LA INTERACCIÓN CON LOS DEMÁS

El análisis transaccional es una teoría de la personalidad desarrollada por Eric Berne que pretende explicar cómo somos y cómo nos relacionamos con nosotros mismos y con los demás. Es un modelo que explica cómo se construye nuestra forma de ser. También nos muestra cuál es la disposición que tenemos en la interacción con los demás, la forma en que nos relacionamos y la posición desde la que partimos. Eric Berne lo llama transacción. Así la disposición, la forma en que nos comuniquemos y lo que esperamos en el vínculo con los demás, va a definir distintas posiciones existenciales.

Así clasifica cuatro posiciones existenciales que adoptamos cuando nos relacionamos con las personas que nos rodean. Esas posiciones nos llevan a percibir, sentir y tratar a los demás con respeto y equidad recíproca, ascendencia y superioridad, sumisión e inferioridad o reactividad y confrontación. Aunque no son posiciones totalmente puras, puede haber interferencias y fluctuar por otras posiciones dependiendo de cómo sean las posiciones de los demás con nosotros. Lo habitual es que tengamos una posición existencial preferente o de mayor fuerza en los vínculos con los demás. Esas posiciones serían:

  • “Yo estoy bien ———– Tú estás bien”
  • “Yo estoy bien ———– Tú estás mal”
  • “Yo estoy mal ———— Tú estás bien”
  • “Yo estoy mal ———— Tú estás mal”.

Es increíble pensar, al principio, que el destino del hombre, toda su nobleza y toda su degradación, sea decidido por un niño de no más de seis años, y generalmente de tres.

Eric Berne

Así hacemos transacciones que fortalecen nuestra capacidad de independencia, autonomía y auto-regulación (Yo estoy bien, Tú estás bien). O transacciones que generan dependencia y necesidad de posicionarnos con los demás, de forma que se produce sufrimiento y malestar en una de las partes implicadas o en ambas (las otras tres posiciones). 


Nuestra posición existencial en la niñez

La niñez es el momento en el que desarrollamos nuestra posición existencial. Suele partir de la posición: “Yo estoy mal, Tú estás bien” porque somos dependientes y sin recursos. Necesitamos conseguir que nos cubran las necesidades afectivas y emocionales que todavía no podemos regular de forma autónoma. 

Si la persona adulta que se relaciona con nosotros nos aporta los nutrientes de seguridad y nos transmite confianza, dándonos libertad para avanzar progresivamente de forma independiente en la realidad que vivimos, iremos desarrollando recursos propios y competencias personales para transitar por la vida de forma responsable y libre. En nuestra etapa adulta desarrollaremos la posición existencial: “Yo estoy bien, Tú estás bien”.

En cambio, si durante la infancia nos resuelven, nos permiten todo y nos protegen de toda adversidad, sentimos bienestar pero dependemos del mundo adulto. Así potenciamos una sensación de despotismo hacia quienes nos rodean para poder conseguir nuestro aparente bienestar. Los demás tienen la “obligación” existencial de resolvernos los problemas. Realmente nuestras transacciones serán desde la posición de: “Yo estoy bien, Tú estás mal”.

Si nos educan con actitudes de refuerzo y condicionamiento, valorando nuestras conductas y respuestas en función de lo que el mundo adulto considere adecuado, pero sin atender a nuestras posibilidades e inquietudes, forzamos nuestra conducta para ser aprobados, nos sentimos inseguros porque no transitamos desde lo que somos sino desde lo que esperan que seamos. Por tanto, no aprendemos a respetar nuestra realidad existencial personal. Así cuando nos hacemos adultos, desarrollamos una posición existencial de: ” Yo estoy mal, Tú estás bien”.


Inseguridad, baja autoestima y frustración en la etapa infantil

¿Pero qué ocurre si en la etapa infantil donde deberíamos sentir que el mundo adulto o nuestras figuras de referencia deberían aportarnos seguridad y confianza, nos exigen más de lo que podemos, nos juzgan por ello o nos condicionan si no lo conseguimos? Ocurre que en lugar de transitar con bienestar hacia el desarrollo de confianza y autonomía, potenciamos más inseguridad y baja autoestima. Conectamos con rabia o impotencia. Tenderemos a exigir y pedir más a los demás sin conseguir nunca satisfacción. Trasladamos al otro frustración o insatisfacción. Esto puede dar lugar al desarrollo adulto de la posición existencial: “Yo estoy mal, Tú estás mal” .

La posición existencial de la que partimos en la infancia y la idea que hemos desarrollado de nosotros mismos y de nuestras capacidades para afrontar la vida, no es inamovible. De hecho el sufrimiento que generan las tres posiciones existenciales “dependientes” son foco de problemas, dificultades y desajustes emocionales de distinta gravedad en nuestro devenir vital. En los momentos de crisis existencial, donde pueden aparecer distintos síntomas desreguladores o producirse circunstancias vitales altamente estresantes, las personas necesitamos encontrar soluciones para poder liberarnos de la carga de dolor y perturbación que sentimos.

Vive tus relaciones desde un plano de igualdad, desde una posición “yo estoy bien / tú estás bien.

Claude Steiner

Una de las formas de conseguir cambios útiles y liberadores, es ser conocedores de las distintas posiciones. Es decir, tomar conciencia de cómo podemos liberarnos de las creencias sobre nosotros y nuestras competencias. Y avanzar hacia la posición existencial sana de: “Yo estoy bien, Tú estás bien”. Poder conocer qué nos faltó en la infancia para construir una identidad libre y segura. Ayudar a nuestra parte vulnerable a crecer con la ayuda de actitudes, mensajes considerados y respetuosos. Aprender a confiar en nuestros recursos, respetando nuestras posibilidades.


Respeta tu bienestar y el de los demás

Disminuir nuestra susceptibilidad y responder desde un plano objetivo y sensato, sin dejar que nos condicione lo que creamos que esperan los demás. Saber que nuestra forma de proceder tiene que ser coherente y consistente con nuestros deseos y sensaciones para no sobrecargarnos.  Conseguir que nuestro diálogo interno sea constructivo y respetuoso con nuestra realidad emocional y vital.

No es sencillo pero es necesario si queremos conseguir que nuestra estabilidad emocional prospere, que evolucionemos y dejemos de vivir de las páginas amarillas que marcaron un guión vital insatisfactorio. Esto solo nos está generando bloqueos, problemas y desajustes. Solo reencuadrando el guión y haciendo uno nuevo lleno de amor, comprensión y respeto podremos evolucionar, ser felices y fuertes, creando armonía en nuestra estructura interna y satisfacción en las relaciones personales con los que nos rodean. 

Conecta con tu infancia y mira qué puedes cambiar y qué puedes darle a la niña o al niño que está dentro de ti. El objetivo es que en cualquier transacción con el mundo respetes tu bienestar y el del otro. Solo así cada uno desarrollará competencias reales de auténtica seguridad desde su propia regulación sin dejarse someter, sin frustrarse por el NO de los demás y sin sufrir conflictos relacionales que dañan a ambos en la transacción.

La posición existencial “Yo estoy bien, Tú estás bien” es una posición independiente que favorece un ánimo de satisfacción y de logro interior responsable y respetuoso con uno mismo y con los demás. Es vitalista, objetiva, positiva y flexible. 

Mantén tu autonomía: te encuentres en la situación en la te encuentres, encuentra donde está tu espacio de libertad, aquél en el que puedes elegir y tomar tus propias decisiones.

Claude Steiner

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