LA ODISEA DE FRANCIS, CAMPEÓN MUNDIAL DE ARTES MARCIALES MIXTAS

Francis N´gannou no lo ha tenido fácil. Nada fácil. Este monstruo de 1.93m, 120kg de puro músculo y una envergadura de 2.1m, actualmente ostenta el prestigioso cinturón de los pesos pesados del “UFC” (Ultimate Fighting Championship) estadounidense. Esta es la organización más famosa de MMA (Mixed Martial Arts) en el mundo. Las MMA son el deporte de combate más completo y duro que hay: puñetazos, bofetones, patadas, codazos, rodillazos, proyecciones, golpeo en el suelo, estrangulaciones y diversas llaves rompehuesos se pueden aplicar. Pero no son estos los golpes más duros que Francis ha tenido que dar y recibir para abrirse camino en la vida y cumplir sus sueños.

Francis N`gannou nació el 5 de septiembre de 1986 en el pueblo de Batié (Camerún), en el seno de una familia asediada por la miseria. Sus padres se separaron cuando él tenía 6 años. Como tantos otros niños, con tan solo 10 añitos tuvo que ponerse a trabajar en las minas de arena para poder llevar dinero a casa con el que ayudar para comprar comida, combustible y pagar la escuela y los libros. Pues por muy pobres que fueran tenían que costearse la educación, ya que no había enseñanza pública gratuita.

En ocasiones no tenía ni un lápiz o un cuaderno para escribir porque no los podía comprar. En su casa no había ni una lámpara siquiera, escaseaban ropa y calzado y a veces no tenía ni zapatos. Iba al colegio en ocasiones sin desayunar caminando grandes distancias, con el uniforme hecho trizas. Los niños que tenían más recursos le marginaban. 

Trabajaba en las minas de arena los fines de semana, días festivos y en vacaciones. Todo el tiempo libre que tenía lo dedicaba a trabajar en una mina en vez de jugar como debería hacer cualquier niño. Pero eso no bastaba. “Trabajabas y a veces no te pagaban en el momento, incluso tardaban meses en hacerlo, y en ocasiones te echaban del colegio porque no habías podido pagar a tiempo la tasa de escolarización” dice Francis en una entrevista en The Joe Rogan Experience.

“Odiaba el sitio donde crecía… odiaba la mina de arena, todo, odiaba mi vida… No me gustaba mi vida, y siempre me sentía perdiéndome mi infancia”. Estuvo trabajando hasta los 17 años en la mina, luego otros tantos conduciendo un taxi y como mozo de carga. Pero Francis tenía otros planes mejores que sucumbir a la pobreza y ser víctima de la vida que le había tocado.


Francis viaja por el desierto en busca de un sueño

A los 26 años decide que va a marcharse de Camerún camino a Europa sin saber a ciencia cierta a dónde ni si iba a sobrevivir al viaje, consciente de que muchos migrantes no lo conseguían y morían. En su entorno familiar nadie le apoyaba. No entendían que él quisiera jugarse la vida persiguiendo lo que consideraban un sueño irrealizable: el de convertirse en boxeador profesional y salir de la pobreza. Toda la gente que le rodeaba trataba de disuadirle de una manera u otra para que se quedara, diciéndole que nunca lo conseguiría y que sus sueños eran una locura.

Sin embargo él tenía las cosas muy claras: “No quería vivir en el arrepentimiento de no haberlo intentado… Siempre he tenido muy claro en mi vida lo que quería y la manera de disciplinarme para conseguirlo”. A pesar de toda la presión familiar y del miedo que a veces le embargaba, cogió algo del poco dinero que tenía y una mochila y se dispuso a emprender su odisea hacia la soñada Europa. Echó a andar con otros valientes. Más de 4.500 km., en su mayor parte desierto, les esperaban hasta las vallas de Melilla y sus cortantes concertinas.

Las primeras jornadas fueron relativamente fáciles, viajaban en tren, en coche… En Nigeria no necesitaban visado, se sentía libre y en una semana llegaron a Niger. Pero allí las cosas empezaron a complicarse porque ya necesitaban documentación, y tenían que esconderse de la policía para no ser detenidos. Contactaron con las mafias de traficantes de personas para poder atravesar el vasto desierto del Sáhara de Niger y Argelia. Sin apenas agua ni comida, iban hacinadas dos docenas de personas en una camioneta, algunas encaramadas en los bordes, con riesgo de caerse, a toda velocidad.

Con ellos iba una chica y su bebé. “Íbamos con mucho miedo porque si alguien se caía del camión, se quedaba allí, no paraban para recogerlo, les daba igual, moriría allí… y si nos descubrían las patrullas en mitad del desierto, todo se acababa, podías morir”. Llegaban incluso a beber agua sucia que encontraban en cualquier lugar, filtrándola con sus camisetas para no morir de sed. La chica del bebé desfalleció y entre todos tuvieron que cuidar del bebé.

Además, aunque les hubieran pagado, los traficantes de personas les quitaban todo el dinero que llevaran encima. Les desnudaban y les registraban las cavidades corporales en busca de dinero escondido, por lo que envolvían lo poco que llevaban con plástico y se lo tragaban. Luego obviamente tenían que recuperarlo entre sus heces.  Estuvieron unas semanas por el desierto en esas horribles condiciones con un sol abrasador por el día y el penetrante frío por la noche. Y ”cuando crees que no puede ser peor te das cuenta de que es solo el comienzo…”


Sangre en el alambre y en el alma

“Marruecos… es un infierno de país para la inmigración porque es el país más cercano a Europa”. Había pasado poco más de un mes desde que saliera de su pueblo, corría el año 2012. Iba provisto de documentación falsa y se convirtió en un convincente actor para que la policía no sospechara de su supuesta identidad de “migrante legal”. Llamó a su hermana para pedirle algo del dinero que la había dejado custodiando y se lo envió a una estafeta. Compró algo de ropa y comida y se dispuso junto con sus compañeros a preparar el complicado salto a la valla de Melilla. Vivían por las calles y los bosques de Marruecos lo más ocultos que podían. 

En el primer salto a la valla se cayó en medio de las concertinas. Una vez caes en ellas te quedas atrapado, y cualquier movimiento resulta en terribles cortes por las cuchillas. Francis se cortó mucho cuando quiso escapar de la valla: las manos, los pies, el estómago, los costados… “Volví al bosque sangrando, sabía que si iba al hospital la policía me iba a detener… pero si permanecía en el bosque moriría desangrado así que fui al hospital” . La policía apareció cuando le estaban cosiendo las heridas, y sin estar recuperado del todo le sacaron de allí y se lo llevaron a comisaría. “A la policía le da igual cómo estés…” 

Estuvo unos días detenido hasta que a él y a otros migrantes que habían interceptado los metieron en una camioneta para ser deportados. Los condujeron hacia el Sur durante la noche, de nuevo al desierto, y allí en un punto incierto en la frontera con Argelia les soltaron a su suerte. Estaban aterrados, pues según cuenta “Los militares argelinos cuando oyen cualquier ruido de noche directamente se ponen a disparar… y es muy difícil esconderse en el desierto. Es una locura”.

En ese estado algunos migrantes, derrotados y desesperados, emprendían el camino de vuelta a sus pueblos, pero no así Francis y otros. Se dirigieron otra vez hacia el Norte, vagando por el desierto, a los bosques de Marruecos, con escasa comida y agua, y con sus heridas a cuestas. Vivían ocultos en lo profundo del bosque, y por las noches rebuscaban por los contenedores de basura más cercanos comiéndose cualquier cosa, y discutiendo con las ratas hasta por un tomate podrido.

A la escasez de alimentos se sumaba la de ropa, por lo que una lona de plástico y una manta eran la diferencia entre la vida y la muerte en el invierno. Pero la policía solía quemarlas si se encontraba algunas cuando hacían sus incursiones en el bosque buscando migrantes, y estos dejaban sus campamentos vacíos para esconderse de la redada, subiéndose a los árboles y permaneciendo allí en silecio durante horas.

Emprendieron otro salto a la valla. Pero no solo de las concertinas tenían que preocuparse.“No es fácil prepararse para saltar la valla… cuando te cogen los agentes marroquís no bromean, a veces te pegan una tremenda paliza hasta con barras de acero, e incluso matan a algunos a palos”. Así que llenos de cortes y apaleadosotra vez detenidos y otra vez dejados a su suerte en el desierto. Y de nuevo el camino al Norte guiándose por las luces y las estrellas allá a lo lejos, hambrientos y sedientos, con todo el dolor y la ilusión de sus almas. 


Remando con los brazos hacia la costa española

Como el salto a la valla no fructificaba, decidieron que lo intentarían por mar. Se dirigieron a Tánger y compraron una barca hinchable. Como Francis tenía carisma y dotes de liderazgo le eligieron el capitán de la expedición, aunque no sabía nadar. Echarse a la mar con una barca hinchable atestada de personas y sin saber nadar requiere de un gran coraje y organización, sabiendo que muchos morían ahogados. Hay que buscar un sitio idóneo y escondido entre la abrupta orografía para partir (y que no te detengan las patrullas), estar al tanto de la meteorología y aprender sobre las mareas, las olas y los vientos que las mueven.

En su primer intento y unas tres horas mar adentro apareció un enorme barco militar marroquí que les tapó el paso. Llamaron a la patrulla costera y se los llevaron a todos detenidos, y de nuevo se abría ante ellos el mismo desesperante proceso: deportación al desierto, reemprender el camino de vuelta hacia la costa e intentar llegar a España.

Hasta siete veces les sucedió lo mismo en sus intentos de cruzar por mar, y algún que otro intento fallido más de saltar la valla. De Tánger a Melilla y de Melilla a Tánger, sobreviviendo como podían ocultos en el bosque. Llevaba ya un año en Marruecos inmerso en ese aciago y doloroso círculo vicioso, hasta que en abril del 2013 lo consiguieron, por los pelos. Iban remando con los brazos pues no tenían remos.”Pensé que íbamos a hacer historia… siendo los primeros en conseguirlo remando con los brazos”. Se puso a llover y cada vez había más oleaje, estaban aterrados. Como tenían un móvil con sim española y disponían del número de La Cruz Roja, llamaron y afortunadamente contactaron, fueron a buscarlos y les rescataron. 

Una vez en suelo español fueron puestos a disposición de las autoridades y enviados a un Centro de Internamiento de Extranjeros, donde permaneció dos meses. No especifica en qué zona. Tras ser puesto en libertad, su intención era ir al Reino Unido por ser este un país con gran tradición boxística, pero ante la dificultad de tal empresa decidió ir a Francia con otros de sus compañeros.


Durmiendo por las calles de París, el sueño toma forma  

Cuando Francis llegó a París un mundo nuevo se abría ante él. Su sueño estaba cada vez más cerca, y él se sentía feliz y libre. Estuvo en un centro de acogida a inmigrantes, pero decidió marcharse de allí ante la mala energía que había, prefiriendo dormir en la calle. “Aunque yo era un «sin techo», me sentía orgulloso y feliz… estaba muy ilusionado ante todo lo que sucedía a mi alrededor… y la mayoría de los homeless que había en aquel centro eran gente sin esperanza que se había rendido, y transmitían muy malas energías… yo no quería estar en ese ambiente que me robaba la energía y prefería dormir en un parking”, que es donde durmió varios meses.

En otra entrevista dice: “Aunque dormía en la calle y no tenía dinero ni comida me sentía libre. Comparado a donde estuve en Marruecos un aparcamiento era como un hotel de cinco estrellas”. En sus paseos por la ciudad encontró un gimnasio donde daban clases de boxeo, explicó su situación y que quería entrenar para convertirse en campeón mundial. Le facilitaron 50€ con los que se compró una mochila y algo de ropa y le dejaron entrenar gratis. Aunque tenía grandes habilidades para el boxeo, le recomendaron que probase con las MMA ya que era una manera más rápida de ganar dinero en el mundo de los deportes de combate. Él no sabía ni lo que eran, pero decidió probarlo por diversión.

Llevaba un par de meses en el gimnasio pero éste cerraba en verano, así que se acercó a otro que estaba cerca de una Asociación de ayuda a personas necesitadas donde aparte de comer trabajaba como voluntario ayudando en las cocinas. Este gimnasio era el MMA Factory Gym, gestionado por Fernand Lopez, que también era nativo de Camerún. Le contó su odisea e hicieron muy buenas migas, y al par de horas de ver entrenar a Francis se dio cuenta de que tenía un talento especial. Le dijo que podía quedarse a dormir en el gimnasio, a lo que Francis aceptó encantado, así que allí se pasaba la mayor parte del tiempo.

Al principio era algo reticente a centrarse exclusivamente en las MMA y dejar su ilusión de convertirse en boxeador, pero tras ganar por sumisión en su primera pelea en los circuitos independientes franceses a los pocos meses de haber empezado a entrenar (30-11-2013), se dio cuenta de que las MMA se adaptaban perfectamente a sus fortalezas innatas, y estaba muy feliz de empezar a ganar algo de dinero. Así que se centró en convertirse en un luchador de MMA completo, aprendiendo muy rápido y con facilidad las diversas técnicas. Este primer periodo de peleas se saldó con un récord de 5-1 a su favor, finalizando a todos sus oponentes y perdiendo tan solo una pelea por decisión. Ya se había forjado una reputación como temible guerrero, y pocos se atrevían a pelear contra él.


Y como suele decirse… el resto es historia, una gloriosa historia

La primera pelea de Francis en el UFC fue el 19-12-2015 en Orlando, Florida (USA) y ganó por KO en el 2º round. Comenzaba su meteórica carrera hacia la fama y el cinturón de los pesos pesados mediante terroríficos KO´s, aunque tropezando en la primera mitad del año 2018 en el que perdió su primera pelea por el cinturón y la subsiguiente, ambas por decisión. Pero como Francis es experto en sobreponerse a las adversidades, volvió el 24-11-2018 más fuerte y centrado que nunca dejando KO a su contrincante en tan solo 45 segundos.

Desde entonces, como es su costumbre, ha ganado todas sus peleas finalizando a sus oponentes en los primeros segundos de combate, coronando su increíble gesta con la victoria también por KO en el 2º round en la revancha contra Stipe Miocic por el cinturón, el 27-3-2021. Su récord asciende a 16-3-0, siendo todas sus victorias por KO, TKO (12) y Sumisión (4). Es el primer campeón africano de los pesos pesados en la historia del UFC.

La historia de Francis es mucho más que una inspiradora, asombrosa y excepcional historia de superación personal y éxito contra todo pronóstico. Es la historia de la descarnada lucha por la supervivencia en un mundo injusto que aplasta las ilusiones y las vidas de millones de personas que han tenido la mala suerte de nacer en el lugar equivocado, y las mortales rutas migratorias donde perecen muchas de ellas en busca de una vida mejor. Ojalá llegue el día en que nadie tenga que atravesar tales infiernos para tener la oportunidad de vivir una vida digna y sentirse realizado. Lucha por tus sueños y el sueño de un mundo mejor para todos. 


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