una crisis sanitaria global de primer orden. 

Para cualquiera que haya dejado o esté dejando tan insano hábito, le será fácil imaginar las consecuencias que tendría para la población cortar el suministro de raíz. La ansiedad, la irascibilidad, el vacío interior y la depresión inherentes a los desagradables e intensos síntomas de la abstinencia al tabaco, se habrían sumado a los propios desencadenados por el confinamiento. Y según diversos estudios, por ejemplo uno de la “Encuesta de Tabaquismo” realizada por la “Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria” (SemFyc) en Mayo de 2019, se cifra en fumadora habitual al 23,3% de la población. Imaginemos a esos millones de personas desquiciadas por la abstinencia confinadas en sus domicilios. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), alrededor de 1.300 millones de personas fuman en el mundo, y más de 8 millones mueren al año a causa del tabaco. 

Drogas legales: el alcohol

En el episodio 6 de la 1ª temporada de The Walking Dead cuando el grupo de supervivientes encuentran refugio en el “Centro de Control de Enfermedades” (CDC), se regalan merecido asueto celebrando una cena donde el vino tinto corre a raudales. En un momento determinado y ya estando gratamente achispados por los vapores etílicos, Dale de 65 años le ofrece con énfasis vino a Carl (el niño de 12 años hijo de Rick), arguyendo que: “Os juro que en Italia los niños toman un poco de vino con la comida… y también en Francia”. Yo esperaba que además dijera España pero no lo hizo. Lori, su madre, se niega a que el niño beba pero su padre Rick considera que: “No va a hacerle daño, vamos, un poco…”. Todos se ríen y a Carl le sirven un vaso. Bebe y lo repele “UUUoooaaahhh… bburrrfff… ¡ es asqueroso !”. 

Yo era más pequeño que Carl cuando me ofrecieron vino en una comida familiar, tan pequeño como puedo recordar. También me resultó repulsivo, pero como los mayores parecían estar pasándolo tan bien y me prodigaban joviales toda la atención por mi proeza, me acabé el vaso y me sentí achispado yo también. Y mareado. Todos se rieron, llenaron sus copas y brindaron por el primer trago de alcohol que había dado el chaval. Varios de ellos eran alcohólicos que bebían hasta caer desplomados.

Y de vez en cuando también un tío mío que era un crápula me daba un sorbo de cubata de whisky, mientras se pasaba la tarde en el bar lleno de humo de puros y cigarrillos bebiendo y jugando a las máquinas tragaperras. Yo pasaba la tarde con él, daba a los botones, echaba y recogía monedas y daba sorbitos a la copa. Mi primera gran borrachera llegó a los trece años. Otra personita empezaba su carrera drogadicta.

Drogas que matan…y ansia humana por consumirla

El alcohol, según la OMS, mata a más de 3 millones de personas al año. Estima que: “En el mundo hay 237 millones de hombres y 46 millones de mujeres que padecen trastornos por consumo de alcohol”. Es causante directo de varios tipos de cáncer (colon, esófago, hígado…), enfermedades cardiovasculares, muerte por intoxicación etílica, trastornos mentales y otros estragos. Además está involucrado en un alto porcentaje de accidentes de tráfico, accidentes y violencia doméstica, suicidios, homicidios, sexo de riesgo. Sin duda alguna, la sustancia ideal para compartir en la mesa con los niños. 

Es una de las adicciones más destructivas y difíciles de dejar, y tras el tabaco la droga que más mata, sumiendo a sus víctimas en una vida miserable llena de sufrimiento para ellos y sus seres queridos

Así que aproximadamente solo por alcohol y tabaco fallecen más de 11 millones de personas al año, ¡11 millones! Según los mismos estudios de la OMS, por el resto de las drogas mueren unas 500.000 personas al año, siendo en un 70% debido a opioides (tanto ilegales como la heroína, o legales como las pastillas con receta médica que bajo diversos compuestos y marcas comerciales, suelen usarse para el tratamiento paliativo del dolor en enfermedades crónicas). Sumemos estas cifras año tras año, la cantidad de recursos y vidas desperdiciadas. El resultado es desolador.

Como vemos, los seres humanos que mueren por el consumo de drogas legales es abrumadoramente superior al que lo hacen por las ilegales. Y quien consume cualquier droga ilegal, por norma general suele acompañarla con los maestros de ceremonias alcohol y tabaco, potenciando los efectos adversos de unos y otros mediante su estupefaciente sinergia. Pero eso de legal o ilegal es una farsa. Una tragicomedia. Sólo hay droga, y el ansia humana por consumirla.

El concepto de “drogas ilegales”es un chivo expiatorio, una burda excusa moral para presentar otras drogas como si no lo fueran, y así se nos vende el alcohol (suele decirse “El alcohol y las drogas” cuando en realidad es “El alcohol y otras drogas”). Y la caja registradora rebosa frenética. Por más que echo cuentas no puedo imaginarme las exorbitantes cantidades de dinero que los hábitos autodestructivos humanos generan. Mientras tanto, como siempre hay quien está dispuesto a sacar tajada de las miserias ajenas y las propias, la publicidad de tales sustancias rebuscan con ahínco en nuestra psique para hacer que caigamos en la trampa, y de paso forrarse con la decadencia humana. Una trampa que impone el mundo mercantilista en el que vivimos, donde las personas nos hemos convertido en bienes de consumo que nos consumimos a nosotros mismos y nos consumimos entre sí.

Un gran problema existencial

¿Qué nos pasa? ¿Consumiríamos tanta ponzoña que nos mata y vuelve locos si, de verdad, estuviéramos satisfechos con nosotros mismos y la vida que llevamos? Lo dudo. Y esa es la cuestión. Legalizar o ilegalizar una droga no resuelve el problema, y ya vemos las atrocidades que conlleva el narcotráfico, el tenebroso mundo que genera el mercado negro de la droga que se suma al dolor de consumirla. 

En nuestra sociedad actual el consumo de drogas se ha banalizado y convertido en una costumbre global autodestructiva, y hay mucha presión gregaria y comercial para drogarse. El que se droga y/o vende quiere que te drogues tú también. Se nos ha metido en la cabeza que para festejarnos tenemos que consumir estas sustancias sí o sí, si estamos mal anímicamente también como “vía de escape” (aunque en realidad no te evades de tus problemas sino que te hundes más en su fango, y luego la aflicción vuelve con redobladas fuerzas), y si no estamos ni bien ni mal para estarlo de alguna manera. 

No vivimos en tiempos de pandemia sino que la pandemia es endémica en nosotros. Desde hace mucho, mucho tiempo. Un virus, una bacteria, cualquier pequeñito microorganismo con malas intenciones podría acabar con nosotros, siempre han estado ahí. Y parece que seguirán estando. Aún no se sabe de dónde ni cómo ha salido esto que llaman coronavirus, pero de igual manera que alguien en su sano juicio no iría a beber de un manantial infectado por él: ¿por qué si lo hace de unas sustancias que pueden arruinar su vida convirtiéndola en un infierno que se autoimpone? ¿sabiendo de antemano a lo que se expone? pero: ¿es que aún no lo sabe? Lo dicen las cajetillas del tabaco y aún así enciendes el pitillo. Habría que poner las mismas advertencias en las botellas de alcohol.

Hay un virus llamado adicción. Hay quien habla de predisposición genética, de enfermedad pero sea lo que sea esto sí que lo cogemos por… ¿voluntad propia? Lo consumimos frenéticamente, como obsesos autómatas. Y nos mata a lo bestia. Y el mundo no se para por ello, sino que gira y se destruye aún más deprisa. 


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