Juanjo pide auxilio: no necesita un geriátrico para su daño cerebral, sino humanidad

Cada historia a la que doy voz me sobrecoge, pero la de este bello joven de ojos claros como los míos, me ha hecho a través de ellos sentir cada herida, su carencia de atenciones, su abandono, su grito de auxilio y humanidad. He sentido dolor en cada fibra de mi piel y más allá, en mi alma. Hoy soy la voz de Juanjo y de Débora, su hermana y de los otros cinco hermanos.

Juan José Castell nació el 7 de septiembre de 1980, el tercero de 7 hermanos de una familia humilde pero sobrada de amor y unión. A los 15 años un trágico destino le arrebató su vitalidad y alegría. La noche del 21 de mayo de 1996 estaba feliz porque iba a celebrar un cumpleaños. Tenía una Vespino, pero quiso probar una moto grande de un amigo con una rapidez que el desconocía. Chocó contra un bordillo y salió volando por el aire sufriendo un golpe en la cabeza. Permaneció en coma nueve meses, pero como en una especie de embarazo, nació a la vida. Afectado de una hemiplejía que, como psicólogo creo firmemente en una atención y recuperación temprana desde esos 15 años y también ahora a los 39.

Así era Juanjo antes del accidente
Juanjo antes del accidente: un joven con un futuro prometedor

Su padre murió cuando el joven tenía 17 años y sus hermanos lo atendieron en casa mientras podían. Los horarios profesionales eran incompatibles con una atención adecuada. Su primera residencia en su lugar natal fue Valencia. En una de las visitas familiares Juanjo no estaba y nadie sabía nada. Lo hallaron en un baño, con la luz apagada y caído de mala postura en un rincón del suelo, desencajado y frío. Se puso en conocimiento de la dirección y un día el joven, desesperado, se metió un cepillo dientes por la boca hasta el estómago, no deseaba estar en un lugar nada cálido.

Se evidenció, según el médico que lo atendió, que permaneció demasiado tiempo solo. Salta de residencia en residencia, incluso llega a parar a un psiquiátrico donde residentes le arrancaron un diente y le rompieron alguna costilla. Llega a Mucha Miel, Casa Verde en Alicante donde, supuestamente, le da una paliza otro residente. Se pone en conocimiento de la Policía y sin consentimiento de nadie, lo llevan al Centro Monduber Barx, un lugar muy alejado de la familia que le visitaba diariamente.

Heridas de Juanjo, mal cuidado
La carencia de cuidados dejaron a Juanjo este estado físico

Ocho años permaneció en este lugar, pero un día se ahogó con su propio vómito y el hospital no creía que viviese. Acuden al Hospital de Gandía donde el médico observa desnutrición y falta de aseo, con las uñas de los pies excesivamente largas. Como un milagro Juanjo vuelve a la vida de nuevo. La familia visita sin aviso la residencia y observa un abandono absoluto. Lo cambian de residencia a Mascamarena, a un precio que pueden costear. La alegría dura poco ante los malos informes de la residencia anterior, alegando no tener enfermeras 24 horas y dejándole permanecer nueve días.

Encontraron otra residencia que les pareció buena, pero en una visita ven a su hermano atado a la silla y una barandilla. Su nombre, Santa Gema de Torrente. Era una venda atada al tirador. Como se comprueba en los vídeos registrados, las auxiliares lo justifican como que hizo la zancadilla a una abuelita.

Sinceramente, la existencia de un joven de 39 años está recibiendo el peor de los maltratos. No hay rasgo peor del hombre y de la sociedad que la falta de empatía con los seres más vulnerables y dependientes. Juanjo no necesita geriátricos, sino un centro especializado en daño cerebral.

Rehabilitación, hidroterapia que estimula el movimiento; por otro lado, la psicomotricidad y musicoterapia también puede despertar zonas dormidas. Contrariamente a lo que se creía, las neuronas sí se regeneran como sostuvimos en un Congreso de Geriatría y Gerontología, y yo personalmente lo he comprobado con la flamencoterapia.

DE LA TRAGEDIA Y DESPUÉS DE LA TRAGEDIA HAY VIDA. NO GENEREMOS MÁS TRAGEDIA SINO HUMANIDAD

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