FUTURO, PRESAGIOS Y EL SEÑOR DE LOS ANILLOS

Hace algunas semanas escribí sobre las predicciones del futuro, del horóscopo y de otras artes adivinatorias que encontré en un libro maravillosamente curioso. Pero hoy un amigo mío me ha llamado para decirme que había tenido un presagio. Yo le he corregido diciendo que sería un presentimiento pero me ha respondido que era lo mismo. Y como no era de esperar otra cosa en mí, la curiosidad me ha llevado a “investigar” sobre esta palabra. San Google y su santa Wikipedia dicen que “un presagio es un fenómeno que se cree que sirve para adivinar el futuro y que a menudo hace referencia al advenimiento de un cambio. También llamado augurio como los realizados por los augures en la Antigua Roma”.

No contenta con esta definición me voy al diccionario de la Lengua Española: la RAE. Veo que define la palabra presagio como “señal que indica, previene y anuncia un suceso. Especie de adivinación o conocimiento de las cosas futuras por medio de señales que se han visto o intuiciones y sensaciones”. Me quedo con esta definición. Ademas me acuerdo del refranero español que dice “cuando el grajo vuela bajo hace un frío del carajo”.

Sin embargo el presagio o el presentimiento también es un recurso literario que los ingleses llaman foreshadowing. Aquí el el autor sugiere ciertos desarrollos argumentales que podrían suceder más adelante de la historia. Hace que el lector se prepare mentalmente y esté alerta al desarrollo de la narración creando tensión y suspense. Por ejemplo, en el libro “The Lord of the Rings” (El Señor de los Anillos).

Novela de fantasía épica del filólogo y escritor británico J.J.R. Tolkien. Aquí un hobbit, un elfo, un hombre y un enano, tienen la misión de destruir un anillo para evitar una guerra y la destrucción de la Tierra Media. En un momento de la historia, el mago Gandalf mantiene una conversación con el hobbit Frodo que es el portador del anillo que le dio su tío Bilbo Bolsón, en la que éste le dice que fue una lástima que Bilbo no hubiera matado a la criatura Gollum cuando tuvo la oportunidad.

Gandalf le contesta más o menos lo siguiente: “Fue la lástima la que detuvo su mano. Muchos de los que viven merecen la muerte y algunos que mueren merecen la vida. Mi corazón me dice que la criatura Gollum aún tiene un papel que desempeñar, para bien o para mal antes del final, y cuando este venga, la compasión de Bilbo podría gobernar el destino de muchos, en especial el tuyo”. La conversación entre estos dos personajes presagia el hecho de que en la historia, más adelante, el mismo Frodo perdonará la vida de Gollum lo que hace que la criatura Gollum, involuntariamente, hará posible la destrucción del Anillo Único, que es la misión que tiene Frodo en esta novela.

Y volviendo a los presagios adivinatorios, hay que decir que pueden ser buenos y malos dependiendo de quién los interprete. Por ejemplo si un martes día 13 me levanto a las siete de la mañana, camino 10 kilómetros y tropiezo tres veces, yo me voy corriendo a echar una primitiva con esos números porque tengo un presagio. Me va a tocar seguro el bote de la semana. Sin embargo otra persona lo interpretaría como un presagio de mala suerte: martes 13, tropiezos, caminata, cansancio… fatal.  

Antiguamente se creía que cualquier parte del cuerpo que sufriera una agitación extraña, como una palpitación o un estremecimiento, era un mal presagio. Esto quería decir que un amigo te traicionaría. Sin embargo si estas convulsiones repentinas tenían lugar en el ojo derecho y en las cejas, todo apuntaba a un feliz presagio. Pero ojo, si se te dormía el dedo meñique o el dedo pulgar no paraba de temblar, lo mejor era quedarse en casa porque nada bueno se avecinaba.

Una cosa curiosa que siempre hemos oído y no nos hemos dado cuenta de que podría estar dentro de la definición de presagio es que cuando te pitan o te zumban los oídos es porque alguien está hablando mal o bien, de ti. Y como a mí en este momento me pica la mano derecha, y he leído en algún sitio que eso es un presagio de entrada de dinero, me voy a comprar un décimo de lotería. Sí, por si las moscas. Porque quien no me dice que en algún momento me cambiará la suerte.


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