LA FAMILIA, EL NUTRIENTE DE LA VIDA

FAMILIA

Si hay un lazo afectivo, importante e imprescindible, es el que construyen los hijos con sus madres. Porque en la vinculación con los hijos está impregnado el afecto natural, el de la protección de la especie, es decir, el de garantizar la supervivencia de nuestros genes.

Para que esto se produzca, la naturaleza nos dota de conexiones neurofisiológicas, bioquímicas y neuroafectivas. Así, los hijos se vinculan desde la seguridad de que sus madres son su estructura de nutrición primaria para la vida. Suponen la base del amparo y la protección para avanzar, desarrollarse y evolucionar.

La familia es una de las obras maestras de la naturaleza.

George Santayana

Luego vendrán los padres, ese nutriente que sigue a la gestación, a la primaria, la intrauterina, y a la secundaria, los 18 meses siguientes al parto, donde comienzan a integrarse como figuras de apoyo nutriente junto a la madre.

Y, por otro lado, el resto de la familia, como figuras de apego, se configuran como el lugar ideal, como el hogar natural donde los pequeños buscan su estabilidad, su cobertura, su configuración personal para desarrollar su identidad, sus competencias emocionales, sus competencias personales y así sentirse seguros ante cualquier demanda vital.

La Familia, refuerza el crecimiento de nuestros hijos

Por lo tanto, cuanto mejor son los lazos, mejores las competencias que los hijos desarrollan, competencias humanas, emocionales, cognitivas, volitivas y afectivas, competencias personales y competencias sociales, competencias  de regulación vital y de equilibrio emocional.

Y, aún así, da igual si los padres son mejores, tienen más conocimientos, mejores habilidades o más recursos vitales. La necesidad de los hijos es que sean ellos capaces de atenderles, de quererles y apoyarles para identificarse, para sentir que son alguien, que pertenecen al mundo porque desde que eran pequeños les cubrieron de atención , de afecto, con interés y con mimo todas sus necesidades. Y, si por algún motivo, hay faltantes o no han podido cubrirse todas las necesidades en el vínculo afectivo, los hijos  buscarán constantemente que sean ellos los únicos responsables de aceptarles en el mundo.

Por eso la sociedad ha de valorar y cuidar a los padres, a la familia, para que ningún niño pueda sentir la sensación de no tener el apoyo, de no tener un lugar donde puedan conectar con el vínculo natural que les da su referencia y formación esencial.

Y optimizar las relaciones de los niños con sus padres, les hará aumentar la capacidad de mejorar la calidad del vínculo parental cuando  tengan descendencia.

Y, tenemos que ser conscientes, que nadie somos perfectos porque somos herederos de los fallos que vivió nuestra niñez, pero, indudablemente, la conexión con los padres favorece el crecimiento, favorece el vínculo transgeneracional para que en algún momento del proceso evolutivo se regule, se resuelva y se favorezca la sanación natural de lo que, en algún momento, se quedó desatendido.

No es pensar en perfección con ideologías establecidas o utilizar a la fuerza el control de la conducta o el condicionamiento, es confiar en la capacidad natural y transgeneracional de mejorar nuestra especie por lazos de consanguineidad, por la vía familiar.

Y, quién de forma simplista, superficial y banal, con intenciones espurias, rompa la estructura natural del vínculo parental y del vínculo filial, estará destrozando la esencia, la brújula natural que busca optimizar la dirección de la vida, del proceso evolutivo para conseguir crecer con los mejores recursos personales y enfrentarse hacia el futuro.

Exigir a los progenitores, para respetarlos, que estén libres de defecto y que sean la perfección de la humanidad es soberbia e injusticia.

Silvio Pellico

Si no quedara más remedio, porque no hubiera ningún vínculo familiar que pudiera acoger a nuestros niños pequeños, entonces, debemos conseguir una estructura afectiva, segura y llena de vida que les de compensación con creces, de las ausencias, de los vacíos psíquicos y emocionales que la vida les quitó al no tener su familia.

Si no es así, la injerencia de meterse en la familia, imponer y cortar los vínculos familiares, se convierte en la violencia más terrible de la vida. Y quien ose utilizarla, además de irresponsable, de ruin y miserable, demostrará incompetencia o interés abominable.

Es así, y no lo dice sólo la ciencia, lo diría cualquier hijo, cualquier hija de la vida, que cuando siente el amor de su madre, de su padre o de algún familiar, la vida cobra sentido y se siente más capaz de afrontar cualquier situación vital y si no siente ese apoyo, busca, incesantemente, la forma de sentir cariño, de conectar con la esencia que le aporte atención, confianza y amor con el vínculo nutriente del contexto familiar.

No hay amor más incondicional que el de la madre, los padres y la familia natural, sobre todo no hay mayor necesidad, por parte de cualquier hijo, que esto se llegue a alcanzar.

Cuidemos a la familia, el nutriente de los hijos y el de nuestra sociedad.

Un hogar no es un edificio, ni una calle ni una ciudad; no tiene nada que ver con cosas tan materiales como los ladrillos y el cemento. Un hogar es donde está tu familia, ¿Entiendes?

John Boyne

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