LA ÉTICA Y LA ESTÉTICA DE LA AUTORIDAD

Actuar de forma ética es la forma más encomiable de mostrar madurez humana y personal en el trato hacia los demás. La estética de la ética es indiscutiblemente universal y cuando la llevan a cabo figuras de autoridad se convierte en una estética dignificante y bella. La autoridad es una posición que otorga un poder especial y que cobra verdadero sentido cuando su objetivo es hacer el bien por los demás. 

Después del poder, nada hay tan excelso como saber tener dominio de su uso.

Jean Paul Richter

Pero en muchas ocasiones, la autoridad llegan a tenerla personas inmaduras, manipuladoras, insensibles, inconscientes, malvadas o pusilánimes. Es por este motivo por el que la autoridad no se puede ostentar con autonomía total. Para que haya justicia, la posición de autoridad debiera estar ligada a la supervisión y al control. Quien desempeñe una justa autoridad debería asumir que va a perder libertad en su actuación frente a quien la ejerce.

La autoridad: rectitud al proceder y equidad

Los vulnerables son aquellos que están subordinados a las personas con autoridad desde el momento en que éstas tienen poder sobre ellas. Por este motivo, para preservar un trato humanizado y correcto hacia ellos, los que tienen autoridad deben actuar con todas las garantías para preservar objetividad: rectitud en el proceder y equidad.

Solo con transparencia y supervisión se puede garantizar que no se produzca abuso, parcialidad, injusticia y perversión. Quien no entienda estas premisas, no debería bajo ningún concepto, asumir la autoridad porque se favorece una forma de actuar arbitraria, subjetiva y parcial.

El poder tiene tendencia a ser subjetivo y despótico. La libertad de poder favorece por tanto, la indignidad, la corrupción, la maldad y el daño.

El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente.

Lord Acton

Quien tenga el poder de dar autoridad a personas y no les exija que se respeten unos principios éticos básicos y se garantice el control de sus conductas, o es que tiene otros intereses o quiere que se produzcan actuaciones caóticas y dañinas. 

Principios básicos de dignidad humana

En cualquier situación donde haya una posición de poder sobre otro, debe primar la capacidad de ser más humano hacia la persona vulnerable. Así, es fundamental que cualquier persona con autoridad, se guíe por los principios básicos de dignidad humana. 

– Principio de respeto. Todo ser humano ha de ser tratado con la dignidad y valor inherentes a su ser. Por tanto, nadie puede tratar a otro ser humano como un medio para conseguir un fin, aprovecharse, manipularle o dañarle desde la posición de poder o autoridad sobre él. Una fórmula óptima para que alguien con autoridad comprenda el principio de respeto, se basa en plantearse la reversibilidad de la acción. Es decir, si la persona que ejerce la acción querría que alguien le hiciera lo que ella le está haciendo al que está sometido a su autoridad. 

– Principio de no-malevolencia y de benevolencia. En toda conducta hacia los demás hay que evitar hacer daño y favorecer el bienestar. Si se tiene autoridad, hay que buscar el efecto beneficioso hacia la persona con la que se trata.

– Principio de integridad. La integridad es la forma más excelsa de respeto hacia uno mismo. Desde ahí se puede actuar de forma satisfactoria y ejemplar con uno mismo y con los demás.

– Principio de doble efecto. En el trato hacia los demás, hay que buscar siempre el efecto beneficioso. Considerando cualquier actuación desde el más esencial respeto, asegurar siempre que ese trato no implique efectos secundarios malos y desproporcionados respecto al fin que se persigue.

– Principio de justicia. Tratar a cualquier persona de igual forma en circunstancias iguales o semejantes.

– Principio de utilidad. Cualquier decisión que se tome debe producir el mayor beneficio para el mayor número de personas.

Si es comprensible que en cualquier dinámica de relación social, existan posiciones de autoridad para regular y preservar que los seres humanos podamos convivir dignamente, es imprescindible que los que la ostentan sean un modelo de ética al servicio de los que necesiten su apoyo o su ayuda. 

Es fundamental para quien esté en una posición de autoridad, tener un trato amable y considerado para que jamás ninguna persona pueda sentirse despreciada o dañada en esa relación. El trato dignificante hacia quien está en una situación de inferioridad o dependencia engrandece a la persona que lo utiliza.

Igualmente es imprescindible que cualquier persona que tenga poder sobre otro, sea un modelo en el trato y en la relación personal y humana. Demostrar con sus actos la capacidad de comprender y ponerse en el lugar de quién esté siendo atendido, protegido o incluso reprobado o sancionado por su conducta. 

 Las autoridades son legítimas cuando sirven al bien, cesan de serlo al cesar de servirlo.

Ramiro de Maeztu

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