LA PALOMA DEL NORTE IV

Hoy es un día difícil para mí como paloma, al igual que para el resto de mis compañeras de Alderdi Eder y en general, para toda la fauna en San Sebastián. Desconozco con detalle el por qué pero durante 24 horas los humanos donostiarras hacen ruido, mucho ruido. Ellos lo llaman “tamborrada” y es la fiesta donde todos los ciudadanos se ponen un pañuelo azul al cuello y golpean tambores y barriles al ritmo de una música que resuena por toda la ciudad.

Celebran la fiesta comiendo y bebiendo para luego salir a la calle vestidos de cocineros y equipados con el instrumento correspondiente. Desfilan interpretando distintos temas de alguien llamado Raimundo Sarriegui.

Para nosotras no es un buen día pero el deber manda y debo seguir informando sobre mis pesquisas. Hoy precisamente es el día preferido de Odón Elorza: le encanta ser el protagonista. Los primeros compases suenan a las doce de la noche del día 19 de enero. Como paloma que soy, me gusta dormir cuando no hay luz solar pero al escuchar esa música…

La paloma observa el espectáculo

Una vez superado el primer susto, alzo el vuelo. Hago un recorrido rápido por la plaza y observo que está llena de gente. Me poso en un alero y desde allí miro como el mandatario de la ciudad juega con la cuerda que sirve para izar ese trapo de color blanco con un cuadrado azul llamado bandera.

El éxtasis es total. El gentío entona un cántico y al mismo tiempo lanzan ¡¿¡¿HUEVOS!?!? El balcón donde él está se llena de claras y yemas, yo no salía de mi asombro. Creo que será mejor para todos que obvie lo que significan para una paloma esos huevos rotos… (snif).

Cuando terminó la canción Odón salió de su escondite… Perdón, quería arrullar/decir que salió a saludar rápidamente para, un instante después, desaparecer. Tanto es así que cuando nadie le prestaba atención, se puso unos pelos debajo de la nariz (¿bigote?), se caló el sombrero de cocinero hasta las cejas y se perdió entre el bullicio.

Pero a la paloma de Norte no se le escapa nada y he aquí la prueba:

Lo cual me hace recordar que también hubo otro tipo que salía en una tamborrada de esas que organizan las sociedades gastronómicas. Concretamente en esa sociedad lo conocen como “el maestro percuta”.

Todos los que os informáis a través de esta revista lo conocéis con el nombre de Kote Cabezudo. Me consta que ambos -Odón y Kote- son muy amigos.


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