LA CONCIENCIACIÓN SOBRE EL AUTISMO

Se ha decidido que el mes de abril sea el mes del Autismo como una realidad neurodivergente que comparte espacio con la realidad neurotípica. Y eso está muy bien. Ya sabemos que los días que se eligen para tomar conciencia sobre algo se establecen con la idea de que la conciencia colectiva sienta que cumple con una actitud de empatía por algún colectivo que de alguna manera, necesita del apoyo de toda la sociedad. Así, en el año 2007 la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) dijo demostrar una gran preocupación por la prevalencia del autismo en todas las regiones del mundo. Se decidió declarar el 2 de abril como día Mundial de concienciación sobre el Autismo.

Realmente es importante para este colectivo reconocerse como parte de nuestra realidad social. No podemos permitir que quede todo en una aparente sensibilidad propagandística que luego en la práctica, se ve denostada por la falta de información sobre su realidad.

Así intentaré comentar en este artículo lo que las propias personas autistas difunden y activamente transmiten sobre su realidad. Cada vez hay más voces autistas que intentan dar a conocer la forma en que se reconocen.

Autismo: una forma distinta de ser humano

El primer paso es saber que compartimos la realidad con perfiles neurodiversos de vivir y de sentir. Y por tanto, es importante tomar conciencia para así conocer la realidad autista. La forma más adecuada es escuchar su sentir. Al hacerlo utilizaremos una actitud integradora que facilitará el tránsito y la adaptación a la sociedad neurotípica. 

Para la mayoría de las personas que integran el colectivo autista, más importante que concienciar, es aceptar. La aceptación implica no solo conocer que existe una realidad neurodiversa, sino que esa realidad debe ser considerada como parte de nuestro panorama social. Por tanto, merece un esfuerzo por ser comprendida e integrada en nuestro mundo neurotípico. Una aparente concienciación no sirve para nada si se mantiene el desconocimiento por lo que perciben, sienten y piensan las personas autistas. Y además se sigue desatendiendo sus auténticas necesidades.

El autismo es una forma distinta de ser humano. En nuestro mundo se siente y vive como discapacitado porque simplemente son distintos. Piensan e integran la realidad de forma peculiar y propia. Perciben, procesan y sienten de forma diferente al resto de personas. Su cableado neurobiológico y neuropsicológico determina un procesamiento peculiar y único. Su elevada sensibilidad les hace tener un nivel de activación elevada. De ahí su dificultad para integrar, interpretar o entender la realidad y las conductas neurotípicas de forma intuitiva.

Aunque sigamos utilizando las siglas TEA (Trastorno del Espectro Autista), las personas autistas prefieren hablar de condición no de trastorno, de mayor o menor capacidad adaptativa, y no de funcionalidad porque tienen dificultades en su capacidad adaptativa pero también tienen cualidades únicas y diversas que hay que saber descubrir y potenciar. 

Igual que en la realidad neurotípica, en la realidad autista puede haber un sinfín de perfiles diferentes en su forma de vivir, sus competencias o capacidades para adaptarse a las demandas vitales.

¿Sabemos realmente cómo son y sienten?

Son grandes observadores, exploradores que buscan situarse en lugares seguros que les den confianza y tranquilidad. Si se sienten muy expuestos y no han desarrollado la camaleónica capacidad de aparentar ser como los demás (masking/enmascaramiento), pueden sentir perturbación. Y buscarán centrarse en alguna conducta que les ayude a regular sus sensaciones inestables.

De ahí que utilicen estereotipias. También si se sobrecargan o se alteran. Las estereotipias son formas rítmicas de orientar al sistema nervioso. Y canalizar su compleja y diversificada energía psíquica y así poder atender a la realidad. Pueden también desviar la mirada para atender auditiva o kinestésicamente mejor. 

Son hiperlógicos. Buscan la coherencia en la conducta y las actuaciones de los demás. La dimensión inconsistente en la que se mueve el mundo neurotípico les confunde, inquieta y angustia. Son capaces de trasladar sus inquietudes de forma directa y sin filtros. Pueden ser hiperinquietos porque la carga estimular sensitiva propioceptiva o interoceptiva les impide centrarse en el mundo exterior. O incluso pueden ser hiperpasivos porque el movimiento les genera desregulación y altera su percepción produciendo diversas sensaciones que les paralizan. 

A veces si está más sensibilizado, el sistema vestibular les puede producir inestabilidad en el sentido del equilibrio y desarrollan patrones motóricos singulares. Además la tensión nerviosa les genera posturas que les impiden moverse de forma ágil o fluida.

Ayudémosles a sentirse cómodos…

Los estímulos que sienten son inmensos e intensos. Necesitan encontrar regulación con seguridad y confianza para contactar con la realidad. Sus respuestas y reacciones nos dan información de cómo se sienten y qué necesitan. Es necesario observar, escuchar, respetar sus ritmos y sus tiempos. Cuando veamos a alguien que se comporta de forma singular, cambiemos el chip. Atendamos lo que dice su forma de comportarse en lugar de esperar una conducta conveniente. Evitemos el nerviosismo o el reproche porque les produce confusión, angustia y alteración. Nuestra estabilidad, aceptación y comprensión les ayuda a regularse.

Es muy importante entender que los procesos que desregulan a las personas autistas están en el marco de las sensaciones, los ritmos y en cómo sienten y perciben lo que están recibiendo del entorno y lo que están sintiendo internamente. 

Es importante tener en cuenta que cuando queremos modular o ayudar en una transición y favorecer regulación tenemos que conectar con la parte sensitiva, emocional. Y finalmente, la parte cognitiva se integra y no al contrario. 

Hay que considerar que las personas autistas van a recibir una información de nosotros que va a favorecer o no el que se sientan más estables, encuentren una sensación de certidumbre, estabilidad y confianza en función de que nosotros les acompañemos en esas sensaciones. Tenemos que intentar atender y comprender qué es lo que están sintiendo. Podemos ayudarles a tener sensaciones que les permitan encontrar la máxima estabilidad y bienestar interior. 

Tenemos que romper con el juicio y la idea previa de cómo deben ser las cosas. No importa ni la edad de la persona autista ni  lo que creemos que debería saber hacer porque si sus reacciones nos están indicando que responden diferente, entonces tenemos que atender de una manera distinta lo que está ocurriendo. Solo desde el respeto se puede conseguir la aceptación.

La comunicación es la esencia de la vida

Forzar a una persona autista no respetando sus sensaciones lo único que va a producir es un mayor rechazo, una fobia o alteración y desregulación que luego van a generarle un sentimiento de mayor incomodidad, resistencia y alejamiento, dificultando las funciones ejecutivas y la adaptación vital. 

La relación y la comunicación tiene que generar confianza. Tiene que ser agradable, producir bienestar y conseguir una comunicación hacia un tránsito adaptativo que acerque su realidad perceptiva a la nuestra.

La comunicación es la esencia de la vida. Las personas autistas quieren comunicarse porque lo necesitan para adaptarse a la vida y así evolucionar en conexión con los demás. Pero a veces la vida limita la capacidad de procesar de forma adaptativa, bloquea, sobrecarga y desregula. Dificulta el sentir interno y la capacidad de conexión con el entorno. La dificultad para ser comprendidos les confunde, abruma y aumenta la dificultad comunicativa. 

Podríamos hablar de un espectro autista y uno neurotípico, posiblemente. Y por tanto, ambos tienen que conectar y fluir. 

Vivir es fluir. Fluir es conectar. Conectar es comunicarse y desarrollar vínculos mutuos de protección, aprendizaje y evolución. 


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