LA FARSA DE LAS RELIGIONES

Al nacer me bautizaron mediante el rito católico y a los nueve años tomé la comunión. Por tanto podemos considerar que pertenecí a la religión católica, una de las religiones más influyentes del mundo, durante los primeros años de mi vida hasta que crecí lo suficiente para percibir que había algo en este rito que no me acababa de encajar.

Lo que más me chocaba era la actitud de ciertos feligreses que acudían a misa con regularidad. Supuestamente la asistencia a la eucaristía era una especie de alimento para el alma, el cual te ayudaba a convertirte en un mejor ser humano, más altruista y generoso. Nada más lejos de la realidad en alguno de los casos. No solo no eran mejores seres humanos, sino que eran viles y miserables de puertas para afuera de la iglesia.

Parecía como si al cruzar la puerta del templo sagrado y salir a la calle, tenían permiso para hacer todas las putadas que quisieran. Total, con volver la semana siguiente a la iglesia y rezar unos avemarías era suficiente para redimir sus “pecados” y así poder volver a hacer de las suyas, convirtiendo este ciclo en un hábito un tanto destructivo tanto para ellos como para los demás. Esta incongruencia me llamó tanto la atención en su momento que llegué a convertirme en un católico no practicante, es decir un ser humano que fue incluido en las listas del Vaticano al nacer, pero que “pasa” del tema cuando llega a adulto.

Mezquita de Córdoba, la prueba irrefutable

Recientemente he podido comprobar que las religiones en general han sido un invento que unos pocos idearon en un momento determinado de la historia para controlar al resto. Sé que puede sonar duro, sobre todo si profesas alguna religión, pero es la conclusión a la que he podido llegar después de visitar la famosa Mezquita de Córdoba, un fastuoso monumento cristiano, que una vez fue musulmán.

En este artículo no voy a extenderme en explicar la historia de esta colosal y maravillosa arquitectura, solo la voy a tomar como prueba, a mi juicio irrefutable, de que las religiones fueron (y siguen siendo) excusas que utilizaban los mandamases de turno para conseguir principalmente dos objetivos: primero controlar a la población y segundo demostrarles que ellos “la tenían más larga que nadie”.

Sin ir más lejos, dentro de la Mezquita de Córdoba, originariamente de estilo musulmán, se construyó una catedral cristiana porque al “mandamás” de turno se le antojó hacerlo así, por sus “santas pelotas”, a pesar de la negativa del pueblo cordobés de aquellos tiempos. Esta es la prueba principal de que los mandamases están por encima de religiones y credos y que les importa más bien poco la opinión del pueblo al que, supuestamente, dirigen y sirven.

No obstante, a pesar de la farsa que son las religiones, estas nos obsequian con increíbles monumentos como la Mezquita de Córdoba mencionada, así como otros muchos a lo largo y ancho del mundo. Como ves, querido lector, nada es bueno o malo, todo en la vida tiene su razón de ser y nuestro deber es encontrar esa esencia y sacarle el jugo.


Tags from the story
, ,
More from Óscar Gavilán
POEMA:»ELEGIR»
Elegir digerir lo indigesto Es lo dispuesto Elegir el color de tus...
Read More
Leave a comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.