Anorexia y bulimia sexual: trastornos compulsivos silenciosos

Resultaría extraño considerar que a día de hoy el tema sexual siguiera siendo un tabú, pues solemos jactarnos de ser parte de una sociedad abierta, civilizada, tolerante, moderna y ampliamente evolucionada. Por eso la publicidad ha cambiado y se ha vuelto mucho más explícita que hace unos años: ahora se anuncian compresas, ropa interior, condones y productos de higiene íntima y depilatorios, por ejemplo. El cine también ha cambiado; películas tales como “50 sombras de Grey” se han convertido en una de las obras más que recomendadas para la mujer del siglo XXI.

Pese a los grandes avances que han provocado un antes y un después en el hoy, el amor propio parece ser una cuenta pendiente que tenemos con nosotros mismos, así como el negarnos a acoger los beneficios que la autoayuda puede ofrecernos cuando aparecen nuestros obstáculos personales.

Hay quien cree no tener ningún inconveniente a la hora de disfrutar de uno mismo o del día a día, y quien es consciente de sus dificultades y prefiere amoldar su vida en torno a ellas, huyendo de aquello que le provoca abrumadores conflictos. Bien sea por falta de tiempo o por la carencia del valor necesario para enfrentarse a uno mismo, el sistema actual nos absorbe de tal manera que acabamos olvidando lo más importante: nuestro Yo.

Así, vemos que las nuevas generaciones crecen aprendiendo que los entornos de apuestas son un acertado entretenimiento, o que desde que salen al mundo no contarán con la suficiente protección cuando sean acosados o ninguneados, pues las figuras de autoridad tienden a tomar una impávida actitud ante los abusos que el propio mundo potencia.


Los afectados necesitan trabajar en su inteligencia emocional para solventar sus problemas de índole sexual.
Las personas con anorexia o bulimia sexual precisan de un gran trabajo personal en su inteligencia emocional

Inteligencia emocional: el pilar básico en el ámbito sexual

La inteligencia emocional es clave para dirigir y equilibrar nuestras emociones, algo que parece no tener cabida en nuestro estilo de vida: la Sociedad presiona a los hombres para que crezcan bajo el estigma de ser rudos mientras que a las mujeres se les enseña que deben ser comedidas. Conforme crecen, sus experiencias personales y su propio criterio les incita a reconstruirse acorde a lo que consideran adecuado o mejor para uno mismo… O lo que el sistema les hace creer que es lo correcto.

En lo que respecta al sexo, parece haber dado un vuelco, rozando la hipersexualidad. Ana Camarero denuncia que los adolescentes comienzan a dar sus primeros pasos en ello cada vez más temprano. Añade, también, que la educación sexual es “mucho más que hablar de interrupciones voluntarias al embarazo o de infecciones genitales. Es aprender comunicación, habilidades sociales y autoestima”, lo que pone en entredicho a las charlas públicas convencionales de educación sexual.

El doctor José Luis Carrasco, jefe de la Unidad de Personalidad del Hospital Clínico San Carlos, explica que “las primeras atracciones sexuales empiezan ahora a producirse a los nueve años en los hombres y a los 10 en las mujeres. Y un año y medio después, aproximadamente, esa atracción se transforma en el primer deseo sexual: a los 11 años en los varones y a los 12 en las féminas. Dos años después de desatarse el deseo sexual, los hombres suelen tener sus primeras relaciones sexuales (coitales), a los 13’1 años, y las mujeres, a los 15’2 años”.

Esto, complementado con el polémico programa desarrollado por el Departamento de Educación del gobierno navarro –Skolae- que incluye la “curiosidad sexual y juegos eróticos infantiles” para niños de 0 a 6 años, nos invita a debatir si realmente estaremos educando adecuadamente a nuestros jóvenes, o acercándoles sanamente a todo lo relacionado con el ámbito sexual.


Vida sexual: pulcritud, autoestima, comunicación y respeto

La salud mental repercute en la salud física y en nuestra forma de vida. Las personas que sufren de un desorden o un factor compulsivo son cruelmente estigmatizadas y prejuzgadas, viviendo con el sufrimiento que supone padecer un problema mental, y a su vez, tolerando los impertinentes comentarios ajenos (en su mayoría dedicados desde la ignorancia). De esta forma, se cree erróneamente que una persona anoréxica tiene un tallaje cuasi esquelético, que alguien autista no puede comunicarse sin gritar, o que quien padece depresión llora desconsoladamente a diario: la imposición popular establece un patrón social que ha de cumplimentarse bajo la amenaza de ser cuestionado de tu propia enfermedad.

La vida sexual no se limita a hablar de las diferentes posturas en el coito ni de enfermedades venéreas.
La vida sexual necesita autoestima, comunicación y respeto

Con el sexo parece que también debamos seguir unas pautas generalizadas, como que el hombre debe permanecer activo durante horas o que la mujer ha de estar dispuesta a complacer todo lo que su compañero desee, relegando su propio placer. Asimismo, la comunicación se obvia, la autoestima se resiente en función del comportamiento ajeno, el respeto parece haberse perdido y la higiene sólo se relaciona con la ausencia de vello, multiplicando entre las nuevas generaciones el desarrollo de un nuevo trastorno: la anorexia y la bulimia sexual.


Cuando cualquier acercamiento es letal

Hablar de “un trastorno sexual” nos hace pensar automáticamente en el exceso de su práctica, ya que la privación de ésta se ve una virtud y un símbolo de elegancia. Sin embargo, ¿qué nos impulsa a ser más recatados o a decir “no” a algo en lo que hay deseo y respeto por parte de las partes que podrían estar implicadas?

En el caso común pueden ser las circunstancias o las consecuencias sociales, pero cuando hablamos de anorexia y bulimia sexual los motivos son más graves y dolorosos, igual que la anorexia nerviosa y la bulimia alimenticia: cada caso requiere de un estudio a fondo.

El doctor Patrick Carnes define dicha situación como “un estado obsesivo en el cual la tarea física, emocional y mental de evitar el sexo domina la vida de alguien. Como morirse de hambre, la privación del sexo puede hacer a alguien sentirse más poderoso y protegido contra las amenazas”. No se trata de carecer del deseo sexual como erradamente se cree, sino de evitar el contacto con otras personas de todas las formas posibles; incluso hay afectados que manifiestan preferencias por gente con quien nunca podrían entablar una relación, acrecentando más su zona de confort al aislarse socialmente.

Los anoréxicos sexuales tienden a vivir aislados.

Corbis

El motivo por el que se relaciona la anorexia y bulimia sexual con los términos referidos a los trastornos de alimentación es la similitud de las raíces de estas patologías: autodesprecio, sentimiento de inferioridad (en ocasiones alternados con delirios de grandeza), alienación respecto a uno mismo, soledad y ansias de perfeccionismo (considerándose inmerecedor del sexo, entre otras cosas).

Las emociones no resueltas son otra de las causas, marcando un comportamiento que basa sus pasos en el principio de no arriesgar para no perder. Los abusos sexuales o malas experiencias también puede ser parte del problema. En ocasiones la autosatisfacción se produce con objetos perjudiciales para las zonas íntimas, a modo de castigo por sucumbir al placer (por ejemplo, masturbarse con papel de lija hasta sangrar). A su vez, la dismorfia corporal es otro de los factores que provoca aversión al sexo, pues se percibe que el cuerpo es distinto (y por ende, inválido) a como es en realidad.

El acto sexual es una actividad que provocaría auténtico pánico y una fuerte ansiedad: es una actividad que alude a la conexión con los demás, a los sentimientos intensos, al descubrimiento de la propia sexualidad, a ser importante o visible para alguien, o a afrontar lo que supondría empezar una relación. Esto provoca que el afectado tome todas las medidas posibles para bloquear toda situación que implique un posible acto sexual después con sus respectivas consecuencias, como el excesivo consumo de pornografía (el inconveniente no es la falta de deseo sexual, sino el acto del mismo por las implicaciones emocionales), o la pérdida de contacto con toda persona que, tenga o no intención de practicar el sexo, quiera un acercamiento sentimental. Así lo explica la psicóloga Alexandra Katehakis en Psychology Today: “la rigidez y la vergüenza guían su vida, y son capaces de tomar decisiones drásticas o dejar su trabajo para evitar alcanzar cierto grado de indeseable intimidad con las personas que la rodean, sea esta de carácter sexual o no”.


Los hombres también pueden sufrir de cualquiera de estos trastornos sexuales
Los hombres también pueden sufrir de anorexia y bulimia sexual

Bulimia sexual: otra forma de autodestrucción

La anorexia sexual va enlazada con la bulimia sexual, y en ciertas ocasiones pueden padecerse aleatoriamente según la magnitud de emociones no canalizadas correctamente: quien sufre de estos trastornos no cuenta con la capacidad necesaria para equilibrar ambas facetas ni gestionar las emociones que le originan: todo está marcado por el miedo y la culpa.

Aunque el comportamiento de un bulímico sexual es la contraposición de la anorexia sexual, el motivo que la promueve es idéntico: la aversión ante la intimidad y el rechazo a la complicidad sentimental. Las relaciones mantenidas por bulímicos sexuales son siempre ocasionales y puntuales, evitando así contacto a largo plazo con la otra persona para esquivar todo tipo de compromiso emocional. Sin embargo, este tipo de encuentros sexuales no producen ningún tipo de satisfacción (a veces ni siquiera durante el propio acto), sino que ensalzan el sentimiento de culpa a corto plazo.


Un problema más grave de lo que creemos

La falta de empatía hacia los afectados por la anorexia nerviosa o la bulimia común llega a generar comentarios inapropiados, como “deja de pensar en lo que digan los demás”, “estás muy bien así” o “limítate a comer sano y hacer ejercicio”, ignorando que la raíz de estos trastornos vienen de la psique de quien lo padece.

Con la anorexia y bulimia sexual sucede lo mismo, añadiendo el incentivo de que al ser un tema íntimo se trata con mayor falta de rigor y seriedad: “sólo disfruta y ya”, “pues deja las cosas claras”, “olvídate de los demás y piensa en ti”.

Tanto la anorexia como la bulimia sexual son trastornos que no tienen un rango de edad o unas circunstancias concretas que los desaten; pueden asaltarnos tanto cuando estemos en medio de una relación o tras años de matrimonio. Teniendo en cuenta esto, afirmaciones tales como “estar demasiado ocupado” o “tener que hacer horas extra en el trabajo” son señales de que nuestra pareja esté pasando por ciertos obstáculos de índole sexual; las muestras de afecto o cariño también se evaden.

Sin la ayuda de un profesional debidamente cualificado, los trastornos aquí mencionados no sólo evitarán que los afectados puedan llevar una vida más plena, sino que acabarán autodestruyéndose. Que el día a día sea un vórtice de pensamientos cargados de desprecio hacia uno mismo, ansiedad a dar un nuevo paso, soledad y culpa, ya es una lucha interna que sólo quien la enfrenta sabe lo dura que puede ser. Por su parte, el sistema sigue fomentando todo aquello que tenga que ver con el consumo, la impulsividad y la falta de comunicación –tanto en nosotros mismos como con los demás-, entorpeciendo el desarrollo de una Sociedad segura, firme y humana.

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