GINO BARTALI: UN CICLISTA Y UN HÉROE

Otro año más se ha celebrado la vuelta mas importante en el ámbito del ciclismo internacional: el Tour de Francia. La salida se ha realizado desde Dinamarca y han transitado por Bélgica y Suiza. Todos los ciclistas profesionales anhelan ganar una etapa o lucir uno de los maillots distintivos. Aunque todos sueñan con el color amarillo de líder. Estos deportistas parecen hechos de otra pasta ya que, a pesar de las tan aparatosas caídas, consiguen levantarse como si nada y continúan pedaleando a pesar del dolor. Son gente de admirar y muy valientes. Cuidan al máximo su preparación y su alimentación. La tecnología en este deporte ha avanzado con pasos de gigante. Estos corredores hablan de vatios en sus esfuerzos y publican sus resultados en una aplicación que cualquiera puede ver en internet.

Pero si hablamos de ciclismo puro y duro tenemos que retrotraernos al año 1868. En mayo de ese mismo año se celebró la primera prueba ciclista en París. Corrieron siete ciclistas con bicicletas de madera y ganó el británico James Moore. El recorrido era poco más de un kilómetro y se realizó en un circuito. El primer Tour de Francia como tal tuvo lugar en julio de 1903. En mayo de 1909 comenzó el primer Giro de Italia. La Vuelta a España no llegaría hasta el mes de abril de 1935. Justo un año antes comenzó su carrera profesional, el héroe italiano por excelencia Gino Bartali. Gracias a su bicicleta y a sus piernas evitó que casi 800 personas viajaran a un campo de concentración de los alemanes.

Gino Bartali nació el 18 de julio de 1914 en Ponte a Ema (Florencia) en el seno de una familia humilde dedicada a las labores en el campo. Su padre le encontró trabajo en un taller de bicicletas y el dueño le regaló una. Comenzó a entrenarse en las carreteras empinadas de la Toscana. Mientras tanto el mundo comenzaba a convulsionarse con la marcha sobre Roma de los Fascios Italianos de Combate de Benito Mussolini en 1922. Estos eran escuadras cuyos miembros iban uniformados con camisas negras y habían sido reclutados entre ex oficiales del ejército. Básicamente se dedicaban a atacar con mucha violencia a los sindicatos obreros y a los partidos de izquierda. Poco a poco el fascismo italiano iba ganando terreno.

Mientras tanto Bartali seguía entrenando fuerte y ganó su primera carrera -la Vuelta al País Vasco- en 1935. Ese mismo año fue el número uno en la clasificación de la montaña del Giro de Italia y se convirtió en campeón de ciclismo en ruta de su país. Y siguió cosechando éxitos: ganó el Giro en 1936 y en 1937. Logró ser el campeón en el Tour de Francia de 1938. Su palmarés cuenta con 91 victorias en total. ¡Un ciclista que bebía vino tinto en las comidas y fumaba!

Se convirtió en el deportista más prestigioso de la época, algo que Mussolini supo aprovechar en su favor. Utilizó el ciclismo como un elemento propagandístico que permitía tener a las masas entretenidas. Italia entera estaba muy orgullosa del señor Bartali, declarado católico ferviente y muy amigo del cardenal de Florencia. Pero el 1 de septiembre de 1939 estalló la Segunda Guerra Mundial. Gino Bartali tenía 26 años y la vitrina llena de trofeos ciclistas.


Gino salvó cientos de vidas con su bicicleta y sus piernas

Su país estaba en guerra y le llamaron a filas pero una revisión médica detectó una anomalía en el corazón del deportista. Le destinaron al cuerpo de mensajería donde convenció a sus superiores de hacer los repartos en bicicleta. A pesar de verse interrumpidas las carreras profesionales, él siguió entrenando… Tanto es así que el mismo cardenal se puso en contacto con Bartali para proponerle algo. Pero le hizo prometer que no contaría a nadie su idea y el ciclista cumplió. Murió en el año 2000 sin revelar absolutamente nada -ni siquiera a su familia-, de la trama que montaron entre varias personas.

Organizaron una red entre el cardenal y el obispo de Florencia, el rabino de la ciudad, algunos conventos y monasterios y un impresor ya retirado. Gino Bartali escondía en los tubos de su bicicleta las fotos que llevaba al monasterio de Asís donde se ubicaba una vieja imprenta. Allí se expedían los pasaportes falsos que Bartali llevaba de vuelta a Florencia. Recorría en un mismo día casi 400 kilómetros jugándose la vida por una buena causa: evitar la muerte de centenares de judíos que de otra forma habrían terminado en los campos de exterminio alemanes.

Le paraban en los controles policiales solo para pedirle algún autógrafo y hacerse fotos con él. Cambiaba las rutas a menudo y a todo aquel que preguntaba Gino respondía: “me entreno tanto como puedo para volver a dar pronto victorias a Italia”. Era el ídolo del país y supo sacar provecho. Cuando volvía de Asís ya de noche, oyó unos gritos en alemán. Creyó que no iban con él y siguió pedaleando. Pero los alemanes dispararon en su dirección haciendo que Bartali saltara de la bicicleta y se echara en el suelo. Un militar le pidió la documentación y comprobó que era el campeón tan admirado en Italia. Dijo que le había deslumbrado la bici. Desde ese momento tuvo la precaución de “ensuciar” la máquina para no volver a verse en esa tesitura.

Y así acabó la guerra habiendo salvado a casi 800 personas con su bicicleta, sus piernas y su popularidad. Al reanudarse la competición oficial volvió a ganar el Giro de Italia en 1946 y el Tour de Francia en 1948 ¡diez años después! Siguió con sus carreras y pasó de ser jefe de filas a gregario dejando una anécdota para el recuerdo de los aficionados al ciclismo. Su gran rival fue Fausto Coppi. Ambos tenían diferentes posturas tanto en tema de religión como en política, pero eso no les impedía ser grandes amigos. Corrían el Tour de Francia en 1952 y alguien disparó una fotografía: ambos se intercambiaban una botella de agua. ¿Quién ayudaba a quíén? A día de hoy aún sigue la polémica.

Si Gino Bartali guardó el secreto hasta su muerte ¿cómo supo el mundo de su heroísmo? Tres años después de su fallecimiento los hijos de un editor -Giorgio Nissim-, encontraron un viejo diario de su padre. En él se detallaba con precisión los pormenores de la trama que montaron entre todos: los recorridos de Bartali y los papeles que escondía. Cuando la gente le decía “Gino, eres un héroe”, él respondía: «No, no, yo quiero que me recuerden por mis logros deportivos. Los héroes reales son otros, aquellos que sufrieron en su alma, su corazón, su espíritu, su mente por sus seres queridos. Ellos son los héroes reales. Yo soy solo un ciclista«.


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