LA COHERENCIA EMOCIONAL: SEGURIDAD VITAL

La coherencia emocional entre lo que sentimos y lo que decimos, entre lo que sentimos y lo que hacemos es la mayor responsabilidad que nos otorga la vida. Es la forma de sentir que tenemos un lugar en este mundo y que depende de nosotros atenderlo y conseguirlo. Es la forma de sentir seguridad vital basada en la libertad de ser nosotros mismos.

Sin embargo, la incoherencia emocional está basada en el miedo. Miedo al rechazo, a la desaprobación, a ser dañado, a sentir amenazada la estabilidad emocional. Esa estabilidad que se consigue con subyugación, con cesión ante los deseos de los demás desconectando de los nuestros. A veces es tal la desconexión con nuestra sensación natural, con nuestra esencia emocional, que el mensaje que nos transmitimos es el de no tener lugar, no tener opción en la relación social. Y entonces la autoestima se debilita y nos sentimos inferiores, incapaces y peores. Potenciamos la dependencia y la creencia de que son los demás los que nos tienen que aceptar para sentirnos bien. 

Cuando le digas “sí” a los demás, asegúrate de no estar diciéndote “no” a ti mismo

Paulo Coelho

Desde pequeños nos han enseñado mal, con chantaje emocional: “si eres bueno, te quiero” o “si haces lo que yo te digo, te apruebo” o aún peor: “si te comportas como yo quiero, no te hago daño”. Y esa creencia se ha instaurado en nuestra forma de proceder habitual. Esa es nuestra actitud que aprendimos en la relación con los demás. Nuestro cerebro emocional percibe que hacer algo distinto a lo que los demás esperan, puede ser potencialmente peligroso para nosotros. 

Coherencia emocional: desconexión de uno mismo

Cuando alguien con quien quieres estar bien te sugiere hacer algo y te pregunta si te gusta, si te apetece o si quieres y ni te lo has planteado o ni tan siquiera es algo que desees pero dices: “me da igual”, “vale”, “no me importa”, “si tú quieres”, entonces el problema no es callar, el problema es desconectarte de tí. Traicionar tu propia esencia, engañar a la otra persona y engañarte también a ti porque al actuar así, niegas tu propia forma de ser y percibir la realidad, bloqueando tu auténtico sentir, generando represión y negación. 

El miedo al malestar ajeno, a un supuesto rechazo, se paga con dolor basado en la falta de consideración hacia ti mismo/a. Ese dolor se reprime y el bienestar obtenido por la cesión, maquilla el sufrimiento interior. Porque ya no es si estás de acuerdo o no con lo sugerido, ya no es si puedes o no hacerlo por la otra persona, es que admites lo sugerido sin conectar con tu preferencia o tu elección interior. Anulas tu voluntad y concedes a los demás el poder de anularla con tu actitud. Empiezas a percibir a los demás con poder porque eres tú quien se lo das.

En ese momento tu cerebro aprende una lección: cualquier decisión de otros es prioritaria a la tuya. Por extensión es mejor que la tuya y por tanto, te identificas con una forma poco valiosa de ser. Comienza tu devaluación, tu insatisfacción, que retroalimentas para cualquier ocasión. Qué amenaza más brutal detectar que dependes de los demás para poder ser feliz. 

Y esto no es cuestión de amabilidad puntual, de concesión intencional, es una cuestión de actitud y no hacia la otra persona, sino hacia ti. Porque cuando te acostumbras a ceder ante los deseos de los demás, enseñas a tu cerebro una mala maniobra, le enseñas a no escuchar tus deseos, es más, le enseñas a prescindir de ellos. Desconectar del sentir y del desear propio y esperar que sean los demás los que lleven la voz cantante. Y de repente, surge la queja de esa enferma dependencia: “no me consideran”, “no me valoran”, “no me tienen en cuenta” “son injustos conmigo”.

Sé fiel a tus pensamientos y sensaciones

Te sugiero que reflexiones y pienses: ¿por qué esperas que las personas se comporten contigo como tú no eres capaz de hacerlo? Les has dado tu espacio para que lo manejen a su antojo y ahora ya no sabes qué hacer ni cómo resolver, esperas su consideración, su valoración. Sigues reforzando la creencia de que estás en indefensión. Sigues siendo obediente a la consideración de la gente en lugar de a tus propias sensaciones, pensamientos o deseos.

Se produce una descompensación relacional, donde unos mandan y tú admites. Y esta actitud te acompaña como una fiel aliada. Una amenaza solapada que bloquea el crecimiento natural de tu esencia, la subyuga, la inhibe, generando un desajuste, una represión al sentir que determina tu forma de interactuar con los demás. Aquellas personas a las que temes y a las que otorgas poder, te seguirán anulando y tú seguirás sufriendo un bloqueo emocional, un bloqueo nervioso que alterará tu organismo, metabolismo y sistema inmunológico. Te sentirás incapaz de avanzar, crecer, vivir y sentir auténtica libertad cuando estés en compañía.

Y cuando estés en soledad, sentirás excitabilidad, rabia o simplemente malestar. Lo podrás desplazar de forma inadecuada generándote un sentimiento de culpa, pena o frustración. A veces estallarás con quien menos corresponda. También podrás inhibir tu malestar parcial o permanente. Si es parcial, el sistema nervioso se excitará, alterará, y te generará tensión interior provocando malestares en focos de la estructura del cuerpo físico y del cuerpo emocional. Surgirá la depresión, la ansiedad.

Pero: ¿qué pasa cuando de forma permanente lo que admites es molesto, incómodo o potencialmente dañino para tu sentir? Te sentirás impotente y tu cuerpo comenzará a alterarse, a dolerte y surge la alteración del sistema inmunológico que produce inflamación. Y como reflejo de tu forma de actuar, comienza a atacarte, invadirte y a enfermarte. Podrás sentir dolor y se genera en tu cuerpo una gran alteración sistémica, funcional u orgánica. 

El equilibrio emocional se produce desarrollando coherencia emocional. El organismo busca consistencia entre lo que siente y lo que recibe. Por eso si no se la aportamos se enferma.

Cómo desarrollar la coherencia emocional

No siempre sabemos lo que queremos, pero sí podemos saber lo que no queremos con seguridad. Lo que no nos apetece, nos molesta, no nos gusta o nos desagrada sí sabemos reconocerlo. Es fácil que esto sea más sencillo de detectar porque desde el principio de supervivencia, nuestro radar instintivo se activa para alejarnos de lo esencialmente amenazante.

  1. Ten en cuenta lo que sientes tú. Escucha lo que te apetece a ti. Busca tu bienestar interior. Y si lo que te proponen no es lo que quieres, siente, piensa y respeta tu sentir.
  2. Decide y actúa en consecuencia. No digas nunca: “no me importa” o “me da igual” sin conectar con tu esencia, con tu sentir. O dices sí, si te gusta o dices no, si no te gusta. 
  3. Disfruta de la satisfacción y el poder interior de ser capaz de respaldar tus sentimientos, tus deseos y permitir que los demás los conozcan, los respeten.
  4. Llénate de bienestar al sentirte responsable de salvaguardar tus sentimientos, deseos e inquietudes.
  5. Libérate de la sumisión ante un falso bienestar basado en el miedo a un supuesto rechazo, que de aparecer, te demuestra la falta de consideración de la otra persona hacia ti y, por tanto, te permite actuar con mayor firmeza.

Las personas nacemos con la capacidad de decidir lo que nos gusta o lo que nos disgusta, lo que queremos y lo que no queremos, lo que nos apetece o lo que no nos apetece. Además, tenemos la capacidad de decidir si lo que nos gusta o nos disgusta es de mayor o menor intensidad. Hay gente que se aprovecha y hay gente que se somete. Aprende a distinguir y a decidir con quién y de qué manera eres feliz.

Cuando compartimos la vida con los demás, cuando nos relacionamos con las personas, es adaptativo ser flexible y comprensivo con lo que nos presenta la realidad en la que estamos. Sin embargo, la flexibilidad no significa supeditación ni sumisión. NO significa que no conectemos y respetemos nuestros deseos o nuestras inquietudes.

Todas las personas tenemos una realidad propia, independiente que necesita ser nutrida y tiene que estar en equilibrio, en homeostasis. Tanto la estructura física como la emocional. Necesitamos nutrientes que nos permitan sentirnos estables y a gusto con nosotros, siendo responsables de que esto se mantenga nutrido. Ser responsables con nuestras sensaciones nos aporta fortaleza, seguridad y libertad. Nos hace protagonistas de nuestra propia existencia.


Tags from the story
More from Ana María Álvarez Sánchez

MARÍA MONTESSORI, EL RESPETO POR LA INFANCIA

Este mes se conmemora el aniversario de la muerte de María Montessori....
Read More

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.