LA MOTIVACIÓN HUMANA

Las personas somos seres sociales. Vivimos en un entorno relacional constante. Desde que nacemos necesitamos el contacto de apego para sentir protección. Un ambiente de seguridad y bienestar para crecer en armonía, potenciar la organización y planificación para sentir certeza. También sentir comprensión por parte del entorno para desarrollar confianza. Sentir alegría y placer para orientarnos hacia el logro. 

A lo largo de la vida vamos aprendiendo a valorar distintos aspectos que nos aportan motivación para la acción en función de las experiencias que hemos tenido en nuestro entorno familiar y social. Esa sensación de activarnos para vivir en armonía, de sentirnos en plenitud y llenos de energía, se produce porque esos aspectos motivacionales están fortalecidos en las relaciones que mantenemos en la interacción con los demás. 

Cada persona tiene valores interpersonales prioritarios que definen su forma de ser. Valores que explican su comportamiento y que hacen que se cubran sus necesidades para sentir motivación vital. Así hay personas que se sienten más motivadas en unos ambientes o en otros, con unas actividades u otras, incluso con unas personas u otras.

Si la persona siente amenazados esos valores, puede sentir desajustes afectivos y alteración en el plano emocional. Su autoestima se ve dañada y no sabe por qué. La ansiedad, la depresión o incluso las conductas dañinas pueden ser formas reactivas de estar viviendo una vida de insatisfacción relacionada con carencias en los aspectos motivacionales individuales. Muchas veces se oye decir eso de: «no entiendo cómo se puede sentir mal si lo tiene todo… tiene trabajo, una familia que le quiere, salud…»

¡Estimula tu motivación!

Los valores interpersonales son aquellos que están integrados en la forma de sentir individual. Y se tienen que estimular en cada persona para que su bienestar coexista dentro de ella. Una persona puede tener trabajo que le da seguridad económica pero el ambiente laboral no le favorece una sensación de activación y satisfacción personal. O puede tener una familia que le quiere pero la forma en que se relaciona con ella no es la que estimula los valores que le hacen sentir seguridad o bienestar. También puede tener salud pero su sentimiento de insatisfacción por las carencias en otros aspectos, le empañan la posibilidad de emplearla para apreciar y vivir la vida de forma satisfactoria.

Conocer los valores interpersonales y el grado de importancia que tienen para cada persona permite tomar conciencia de las necesidades interpersonales deficitarias que están impidiendo el desarrollo motivacional para vivir plenamente. Conocer estos valores puede ayudar a buscar formas de resolver esas deficiencias motivacionales. Hay que atender y reforzar los valores que son importantes para cada persona. Cada individuo tiene más o menos necesidad de potenciar determinados valores que le vinculan con los demás. Así en función de con cuales se sienta más identificado, serán aquellos que tiene que potenciar más. Y aquellos con los que se sienta menos identificado, potenciar menos.

Si los valores prioritarios se ven dañados por el tipo de vínculo social o interpersonal que se tiene con el entorno social, familiar, de pareja o laboral, es cuando la persona perderá energía vital, autoestima y motivación para actuar y vivir con bienestar. Si por el contrario se ven recompensados, la persona sentirá energía, aumentará su autoestima y su motivación se verá activada de forma más plena. Los valores interpersonales según Leonard V. Gordon, autor del cuestionario SIV, que definen la motivación para la acción son:

  • Soporte: ser tratado con comprensión, amabilidad y consideración. Recibir apoyo y aliento de las personas.
  • Conformidad: hacer lo que es socialmente correcto y aceptado. Acatar las normas comunes de convivencia.
  • Reconocimiento: ser respetado y admirado. Ser considerado importante, que se reconozca lo que uno hace.
  • Independencia: tener el derecho de hacer lo que uno quiera. Ser libre para tomar decisiones por sí mismo. Actuar en función de su propio criterio.
  • Benevolencia: hacer cosas por los demás. Ayudar a los más necesitados.
  • Liderazgo: estar encargado de otras personas. Tener autoridad o poder.

Teniendo en cuenta estos valores se puede observar como cada persona puede sentirse más o menos identificada y el grado de identificación con cada uno de ellos. Además siendo consciente de ellos, se puede también apreciar si éstos se ven reforzados o no en nuestra vida diaria y en nuestro entorno social y personal. 

Buscar fórmulas que cambien cómo se vive con el entorno y tomar decisiones que permitan cubrir los valores interpersonales sería la clave para conseguir sentir motivación y equilibrio personal. Reflexionar sobre cada uno de los valores y ver de qué forma se están o no estimulando o inhibiendo, puede ser el primer paso para abrir la puerta hacia la motivación personal y vital.


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