LA MULTICULTURALIDAD EN EL MUNDO

Vivimos en un mundo global e interconectado. Bien sea cara a cara o con ayuda de la tecnología, resulta habitual interactuar con personas provenientes de otros países. En esta comunicación los matices derivados de las diferencias culturales causan malentendidos. A menudo observamos que un lenguaje común no es suficiente para un total entendimiento. El desafío radica en comunicar de manera efectiva con personas que ven el mundo y lo interpretan de manera diferente.

“El verdadero viaje de descubrimiento no consiste en buscar nuevos paisajes, sino en tener nuevos ojos”

Marcel Proust

Distintos grupos humanos desarrollan culturas diferentes. La humanidad siempre ha vivido con diversidad. El entorno en el que crecemos determina nuestros valores, creencias y comportamientos. Esto es lo que entendemos por cultura. Nadie nace con cultura. Ésta se aprende del grupo que transmite a la persona lo que se considera apropiado entre sus miembros.

Estos valores compartidos por el grupo cultural dan lugar a las lentes culturales que actúan a modo de filtro fotográfico y nos ayudan a interpretar la realidad de una forma concreta. Por ejemplo: en nuestra cultura asociamos la sonrisa con alegría o bienestar. Sí, así lo hemos aprendido. Pero otras culturas pueden utilizar la sonrisa para expresar su malestar o su incomodidad ante una situación. Según en qué cultura hayamos sido educados llevaremos puestas unas lentes culturales u otras. De esta manera la interpretación que hagamos de la sonrisa cambiará.

La cultura como fenómeno de grupo nos permite evaluar la probabilidad de qué grupos de personas actúen de una determinada manera. Personas de una misma cultura tienden a actuar de forma similar, especialmente cuando están juntas. Sin embargo hemos de ser cautelosos y no limitar a las personas a una única identidad. Estereotipar equivale a pensar que pertenecer a un grupo cultural convierte a sus miembros en seres idénticos. Una persona no representa a toda una cultura y la cultura no representa a la persona.


¿Estamos adaptados a la multiculturalidad?

Con los países tornándose cada vez más diversos, se trabaja para disminuir la desconfianza entre los grupos culturales. E incluso vamos más allá buscando una interactuación en un mismo nivel entre personas de diferentes grupos culturales. Esto se conoce como interculturalidad. Para ello y a través de la educación, es prioritario desarrollar la competencia intercultural. Es decir, la habilidad de interactuar con personas de otras culturas siendo conscientes del propio bagaje cultural que todos tenemos.

Conseguir que miembros de grupos culturales diferentes convivan y desempeñen su actividad de forma conjunta y eficiente, implica comenzar por un autoconocimiento cultural. Tomar conciencia de la influencia de nuestra propia cultura nos permite reconocer la subjetividad de nuestras interpretaciones. Esa mirada etnocentrista que nos lleva a creer que nuestras formas de pensar y actuar son las únicas aceptables. Es necesario promover la curiosidad hacia la diferencia. ¿Cómo? Adquiriendo conocimientos y habilidades que incrementarán el entendimiento cultural.

Ser interculturalmente competentes significa tener la capacidad de analizar una situación desde diferentes perspectivas. También mostrarnos empáticos y respetuosos con personas que nos ofrecen puntos de vista distintos. Implica poseer una curiosidad natural por aprender más sobre otras culturas. Mostrar una actitud positiva hacia la diversidad, no implica aceptar aquello con lo que no se está conforme. Sino más bien ser capaces de observar, preguntar y comprender las creencias o razones que llevan a obrar de una forma determinada. Significa dejar de mostrar incomodidad al enfrentarnos a nuevas formas de pensar y actuar. Para mostrar rechazo, primero hay que conocer qué es lo que se desestima.

Las organizaciones también reflejan la diversidad entre sus colaboradores. La cooperación entre miembros de distintos grupos culturales requiere que conecten entre ellos. Y se influyan mediante la comunicación. Para atraer y motivar a diferentes empleados y clientes de diferentes lugares del mundo, los responsables de las empresas deben comprender y mostrar respeto por las diferencias culturales.

Deben permitir a los empleados llevar al trabajo sus cualidades y diferencias. De este modo las organizaciones tienen una mayor probabilidad de ofrecer una posición ventajosa al atraer y retener empleados talentosos. Estas personas saben que la empresa apreciará y utilizará las habilidades y el conocimiento que aportan. Y en contrapartida, la organización conseguirá un mayor compromiso y productividad por su parte.

En nuestra sociedad donde conviven personas de origen diferente. Donde varias generaciones comparten un mismo mercado laboral. Y donde las personas presentan diferentes habilidades, constituye un reto no limitar a las personas a una identidad cultural. Si bien la complejidad en la comunicación es mayor, la heterogeneidad de sus ideas hace que el grupo diverso ofrezca multitud de oportunidades.


Leave a comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.