LA ECPATÍA: LA OTRA CARA DE LA EMPATÍA

La capacidad de sintonizar con las sensaciones y emociones de los demás, de llegar a comprenderlas o incluso adoptar una actitud de atención, consideración y ayuda hacia sus necesidades emocionales, se llama empatía. Como cualquier proceso de regulación psicológico, la empatía tiene como complemento una actitud que favorece la protección del sentir propio y regula la estabilidad emocional de quien establece el vínculo empático hacia el otro. Esa actitud se conoce como ecpatía. 

Ambos procesos, la empatía y la ecpatía, dependen de la parte que atiende, no de la parte atendida. Y es responsabilidad de quien atiende buscar un vínculo sano de respeto mutuo al sentir compartido. Empatizar no es simpatizar, es conectar con la percepción y sensibilidad de la otra persona. Y llegar a establecer una actitud que favorezca el equilibrio y el bienestar esencial desde la protección y el apoyo emocional.

Adoptar una actitud ecpática no es rechazar el sentir de quien es atendido, es regular y proteger el propio sentir. Respetando así las posibilidades, los ritmos. Y hacer un tándem equilibrado al atender emocionalmente a la parte afectada. Es por tanto muy necesario ser conscientes de que en un vínculo relacional, el sentir compartido debe ser atendido por procesos que favorezcan la estabilidad mutua. 

Ecpatía y empatía: respetar el equilibrio emocional

El que sintoniza es quién debe tener el recurso psicoafectivo de proteger su propio bienestar y su estabilidad emocional para impedir la intromisión y la desregulación emocional que puede causarle el vínculo con la otra persona. Sí, al sintonizar emocionalmente con alguien, se desarrolla una actitud donde se asume como propio el malestar de la otra persona. Puede ocurrir que quien apoya se convierta en víctima propiciatoria de quién es apoyado. 

Respetar el proceso de conexión con el otro es fundamental. Sólo así se conseguirá que la parte afectada asuma responsabilidad en su proceso de equilibrio emocional. Para mantener el equilibrio entre la empatía y la ecpatía es fundamental:

  • Sintonizar, aportar comprensión mutua, ayudar a buscar soluciones favoreciendo que la parte atendida se implique en su proceso de cambio. Desconectar de sensaciones que condicionen o produzcan tensión o malestar en quien ayuda. 
  • Confiar en que en un vínculo de sintonía y apoyo, los límites ante la demanda de la parte afectada favorecen su proactividad y su capacidad de autorregulación. 

Al fin y al cabo, en el proceso de atender desde el amor a las necesidades ajenas se pasa necesariamente por atender y cuidar de las propias necesidades. Así se consigue el auténtico balance afectivo del vínculo relacional.

Si no nos amásemos a nosotros mismos en absoluto, nunca podríamos amar nada. El amor propio es la base de todo amor

Thomas Traherne

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