LA CIENCIA AL SERVICIO DEL LECTOR

Últimamente me ha dado por la ciencia forense. Esa ciencia que analiza las pruebas en la escena de un crimen para determinar que ha pasado, como ha sucedido y que tiene su aplicación en el sistema legal. La ciencia forense, en concreto los científicos forenses, llevan a cabo análisis genéticos, químicos o toxicológicos para saber qué ha pasado en un hecho delictivo. Y claro, ante mi curiosidad, nada morbosa, buscando entre mis libros he encontrado uno maravilloso sobre esto. Se trata de “Los muertos también hablan«: Memorias de un antropólogo forense. Fue conservador del Museo de Historia Natural de Florida y antropólogo forense William R. Maples (1937-1997) y Michael Browning. Periodista corresponsal del Miami Herald.

Este increíble libro, cuenta en primera persona los casos de asesinatos no resueltos. Y cómo con el análisis minucioso de los huesos de las víctimas, este antropólogo forense, va descubriendo cómo ha sucedido todo. Reconstruye los hechos hasta conseguir dar con el asesino. A partir de un cráneo o de un fragmento de rótula, la ciencia de la antropología forense es capaz de descubrir la edad, el género y la etnia de una persona. El modo en que murió, si fue asesinada y, a veces, quién fue el asesino. Y lo cuenta de una manera que te engancha desde la primera página.

Pero hay un capitulo que me ha sobrecogido, donde este antropólogo, que murió a finales del siglo pasado, dato a tener en cuenta, da las cifras de los “desaparecidos” en la guerra de Vietnam. Tan sólo 2.200 hombres frente a los 78.750 en la segunda guerra mundial y los 8.170 de la guerra de Corea. Cuanto menos, curioso el dato. Y explica cómo identifican los restos que “devuelven” desde Vietnam.

Cuenta que él iba dos veces al año hasta el laboratorio de Hawai para intentar identificar los restos de los soldados que llegaban desde Vietnam, en algunos casos casi 25 años después. La ceremonia que se llevaba a cabo era impresionante. «Los oficiales vietnamitas, devuelven los restos mortales en cajas de madera desde Hanoi a sus equivalentes en estadounidenses. Las cajas de madera se colocan a continuación en grandes receptáculos de aluminio que se cierran. Se suben a un avión de transporte cubiertos con la bandera americana y son recibidos con honores militares en Hawai”. Cuenta también que en las cajas de madera han llegado a encontrar todo tipo de restos. Desde huesos de animales, hasta mezclados los huesos de varios soldados e incluso de algún vietnamita. 

El trabajo del antropólogo forense es separar los huesos para poder “rehacer” el esqueleto e identificar al soldado desaparecido para entregarlo a la familia. Como he dicho un trabajo fascinante que requiere sobre todo paciencia y por supuesto dedicación. Cosa que yo no voy a hacer, no me dedicaré a la ciencia forense, tengo poca paciencia pero sí mucha curiosidad. Como dice el propio autor “No tenemos secretos para nuestros huesos. A estos silenciosos y obedientes siervos de nuestro tiempo les contamos sin rubor absolutamente todo. En los archivos de nuestros esqueletos están guardados los diarios íntimos de nuestras vidas. El arte de la antropología forense consiste en saber leer todas estas cosas”.  


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