LA ANHELADA BUSQUEDA DE LA FELICIDAD

La felicidad existe, sí: ¿pero es un estado continuo o son momentos que podemos tener en determinadas ocasiones ¿Se puede ser feliz todo el tiempo? ¿y a todas horas? ¿O es una utopía? Lo que realmente sí existe son momentos de nuestra vida donde somos realmente dichosos durante un periodo corto de tiempo.

Lo cierto, es que lo que me puede hacer inmensamente feliz a mí, no tendrá nada que ver con lo que te puede hacer feliz a ti. Cada persona encuentra su propia felicidad en muchos aspectos diferentes. Hay quienes identifican la felicidad con satisfacción o con sentir placer, en el sexo, la comida o disfrutando de la tranquilidad de un paseo por la naturaleza, sintiendo el sol en la cara o escuchando el sonido propio del bosque en toda su plenitud. Incluso hay personas que la identifican en dar y recibir amor o en expresarse con palabras que nos llevan a la felicidad.

El problema radica en que buscamos demasiados aspectos dentro de nuestro interior. Necesitamos demasiado, abarcar mucho, y es aquí donde el ser humano se equivoca. Porqué nunca estamos satisfechos, siempre nos falta algo para sentirnos realmente realizados y felices. Estamos obsesionados con los bienes materiales y basamos nuestra vida en cuantos más y mejores cosas tengamos, más felices nos sentiremos. Las mejores marcas de ropa, el coche más lujoso, el restaurante más exclusivo, y toda una combinación de deseos en los que confiamos que al ser poseedores de dichos tesoros, nuestra felicidad será plena.


La felicidad está en el interior

Y mientras estamos ensimismados en la búsqueda material, nos olvidamos completamente de nuestro interior, de no descuidar nuestras emociones, de cultivarlas para que den sus frutos y se reflejen en nuestra persona. En la filosofía griega, ser feliz es autorrealizarse, alcanzar las metas propias de un ser humano. Lo llaman eudemonismo. Esta palabra tiene origen en otra: eudaimonia, que viene del griego. Eu significa “bueno” y daimon significa espíritu. Demuestra que, desde la antigüedad, la búsqueda de la felicidad está en la naturaleza de los seres humanos. Lo que tenemos en común con los filósofos griegos es querer averiguar en qué consiste la felicidad, si en la riqueza, en los bienes materiales, en el placer, la plenitud interior, el conocimiento o en lograr la tranquilidad de nuestro espíritu.

A veces estamos obcecados en conseguir aumentar nuestra economía para poder por ejemplo comprarnos ese fantástico coche, último modelo de una marca determinada y parece que conseguirlo es comparable a alcanzar la máxima felicidad. O también ese viaje a las Islas Maldivas que promete ser toda una experiencia exótica. Pero cumplir estos anhelos nos conducirá a la completa felicidad por unos instantes o por un determinado período de tiempo: ¿Y después? ¿necesitaremos más viajes o más coches o cualquier otro bien material para seguir subidos en la ola de nuestra felicidad?

A lo mejor, tendríamos que plantearnos trabajar aspectos más internos y olvidarnos de lo material. Disfrutar de cada instante de nuestra vida, de nuestra familia y nuestros amigos. Sentirnos capaces de todo. Tener ganas de conquistar el mundo. Hablar más a menudo de las cuestiones que nos preocupan y no guardar esas inquietudes para nuestros adentros. En definitiva, concentrar nuestros esfuerzos en crecer y evolucionar como personas.


Aumentar nuestro bienestar emocional

También por qué no, dedicar más tiempo a nosotros mismos. Pensar que cuando finalice el día hayamos invertido, al menos una hora de ese día, en nuestro cuerpo y en nuestra mente. En leer un buen libro, disfrutar de una sesión de yoga, reírnos sin parar, tomar un café con una buena amiga. El qué, es lo de menos. Lo que importa es que lo que hagamos en ese rato nos reporte una pequeña satisfacción interior. Se trata de acumular esas sensaciones de plenitud para compensar otros momentos no tan gratificantes de nuestra vida diaria.

Desafortunadamente no sabemos cuál es el secreto para lograr la felicidad tan codiciada y que nos acompañe todos los minutos y horas de absolutamente todos los días. Creo firmemente en que depende, en gran medida, de nuestros actos y de cómo gestionemos nuestras relaciones familiares, de amor y de amistad. Depende de que interiormente nos escuchemos cada día y no ignoremos las señales de nuestro cuerpo cuando nos avisa de que frenemos el ritmo, que aflojemos un poco y que dediquemos un poquito de nuestra cotidianidad a sentirnos más realizados y dejar de obsesionarnos en todo lo material. Porque al final si aumentamos nuestro bienestar emocional, estamos dando grandes pasos para alcanzar nuestras metas y con ellas la anhelada felicidad o eudaimonia.


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