JUANJO, LA SILLA DE LA CONDENA

Juanjo

Nada puede expresar mejor los 24 años de maltrato e ignorancia hacia Juanjo Castell, un dependiente. Por protocolos absurdos e inhumanos ya no se encuentra aquí. Sin embargo, la lucha por su dignidad sigue.

1996. Juanjo pasó siete meses en coma pero consiguió despertar. Los primeros años estuvo con su madre y sus hermanos que lo cuidaron y se le atendió medicamente con procesos de rehabilitación, foniatría y logopedia.

A partir de aquí su mejoría fue clara consiguiendo, incluso, ponerse de pie. Pero a los 20 años la enfermedad entró en declive sumándose también la falta de una rehabilitación adecuada a él y así comenzaron a recorrer centros de día de disminuidos psíquicos, aunque no físicos o de daño cerebral, que era lo que Juanjo necesitaba realmente. Pero en los geriátricos, él y su familia, solo encuentran heridas, sarna y abandono.

Disponemos de un audio del 3 de abril donde percibimos disnea o incapacidad para respirar además de una sospecha de sedación. Por lo que no es entendible que no acudiese a un hospital hasta dos días después. Hay evidencias de que existiera un protocolo del gobierno que impedía que mayores y dependientes fueran tratados y acudieran al hospital.

Cuando consiguió que le atendieran en un hospital recibió sedación por el único motivo de no ser una persona al uso. La saturación de oxígeno de Juanjo, según la familia, antes de la sedación era de 91, teniendo en cuenta que lo normal es una saturación de oxígeno de 94 o 95.

En cualquiera de los casos el trato que le dieron a Juanjo antes, durante y después del Covid está muy lejos de llamarse justicia y humanidad. Por supuesto, sin generalizar.

Juanjo y sus hermanos. (De izq. a dcha.) Isa, Rosa, Juanjo, Debora, Santi, Fina y Jose

JUANJO CASTELL ES ESA LUZ QUE AYUDARÁ A OTROS JUANJOS A QUE LES TRATEN CON DIGNIDAD. Su madre, Juana Márquez y sus hermanos Debora, Santi, Rosa María, Isabel, Fina y Jose son y serán su bandera y su lucha. Fiscalía será clave en el descubrimiento de la verdad para recuperar la dignidad perdida. Aún así la vida ya no vuelve.


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