LA CONFIANZA COMO ALIADA ANTE LA ADVERSIDAD

La confianza es una sensación esencial. Posiblemente la más útil para sentirnos mejor, afrontar la adversidad y adaptarnos a los tránsitos vitales. La vida es un proceso de afrontamiento continuo. Vivimos, disfrutamos, nos frustramos, nos asustamos, nos angustiamos, nos entristecemos, nos enamoramos, en fin, aprendemos y evolucionamos.

La confianza: sensación de plenitud

La idea de que todo tiene que ir bien en la vida es una creencia absolutamente falsa porque la vida es un camino de pruebas para aprender y desarrollar nuestros recursos potenciales. Cada circunstancia vital nos permite superar nuestras limitaciones y conseguir logros internos de conexión con la satisfacción y el bienestar, potenciar la confianza como sensación de plenitud y capacidad para seguir viviendo y evolucionando.

Al final todo acaba bien. Y si no acaba bien, es que aún no es el final.

El exótico Hotel Marigold

Cuántas veces se cae un niño, cuántas veces se equivoca, cuántas veces repite el mismo movimiento sin obtener solución, y de repente, lo consigue. Entonces desarrolla una competencia que le permite avanzar y que le va a ser útil para desarrollar otra competencia superior. En ese espacio se desarrolla la sensación de confianza, la que permite seguir avanzando y transformar su percepción.

Debemos integrar los problemas como retos vitales, como formas de activar fases de aprendizaje, de incompetencia inconsciente pasamos a incompetencia consciente, de ahí a competencia consciente y finalmente desarrollamos la competencia inconsciente. Es cierto que el aprendizaje debe forjarse desde una sensación de estabilidad afectiva; a veces, la frustración es una sensación que nos permite saber qué hay que buscar otras opciones.

Si se interfiere el proceso con presiones, sanciones y tensiones, entonces cualquier reto personal se convierte en incertidumbre, en amenaza y se bloquea el proceso de aprendizaje. Al final el ser humano tiene miedo adquirido a afrontar cualquier situación potencial de aprendizaje vital. Pero ese miedo no es real, se ha integrado por interferencias en el proceso de aprendizaje natural.

La vida como constante evolución

Un principio que debemos tener en cuenta para comprender qué es y cómo desarrollar confianza es el siguiente: venimos a la vida para evolucionar. Y cada vez que surge un problema es para conseguir desarrollar una competencia evolutiva. En nuestro corto paso por la vida, tenemos la función natural de optimizar nuestros aprendizajes heredados y adquiridos. Hay que confiar en que cualquier proceso vital nos quiere ayudar a mejorar, ese es el objetivo que hay que respetar.

Aunque en ocasiones nos sucedan situaciones difíciles, duras o intensamente dolorosas no significa que tengamos mala suerte, significa que tenemos que aprender a desarrollar recursos más adecuados, más adaptados a lo que necesitamos. Y cuando conectamos con lo que necesitamos para seguir adelante, encontramos equilibrio y ajuste interior; esa sensación de conexión nos hace sentir seguridad y motivación para seguir adelante. Y ese es el disfrute vital. 

En muchas ocasiones nuestra forma de actuar es, en sí misma, limitativa porque tememos sentirnos mal y no vemos soluciones. Nos quedamos atrapados en la frustración. La estructura adaptativa siempre nos informa de cómo estamos y cuando lo que sucede nos hace sentirnos mal, es porque ese no es el camino. Por tanto, la sensación de malestar es un indicador de cambio, de búsqueda de soluciones alternativas, de reencuadrar nuestra vida y tomar decisiones liberadoras. 

Las sensaciones, las aliadas de la confianza

La confianza no se basa en expectativas, se guía por sensaciones; escuchamos, conectamos, esperamos, nos recuperamos y seguimos afrontando. Cuando se siente confianza, se siente seguridad. Es en ese momento cuando aprendemos a desarrollar la capacidad para seguir adelante. Por lo tanto, confiar no es esperar que las cosas salgan bien, es tener la convicción de que pase lo que pase lo podremos afrontar, que lo que suceda es una información útil para nuestra vida.

Hay que tener en cuenta que, todo lo que sucede, nos da información para saber qué es lo que podemos hacer, pero tenemos que respetar nuestras sensaciones, dejar que nuestras emociones se regulen y así, cuando encontremos estabilidad, dar un nuevo paso hacia adelante. La confianza se nutre de bienestar, no se aferra al desajuste, ni a la tensión emocional: esas la aniquilan. 

Confiar es reencuadrar la vida desde lo que hay, no desde lo que debería haber. La confianza es la adaptación permanente a los tránsitos vitales. No podemos ver la vida desde lo que puede salir mal, porque se acaba la confianza. Estamos acostumbrados a creer que algo sale bien cuando se cumple lo previsto, que sale como nuestras expectativas nos marcaban; y va la vida y nos dice que no y entonces, sabemos que ese no era el camino. 

El camino como aprendizaje

Somos más desconfiados cuando en nuestra niñez la vida la hemos percibido desde la incertidumbre, desde la indefensión. Pero ese es uno de los aspectos que tenemos que resolver. La vida está llena de certezas que dependen de uno mismo. Hay que atenderlas y gestionarlas. Allí comienza la confianza, entonces, confiamos en lo que quiere la vida que desarrollemos y, además, nos enseña a dejar de temer lo que no sale como queremos. 

Tampoco podemos  ver la vida desde lo que debe salir bien, se ahoga la confianza. Las cosas salen muchas veces mal. El sesgo cognitivo del ser humano es enorme. Pero creemos que lo sabemos todo y que todo debe ser o salir de una determinada manera: nos equivocamos, nos engañamos y nos desajustamos porque la verdad es que no sabemos todo lo que tiene que suceder para que salgan bien las cosas.

Y no sabemos el camino, lo vamos descubriendo conectando con dosis afectivas de confianza. No sabemos si las cosas que aparentemente salen mal, son necesarias para aprender un recurso vital que vamos a tener que utilizar en el futuro. Ver la vida desde lo que ocurre, no desde lo que debería ocurrir, nos está enfrentando a la realidad para afrontar y para seguir adelante. Porque lo que ocurre, no siempre es satisfactorio, pero siempre es necesario. 

La libertad desarrolla la confianza

Vivir plenamente es vivir desde la libertad de ser, desde la confianza en la vida. Aprender, aceptar y seguir sabiendo que cada momento vital nos permite descubrir nuestras debilidades para desarrollar competencias personales. No existe más libertad que dejarnos ser, escucharnos y nutrir el espacio emocional de sensaciones que nos estabilicen para afrontar cada momento. 

Sufrimos porque carecemos de confianza, nos frustramos, nos angustiamos, nos atemorizamos. No hay mensaje más limitativo que el miedo emocional, el que nos anticipa de un peligro basado en la incertidumbre. 

La única forma de desarrollar confianza es desarrollar la libertad emocional, personal y psicológica para aceptar lo que hay, para ser responsables de nuestra propia capacidad de decisión, para vivir sin esperar que te de nadie permiso.

Virginia Satir supo sintetizar muy bien la forma de potenciar la autoestima basada en la confianza que nos da ser libres.


Las Cinco Libertades

La libertad de ver y escuchar lo que está aquí, en lugar de lo que debería estar, estuvo o estará.

La libertad de decir lo que se quiere y se piensa, en lugar de lo que se debería sentir y pensar.

La libertad de sentir lo que se siente, en lugar de lo que debería sentirse.

La libertad de pedir lo que se quiere, en lugar de tener que esperar siempre el permiso.

La libertad de arriesgarse por cuenta propia, en lugar de optar únicamente por estar seguro y no perturbar la tranquilidad.

Virgina Satir


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2 Comments

  • Gracias Ana por el maravilloso regalo que nos haces con tu artículo!! Libertad, para mí es una palabra que siento en mi interior con fuerza e intensidad, palabra que me recuerda a mi madre, siempre me hizo sentir libre

  • Gracia a ti Lola por tus comentarios, siempre positivos y llenos de cariño. Sí, la libertad es el estado prioritario para vivir y evolucionar. Si se acaba la libertad total, se acaba la vida. Sentir que tienes opciones y que puedes avanzar con ellas. Esa es la libertad. Que te dejen caminar… Y que si no te dejan, busques la forma de conseguir escapar del sometimiento, aunque sea con la libertad creativa.

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