LA PALOMA DEL NORTE (V)

La paloma del Norte, es decir, Yo, vuelo a gran velocidad. No me costó mucho esfuerzo seguir al vehículo por esa línea gris tan sinuosa que algunos llaman carretera. Para una pequeña ave como yo habituada a esos bloques de cemento tan altos y con tantos humanos dentro y fuera de ellos, aquel bosque me pareció de lo más mágico. Había visto y sobrevolado árboles como los tamarindos de Alderdi Eder por ejemplo, pero aquellos eran inmensos.

Mi admiración por el paisaje duró poco ya que el coche frenó ante un muro. Inexplicablemente alguien ha puesto una puerta con llave para entrar en el recinto. El pasajero se impacientaba ya que dentro del albergue le esperaba su regalo sorpresa. Su carroza paró justo delante y bajó presuroso al encuentro de sus amigos más íntimos. Todos reunidos le cantaron algo. No comprendía bien lo que decían pero era algo así como ¿cumpleaños feliz? No estoy muy segura porque no entiendo ese concepto.

Poco duró el cántico ya que él, sabedor de que le habían preparado con esmero su regalo, corrió al encuentro de la tierna criatura. Teniendo espías en todos los lugares mas recónditos de la ciudad y de sus pertenecidos, nada se le pasaba por alto, todo lo sabía… a excepción de que estaba siendo vigilado por mis amigas y una servidora.

La paloma mensajera

Ahora estoy jubilada pero en mi juventud realicé unos trabajos como paloma mensajera. Hice muy buenas compañeras y, de vez en cuando, nos reunimos para recordar aquellos días en que teníamos que realizar la entrega en el horario previsto. En caso de no llegar a tiempo, nos dejaban sin nuestro alpiste preferido. Si estoy orgullosa de algo es de haber cumplido con mi deber y nunca he fallado en mis vuelos. Una vez me pilló un radar por ir a más de 130 km/hora, pero esa es otra historia.

Me posé en una rama frente al albergue, ese lugar de donde provenían los gritos. Imagino que el humano estará disfrutando de su regalo, aunque por las voces angustiosas no estoy muy segura. Y así estaba cuando se posó a mi lado otra paloma. Me preguntó si sabía lo que estaba ocurriendo ahí dentro. Le contesté que “no con exactitud”, no me atrevía a mirar más de cerca… por si acaso. El hombre que se había quedado fuera echando humo por la boca, nos miraba con recelo. En ese momento echó su brazo derecho hacia atrás, sacó algo de color negro y oímos un ruido espantoso. Yo salí volando asustada pero mi compañera cayó al suelo.

La venganza se sirve caliente…

El humano humeante se acercó, le dio una patada y… Para mi fue mi duro el trance. Solo hacía unos minutos que estábamos las dos ahí, en la rama del árbol arrullándonos nuestras cosas y ahora… Con aquella detonación los humanos se congregaron frente a la casita haciendo un semicírculo para proteger al que estaba dentro. Miraban hacia un lado y otro buscando pero cuando vieron llegar al compañero con esa cosa negra en la mano y la media sonrisa en su rostro, comprendieron rápidamente que había sido él el causante de todo el jaleo.

Pero aquello no se iba a quedar así, tenía que vengar a mi compañera. Abrí las alas y emprendí ruta hacia sus posiciones. Ese día había comido bien y le di de lleno.


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