LA CRISIS SOCIAL Y NUESTRA FORMA DE ACTUAR

Estamos viviendo una crisis social que afecta a nuestra salud y sin duda, a la salud emocional. Una crisis que muestra nuestra forma de actuar tanto en el plano individual como en el plano colectivo. Es aquí donde muchos enfoques de la psicología, podrían explicar el comportamiento del ser humano en estos momentos extraños donde el cambio se produce desde una interacción entre una presión vertical de autoridad mundial y un colectivo social que responde ante ella.

Se observan formas de proceder que instan a que el colectivo humano responda al son que le tocan y se evidencia como, de una manera o de otra, las personas terminamos actuando como el poder quiere que lo hagamos. 

Las crisis generan miedo y ansiedad

Las crisis conectan con la incertidumbre y la incertidumbre conecta con los miedos. Y los miedos con la ansiedad y la excitabilidad. Aparecerán conductas de sumisión, de negación, desplazamiento o bloqueo. También aparecen conductas reactivas o rebeldes. Las redes están que queman. Pero lo que no cabe duda es que la salud es equilibrio y desaparece si se produce indefensión y destrucción de la estabilidad emocional. Solo entendiendo lo que está pasando y potenciando nuestra individuación, podremos decidir libremente dónde queremos estar y cómo queremos actuar. 

Eric Berne, padre del Análisis Transaccional desarrolló un modelo teórico sobre la forma en que nos relacionamos con nosotros mismos y con el mundo. De cómo respondemos ante determinadas circunstancias. Este modelo explica una estructura del ser subdividida en tres estados que se expresan con diferentes patrones de conductas y  que responden a formas distintas de operar y por tanto de responder ante lo que sucede y ante lo que vivimos.

No hay que temer nada en la vida, solo hay que entenderlo. Ahora es el momento de entender más, para que podamos temer menos.

Marie Curie

La teoría de los tres estados del Yo define que cualquier persona tiene una forma de interpretar y responder ante la realidad en función del estado del Yo con el que conecte. Los estados del Yo serían, el estado del Yo Padre (Madre), el estado del Yo Niño (Niña) y el estado del Yo Adulto/a. 

Los 3 Estados del Yo

El estado del Yo Padre es aquel que se va desarrollando a lo largo de la vida por la integración de las formas de actuar que los vínculos parentales u otras personas relevantes de la infancia han tenido sobre las personas. Así en este estado del yo se encuentran todas las posiciones basadas en lo normativo, en los juicios de valor, prejuicios, creencias, ideas preconcebidas, juicio moral, etc.

Dentro del estado del Yo Padre, puede existir un estado de Padre nutritivo o un estado de Padre crítico. Habrá personas que tengan una mayor tendencia a conectar con el estado de Padre nutritivo y otras con el estado de Padre crítico. Pueden ser variadas las formas en que se manifieste en función de las circunstancias y en función de la influencia del modelo de comportamiento que las figuras parentales y de autoridad  hayan tenido con la persona durante su niñez.  

El estado del Yo Niño es el que está relacionado con el plano emocional, con las sensaciones y con las respuestas naturales que surgen del sentir. Son el reflejo de las respuestas que se han tenido en la infancia. Por tanto desde este estado, también se puede responder con patrones de conducta aprendidos durante la infancia.

Así la persona que reacciona desde su estado de Yo Niño/a puede conectarse con el estado del Niño adaptado al condicionamiento aprendido bien como estado sumiso, retraído o rebelde, o también con el estado del Niño libre. Según hayan sido las transacciones en la infancia con sus figuras relevantes, el Yo Niño actuará de una manera o de otra. Aunque suele haber una predisposición a que el estado del Yo Niño se identifique con la forma habitual en que ha aprendido en su infancia.  

El estado del Yo Adulto se nutre de la experiencia y de la naturaleza esencial desde lo que produce un beneficio general para la persona. Es el que plantea objetivamente lo que puede favorecer un equilibrio entre lo que sucede y como enfrentarnos a ello, entre lo que pensamos, lo que sentimos y lo que hacemos.

Estos estados generan bienestar o desajuste personal

Es pragmático y realista. Busca soluciones y favorece la adaptación a las circunstancias vitales. Es el que puede ayudar a mantener un vínculo sano y útil entre el estado Padre y el estado Niño. El estado del Yo Adulto puede ser más reflexivo o más creativo. En cualquier caso, es el que busca respuestas que optimicen soluciones estables y adaptativas. Es el que quiere llegar a acuerdos entre el Yo Padre y el Yo niño para conseguir respuestas efectivas y armoniosas.

Por tanto el estado del Yo Padre o el estado del Yo Niño tienen vertientes positivas o negativas que favorecen un estado de bienestar o que por el contrario generan desajuste personal. Los estados del Yo conforman lo que somos y cómo nos comportamos y estamos activos durante toda la vida. Durante el proceso vital se van integrando formas de sentir, de vivir y de actuar que van definiendo nuestra forma de ser, nuestra personalidad. 

Todas sus decisiones las toman cuatro o cinco personas dentro de su cabeza, y aunque usted puede no hacerles caso, estarán ahí la próxima vez si se molesta en escucharlas.

Eric Berne

Nos vamos construyendo desde nuestra esencia natural y en relación con las experiencias que tenemos con las figuras de apego, parentales o relevantes de la infancia, con las que convivimos o nos relacionamos. Se van integrando formas de pensar, de sentir y de actuar que se identifican con los distintos estados del yo ante los estímulos que recibimos en la relación interpersonal y en la realidad social. 

Al tipo de relaciones entre lo que recibimos del entorno, el estado del Yo con el que conectamos y la respuesta que damos, Eric Berne lo llamó transacciones.

¿En qué estado del Yo te encuentras?

En este momento social donde la autoridad la determina el Estado sobre la sociedad, adoptando una actitud paternalista, normativa y transmitiendo mensajes de Yo Padre crítico y controlador, se tiende a activar respuestas sociales del estado del Yo Niño en las personas.

El estado de Yo prioritario que nos hace arrinconarnos, someternos y callarnos ante cualquier amenaza, alarmismo, imposición o injusticia es el del estado del Yo Niño. Aparecen los miedos, la indefensión, la sumisión y la abnegación. Nos conectamos con nuestro estado adaptado a lo que nos digan, bien sumiso o retraído. Pero aunque tengamos las de perder,  también puede aparecer el estado del Yo Rebelde. Y en algunos pocos casos, aparece algún retazo del estado del Yo Libre.

El estado de Niño Adaptado sabe que es mejor someterse ante el poder que liberarse de él. Siempre está conectado con el estado del Padre crítico y muy poco con el estado del Yo Adulto. Ha aprendido que quien tiene autoridad, tiene la potestad y asumirlo le hace sentir seguridad. Es mejor llevarse bien con el que tiene poder. A veces, se siente un poco dolido y se queja, se rebela, pero, a la larga, necesita confiar en lo que digan y transmitan la figuras de autoridad.

Para el Niño de la persona ser bueno significa hacer lo que sus padres le dijeron que hiciera en la primera infancia. El ser bueno puede ir desde no causar problemas a ser un genocida, pues en ambos casos se sigue la orden paterna. Y mientras el Niño de la persona siga las directrices Parentales, mantendrá la protección y el afecto del Yo Padre.

Eric Berne

Así termina aceptando y creyéndose lo que está sucediendo. Si no lo hiciera, entraría en confusión, en miedo ante la reacción o en la sensación de no tener dirección vital. Se sentiría muy mal. Y el Yo Niño que se adapta incondicionalmente al despotismo teme lo que va a pasar si no hace caso. Por eso cualquier cuestionamiento ante lo establecido por la autoridad, lo rechaza, porque así evita sentir un desajuste de miedo irracional y vital. 

Ante la crisis elige el estado del Yo libre

El estado del Yo Libre al contrario que el estado del Yo Adaptado, piensa por su propia cuenta, no se cree lo que le dicen si es incoherente o injusto. No se subyuga ni agobia. Es natural y espontáneo. No teme lo que puede pasar, pero es prudente y charla con su Yo Adulto para buscar algún plan que le pueda aportar equilibrio y bienestar.

Es paciente para afrontar el proceso donde tiene que asumir que mientras no haya recursos, lo mejor es observar, cuestionar y decidir aunque no sea aún el momento. Es reflexivo porque le ayuda su Yo adulto. También conecta con frecuencia con el estado del Yo Padre nutritivo y positivo. Por eso, confía en que encontrará la forma de afrontar lo que tenga que pasar.

El Niño en la persona es en potencia capaz de contribuir a su personalidad exactamente como un niño feliz y real es capaz de contribuir en la vida familiar.

Eric Berne

El miedo por tanto, es la respuesta del Yo niño antítesis a la respuesta del Amor. Es la que se resuena y se activa con el Yo Padre crítico y autoritario y no con el Yo protector y liberador de tensión. Es importante por tanto escuchar lo que sentimos y encontrar la fuente para conectar con el Amor interior, con sensaciones de paz, confianza y estabilidad emocional. Ese es el vínculo de Amor y lo que le desajusta es el vínculo del miedo. Una vez que conectemos con el Yo Nutriente podemos conectar con el Yo Adulto y empezar a activar a nuestro estado del Yo LIBRE.

El miedo atenaza, anula, somete… y una sociedad asustada, retroalimentada por el ambiente psicoemocional y social contaminado en el que nos hallamos inmersos, corre el riesgo de ceder y finalmente entregar su libertad a cambio de una supuesta seguridad. 

Dr. Karmelo Bizkarra Maiztegi

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