LA MUERTE: ANGUSTIA Y AGONÍA EN DIRECTO

Terminó el período vacacional para muchas personas. Ahora toca revisar todas esas fotografías que han sacado con el smartphone y elegir las más vistosas para enviarlas a la agenda de contactos o subirlas a las redes sociales. Ese templo majestuoso, la callejuela llena de macetas con geranios, la megapiscina de ese complejo rodeado de muros al que solamente pueden acceder los turistas Esos viajes ya masificados que te llevan a visitar países a miles de kilómetros de tu casa y de los que cuales solo traes souvenirs tipo: “Fulanito estuvo aquí” y no has visto más allá que algunas piedras, edificios y algún animalito autóctono.

Y así se nos pasa la vida: yendo y viniendo. Y para los que no han podido viajar, han tenido que conformarse con ver las fotos de los demás en Instagram. Fotos de lo que han comido, lo que han bebido, dónde se han bañado, dónde se han alojado y de las puestas de sol que no han disfrutado porque estaban ocupados sacando fotos. Se han visto multitud de pies retratados con fondos playeros. Reels de unos segundos donde solo se ve la cara de bobalicón del turista mirando a la cámara y haciendo al mismo tiempo un barrido. Por no mencionar los selfies. Se cuentan por millones los autorretratos que cada día se publican en redes sociales. Igualmente las muertes por esta causa son de lo mas estúpidas.

Una adolescente de 14 años quiso retratarse en una azotea de Madrid. Una claraboya cedió por su peso y cayó al vacío desde un décimo piso. Un británico de 22 años perdió literalmente la cabeza por las palas de un helicóptero cuando quiso hacerse el selfie con el aparato detrás. Una joven de 32 años murió al caer desde lo alto de una cascada. Tenía más de 21.000 seguidores en su cuenta de Instagram. Una turista ucraniana perdió la vida al precipitarse desde el castillo de Benidorm. El caso más reciente es el de un hombre que cayó por un barranco después de hacerse un selfie con su novia. Al parecer se le resbaló el teléfono móvil de las manos y al querer recuperarlo perdió el equilibrio… y la vida.

Según un estudio global realizado en 2018, más de 250 personas murieron entre 2011 y 2017 tratando de hacerse un selfie en situaciones extremas. Y seguramente muchas de ellas estarían nominadas a los premios Darwin. Para todos aquellos que no han oído hablar de estos premios diremos que son galardones concedidos a los seres que han fallecido de la manera más absurda posible. Es a partir de 1998 cuando se otorga el premio de forma anual al que más votos recibe de entre todos los participantes.


Retrato de una muerte en directo…

Como todo premio que se precie tiene sus condiciones y la principal es la no intervención de terceras personas que provoquen el desenlace. Hay cinco reglas a tener en cuenta: perder la posibilidad de reproducirse, ser producido por uno mismo, tener cierta gracia, estar en plenas capacidades mentales y ser verificable. En definitiva y según la página web: “se entregan los premios a quienes no podrán continuar expandiendo sus estúpidos genes, ya sea si han quedado esterilizados o castrados o que por su propia muerte ya no podrán seguir con su estirpe”. Impera el humor negro evidentemente.

Estamos hablando de gente que se juega la vida para conseguir una foto supuestamente viral. Personas que se encuentran con la muerte de la manera más tonta y absurda. Pero cuando la muerte es retransmitida en directo, la cosa cambia. ¿Quién no se acuerda de la niña Omayra Sánchez? El 13 de noviembre de 1985 el volcán “El Nevado del Ruiz” hizo erupción. Fue tal la magnitud de la avalancha que sepultó a 25.000 personas mientras dormían. El pueblo de Armero en Colombia prácticamente desapareció bajo las piedras, el lodo y los escombros. Hasta allí se acercó un periodista francés. Tomó la fotografía con la que ganó el “World Press Photo” y que dio la vuelta la mundo. La niña atrapada en un pozo,  apoyada en un trozo de madera esperando un rescate que nunca se produjo.

Poco años más tarde otro periodista viajó a Africa. Quería documentar y denunciar la hambruna que azotaba Sudán y allí se encontró con un niño desnutrido “vigilado” de cerca por un buitre. El periodista fue premiado con el Pulitzer y esa fotografía también dio la vuelta al mundo. ¿Qué tienen en común ambos hechos? Ambos fotógrafos fueron duramente criticados por no intentar salvar a esos niños. De hecho el sudafricano Kevin Carter poco antes de suicidarse contó que el niño se encontraba con vida y fuera de peligro, aunque solo vivió 14 años más. En 2007 falleció por unas fiebres.

Usar la muerte para abrir conciencias es algo que intentó hacer Alain Cocq. Este francés aquejado de una enfermedad incurable quiso llamar la atención sobre algo que está prohibido en Francia: la eutanasia. Después de llevar más de treinta años postrado en una cama y sufriendo infinidad de dolores, desde su propia página de Facebook anunció que tiraría la toalla. Quería una muerte digna. Abandonó su tratamiento y dejó de hidratarse. Iba a emitir en directo para el mundo su propia muerte. A pesar de ser cuidadoso a la hora de instalar la cámara -justo encima de su cabeza-, la propia red social bloqueó la difusión.

Selfies: hay quien opina que el egocentrismo es el culpable. Un estudio de los psicólogos de la Universidad Estatal de Ohio dice que los hombres que más selfies cuelgan en las redes sociales tienen a exhibir más rasgos de personalidad relacionados con el NARCISISMO y la psicopatía que el resto. En el estudio participaron 800 hombres de entre 18 y 40 años. Es decir los hombres que se creen más inteligentes, más atractivos y mejor que otros, muestran falta de empatía, no tienen respeto por los demás y sus comportamientos son impulsivos. ¿Quién no conoce a un influencer así? YouTube está plagado de ellos. Pero son pocos los elegidos para sacar rentabilidad a sus vídeos, y para eso no dudan en utilizar todo lo que tienen al alcance del micrófono.

Política, deporte, sociología, juegos de ordenador, música y baile… cualquier campo es válido para hacerte ver y oír en YouTube. En cambio son muy pocos los creadores de contenido exclusivamente cultural. También están los llamados “todólogos” que opinan hasta de lo que no conocen. Pero siguiendo con la temática de los selfies y las muertes en directo, no nos tenemos que olvidar de los personajes que aprovechan una circunstancia personal como lo es una enfermedad, para recaudar fondos. En internet pulula uno de estos que quiso ser actor y se sabe carismático. Presume de ser el creador de algo que ya lleva funcionando cinco años… Pero eso es otra historia.


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