LA COMUNICACIÓN AFECTIVA Y EMOCIONAL

La comunicación afectiva es una forma de interactuar con nosotros mismos y con los demás. Es la forma en la que expresamos, en su mayor parte, información inconsciente, grabada en nuestra estructura de ser y altamente influida por la forma en que hemos interactuado desde siempre con el mundo adulto en el que nos hemos criado. Los mensajes que nos transmitimos en las relaciones, nos están modulando el sentir permanentemente. Conectamos con sensaciones que nos ayudan, perjudican, estabilizan o desajustan. En definitiva, que nos producen bienestar o malestar.

La más verdadera forma de amor es cómo te comportas con otra persona, no lo que sientes por ella.

Steve Hall

Cuántas veces nos encontramos con alguien y, simplemente compartiendo un ratito de conversación, nos cambia el estado de ánimo. Sentimos una sensación de alegría que nos produce un bienestar especial. Unas veces estamos tristes y sentimos consuelo, otras estamos nerviosos y sentimos alivio. En otras ocasiones nos pasa lo contrario: estamos tranquilos, estables y al relacionarnos con alguna persona, nos tensamos, entristecemos o angustiamos, sin entender tampoco muy bien qué está pasando.

Pero la verdad es que todos queremos sentirnos estables y a gusto con nosotros mismos y con los demás. Sin embargo, muchas veces, conseguimos alterarnos y alterar el estado de bienestar con un simple gesto, una mirada, un comentario, una expresión desagradable, ingrata o incómoda. 

Comunicación afectiva: íntima y personal

La forma en que nos tratamos y tratamos a los demás, es la forma en que nos hemos nutrido en nuestra infancia., quedándose esa información a la espera de hacer su aparición cuando nos vamos haciendo adultos. Muchas veces nos encontramos reaccionando como lo hacía alguno de nuestros padres o adultos significativos. 

Nos encontramos actuando con un sentir heredado, aprendido y condicionado porque muchos de los mensajes que nos mandamos internamente o que trasladamos a los demás, son automatismos comunicativos que favorecen, dañan, estimulan o bloquean el bienestar emocional propio o el de los demás. Y como esa forma de interactuar es la que hemos integrado, ni nos la planteamos. Es una forma segura y conocida de establecer un sistema relacional. 

La comunicación afectiva es una forma de integrar lo que sentimos y vivimos. Desde el momento en que algo nos aporta información y respondemos ante ello, estamos comunicándonos. Cuando nos mandamos mensajes en forma de sensación, emoción o cognición, lo hacemos hacia nosotros. Y cuando los mandamos hacia otros, les producimos respuestas.

Es una forma de expresión donde lo emocional está implicado. Transmitir mensajes con afectividad positiva, es facilitar el vínculo comunicativo y crear espacios de bienestar, donde la discrepancia se puede asumir con facilidad, donde las diferencias se respetan, porque se crea un espacio de armonía y libertad, donde no hay tensión ni represión, no hay reacción ante un posible dolor.

La forma en que aprendemos a construir nuestra forma de ser y actuar, con nosotros y con los demás, es con las caricias físicas y emocionales que nos han ido aportando en nuestra vida. Y a partir de ahí, comienza nuestra comunicación íntima y personal.

Pero el hecho de que nos hayamos nutrido con caricias emocionales, no significa que tengamos que seguir haciéndolo si esa forma de sentir y de vivir nos han llevado a estados de insatisfacción, dolor, inseguridad o frustración. Es más, podemos conseguir cambiar nuestras sensaciones emocionales cambiando nuestra forma de tratarnos y así, cambiaremos también, los vínculos emocionales que tenemos con los demás.

Podemos cambiar nuestra actitud hacia nosotros y hacia el mundo, modificando la forma negativa en que sentimos y potenciando la forma positiva que vivimos en la infancia.

Aunque nada cambie, si yo cambio, todo cambia.

Marcel Proust

Si recordamos aquellos aspectos de nuestra infancia en los que nos sentimos heridos, dolidos, maltratados, abandonados, podemos conseguir saber cómo nos gustaría que hubiese sido ese trato. También si recordamos situaciones en que nos sentimos a gusto, bien tratados, libres o queridos, podemos darnos cuenta de qué sensaciones nos aportaron y qué actitudes tenían con nosotros. De esta manera conectar con momentos del pasado, puede reconvertir nuestro estado y modular nuestra forma de sentir y de comportarnos y de relacionarnos.

Revisa dentro de tí y conecta con el pasado

Haz una breve revisión vital. Conecta con tu infancia o adolescencia. Recuerda momentos con tus figuras afectivas significativas. Escribe un listado de situaciones donde sentiste carencia o presencia de dolor, angustia o miedo. Mírate desde fuera y piensa qué hubieses necesitado en lugar de aquello que recibiste.

Vete a cada uno de esos momentos y busca la forma de aportarte lo que hubieses necesitado. ¿Necesitabas que te hubieran comprendido? ¿O que te abrazaran o lloraran contigo? ¿Deseabas que te preguntaran cómo te encontrabas?¿Querías que te atendieran?¿ Jugar y saltar? ¿Necesitabas paz?

Recompón ese recuerdo y ponle los elementos que hubieses necesitado. Cierra los ojos. Ponte una música suave y viaja al pasado. Tu Yo del futuro adulto tiene que ayudar a tu Yo del pasado infantil. ¡Vamos! Cambia colores, luz, sonidos, difumina a quien no te daba bienestar y salta, baila, ríe, corre, canta, llora, descansa. Lo que haga falta. Vuelve al presente y disfruta de la nueva sensación que tienes al cambiar tu vivencia pasada. Eres libre de ser quien eres. Construye tu presente cambiando tu pasado. Escribe un listado de situaciones donde sentiste caricias emocionales de bienestar, apoyo, alegría o satisfacción. Mírate desde fuera y disfruta al verte, sentir la gratificación que te daban esos momentos.

Ve a cada uno de esos momentos y conecta con las sensaciones. Rememóralas. Vuelve a vivirlas. Disfruta. Siente qué es lo que te hacía vibrar, lo que te daba bienestar y sentías. Vuelve al presente y busca la forma de conectar con esas sensaciones y haz lo necesario para tenerlas presentes. También compártelas con cualquier persona que sientas que las necesita. Cambia la realidad.


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