LA MISIÓN DE LA EDUCACIÓN ESCOLAR

La educación escolar debería estar basada en la atención afectiva y en la motivación constante para favorecer el crecimiento desde el respeto a los ritmos y las diferencias infantiles. Solo de esta manera se conectará con el disfrute natural que va a potenciar la esencia individual de cada niño/a. 

No vale eso de que en la escuela se enseña y que en casa se educa. La misión de la educación escolar ha de ser integradora optimizando los aprendizajes desde la atención afectiva adaptada a cada alumno/a.

 Educar para comprender cualquier disciplina es una cosa, educar para la comprensión humana es otra; ahí se encuentra justamente la misión espiritual de la educación: enseñar la comprensión entre las personas como condición y garantía de la solidaridad intelectual y moral de la humanidad. 

Edgar Morin

Para ello también hay que favorecer que los niños/as socialicen, se miren y se sonrían, que puedan salir de las aulas para respirar, jugar y experimentar la vida con conexión natural. Dejarles correr y saltar. Guiarles desde una pauta de orden y estabilidad. 

Solo desde su bienestar esencial se podrá potenciar el aprendizaje formal y emocional. Sin duda es esencial educar para la aceptación, el respeto de los unos con los otros y el desarrollo moral.

Educación: pasión por enseñar

Ser docente implica necesariamente un espíritu de entrega, respeto y sosiego, comprender las distinciones de cada alumno/a, favoreciendo el sentir de percibir, procesar y madurar desde el bienestar personal. 

El docente debería ser ese gran profesional de la educación que integrara sus competencias formales con su pasión por enseñar y su amor y su confianza hacia la infancia. 

Sin embargo vivimos en una época de grandes paradojas. De intensas contradicciones porque estamos sobrecargados y desorientados. Todos, docentes y escolares viven la educación como un suplicio necesario. Niños/as solitarios en un mundo tecnológicamente avanzado que reciben muchas cosas, excesivas, que comparten pocas sensaciones y vivencias emocionales, familiares y sociales. Niños/as que se van construyendo una forma de vida donde disfrutar es distraerse y donde la educación se ha convertido en exigencia o condescendencia.  

Y ahora pasaremos a la historia con el paradigma COVID que ha subvertido de forma brutal la realidad infantil, su evolución natural, la libertad del proceso de aprender, el contacto con la vida, la exploración de la realidad y el aprender a descubrir, a intuir y a disfrutar.

Adultos sobrepasados y obedientes a leyes más que incoherentes y adaptados a una sociedad enferma. Tanto padres y madres como profesores son los que están intentando guiar y orientar, enseñar y educar a los niños/as que soportan impotentes e indefensos lo que les está aportando esta nueva forma de entender la vida.

Lucho por una educación que nos enseñe a pensar y no por una educación que nos enseñe a obedecer

Paulo Freire

Cada vez más en el ámbito de la educación y la enseñanza toda la responsabilidad de que algo salga mal recae en los propios niños/as. Así solemos escuchar: no está motivado, es muy vaga, no hace nada, es disruptivo, le cuesta mucho, no atiende, no coge un libro, le cuesta hacer las tareas.

Es cierto que esa parte relacionada con el deseo de hacer, parece que depende de la propia cualidad del niño/a y que la mejor fórmula es etiquetar, estigmatizar o desplazar la responsabilidad hacia los niños/as.

Solo si se valora alguna limitación a nivel mental o cognitivo, se entiende que hay una auténtica dificultad. Se entiende y se medio-atiende. Apoyos, adaptaciones curriculares y lo que se considere necesario. Los sistemas educativos han planteado opciones. Y con mayor o peor acierto se realiza la función de ayudar, apoyar y que se pueda conseguir la adaptación escolar. Y los equipos de apoyo educativo formados por profesionales con sus propias competencias, sus propias creencias y convicciones se ponen a trabajar. 

Formato de disciplina arcaico

¿Qué pasa con los alumnos que no estudian bien porque sienten angustia, están descentrados o desmotivados?  Y lo que es más importante: ¿por qué está pasando?

Muchos docentes no han cambiado la forma de dar sus clases. Explican en formato magistral con recursos modernos y formas anticuadas. No se aprende en clase, se explica en clase. Los menores sienten inseguridad y a veces miedo. No tienen recursos, están necesitados de afecto y disciplina guiada y se exigen efectos con intransigencia. Se les demanda lo que deben saber y se imponen excesivas tareas que fuerzan a una dedicación  extraescolar mayor que nunca.

El formato de disciplina arcaico se mantiene, el respeto de los escolares hacia los docentes se plantea con un discurso frío, distante y lleno de castigos (negativos, partes, notas en agenda, notas por el móvil). No hay relación de confianza, afecto seguro, entre alumnos y maestros. 

El amor es mejor maestro que el deber.

Albert Einstein

Todos entendemos que para hacer algo con gusto tenemos que sentirnos bien. Todos sabemos que un estado de ánimo positivo y alegre nos genera activación y deseo. También que hay situaciones que nos pueden desagradar si están condicionadas a emociones desagradables y negativas. Si nos sentimos mal no nos apetece hacer. Todos necesitamos un estado óptimo para afrontar el malestar. Todo eso lo sabemos. Y que el afecto se respire en los colegios.

Por tanto hay que conseguir una transformación en la dinámica escolar. Hay que potenciar un ambiente que facilite la integración de los alumnos/as. Un ambiente donde el saber se plantee como un proceso personal al que cada niño/a vaya acercándose desde su etapa madurativa.

Mientras se mantenga un discurso aunque sea implícito, basado en la concepción de aptos o no aptos, funcionales o disfuncionales, de capaces o incapaces, en función de que se consigan o no alcanzar los objetivos marcados por los contenidos del currículo establecido, los niños/as estarán sentenciados al sufrimiento, a la tensión y a la angustia escolar.

La niñez es una época de potencial ilimitado, donde cada niño/a tiene posibilidad de alcanzar el éxito personal disfrutando, sintiéndose capaz, competente y seguro de sí mismo. Cada cual desarrollará sus competencias sin que haya más diferencias que las que su maduración y potencial natural determine. Eso permitirá que se orienten hacia unos desarrollos académicos futuros de un tipo o de otro. Todos, absolutamente todos, tenemos que disfrutar de lo que aprendemos, de lo que queremos hacer, de cómo queremos hacerlo y hacia donde queremos dirigir nuestros aprendizajes. 

Todos los niños pueden aprender solo que no a la misma vez, ni de la misma manera.

George Evans

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