LA MÚSICA EN DIRECTO SE HA EXTINGUIDO

Amo la música. Y si es en directo más. Toda mi vida he disfrutado de las maravillosas sensaciones que me han producido muchas de las increíbles composiciones de grandes leyendas de la música. En la mayoría de los casos, he escuchado esos temas en la versión de estudio y me han encantado, pero en ciertos momentos he tenido la fortuna de asistir a conciertos en directo de verdad y eso ya son palabras mayores, queridos amigos. Lo que se siente en un directo de verdad no es comparable con escuchar los mismos temas editados en un estudio de grabación.

Te habrás fijado que he utilizado la frase “directo de verdad” y tiene su explicación. Los directos a los que me refiero fueron directos de verdad porque no hacían “trampa”. Para explicar lo que acabo de exponer te daré un ejemplo. Hace unas semanas tuve la ocasión de asistir al concierto “en directo” de un grupo español que tuvo cierta relevancia hace unos años. El típico grupo que saca un tema que despunta y luego desaparece entre la marabunta de grupos y cantantes que van apareciendo. Antes de continuar he de decir que disfruté de la experiencia a tope y salí con un buen sabor de boca. Sin embargo, percibí que ese grupo hacía trampa.

Directo «descafeinado»

Podríamos decir que fue un directo «descafeinado”, es decir, parte del sonido era en directo y parte grabado,…una gran parte. Puedo entender que, dependiendo del tema que se esté interpretando, sea lícito utilizar sonidos pregrabados, pero todo tiene un límite y en este caso ese límite se sobrepasó por mucho.

Aunque el concierto me gustó, en el fondo me defraudó un poco. No conseguí encontrar esa conexión inexplicable que sucede cuando asistes a un concierto de verdad. Un concierto, a mi modo de ver, ha de ser en vivo, sin pre grabaciones, con los instrumentos adecuados para el tema que se esté interpretando y en el caso que acabo de contar, faltaban muchos de los instrumentos que sonaban en las canciones.

A la gente le gustan los directos «trampa»

Para mí, un concierto en vivo debe cumplir el requisito que acabo de mencionar. Para mí, no para los demás por lo que pude percibir en el concierto del ejemplo. Me da la sensación de que a la gente le importa muy poco si los “directos” son de verdad o no, es decir, si los instrumentos se tocan y el cantante canta en tiempo real. A la gente lo que le interesa es que el sonido se escuche a la perfección, sin ningún tipo de error, y eso solo se puede conseguir en un estudio de grabación.

Por consiguiente, a la gente le da igual que los “directos” sean playback, (lo son en la mayoría de los casos). En un directo de verdad es natural que se escuchen pequeños fallos de afinación, los músicos son humanos y pueden cometer errores. Es más, eso precisamente es lo bonito de un directo, o debería ser apreciado por el público porque te indica que los músicos respetan a su público al actuar sin trampa ni cartón. Yo abogo aquí por los directos de verdad porque para escuchar directos playback no es necesario pagar una entrada y desplazarse a cientos de kilómetros de distancia, con hacer una búsqueda de tu tema favorito en Internet es suficiente y te ahorras una pasta.


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