FOBOFOBIA: EMOCIÓN DE TENERLE MIEDO AL MIEDO

El ser humano desarrolla poderosos mecanismos emocionales para sobrevivir. Como cualquier otro ser vivo necesita seguridad y afectividad. Sin embargo somos los únicos seres vivos que recibimos la carga desajustada de una sociedad artificial, cargada de alteraciones en los vínculos afectivos. No es de extrañar que la necesidad de ser amado se convierta en un lugar de incertidumbre donde el miedo al rechazo, al daño existencial, sea lo que nos condiciona el vínculo con los demás.

El mas limitante y más habitual, a veces enmascarado de todos los miedos, es la fobofobia. Esa terrible emoción de tenerle miedo al miedo. Y todos tenemos miedo. Porque a lo largo de la vida, nos conectamos con él. La sensación de incertidumbre asociada a malestar, o a la angustia emocional o física asociada a indefensión o a insatisfacción de necesidad vital. 

Sentimos la necesidad de seguridad afectiva cuando nos relacionamos los unos con los otros y cuando detectamos que se puede poner en jaque. Entonces lo que hacemos es reprimir nuestras sensaciones de desagrado para evitar el dolor. Tenemos miedo a sentir miedo a que nos dañen, a sentir que puede ocurrir que alguien nos haga conectar con dolor y por tanto, con angustia de desolación, de vacío, de desesperación.

Desde el útero materno, perder oxigenación ya nos genera miedo. Cuando nacemos, el sentir estrés llorando y que nadie nos consuele, ya nos activa miedo. En la infancia algún enfado que nos active zozobra, un rechazo inesperado, un grito desajustado, una exigencia indebida, una vivencia dolorosa que no se pudo procesar. Un trauma más intenso de violencia imprevisible. Indefensión o impotencia mantenidas en el tiempo. Todo lo que bloquee la esencia del ciclo de reajuste de sanar nuestras heridas vitales, nos activa mucho temor. 

Qué activa el miedo

La sensación de miedo nos paraliza, nos hace huir, nos impide ser nosotros, nos sabotea. Bloquea el impulso natural de guiarnos por nuestras sensaciones o nuestros deseos y ser coherentes con ellos. Porque lo desconocido, la incertidumbre, el potencial peligro relacionado con lo que puede pasar, nos pone en alerta. Y si esa alerta se mantiene más tiempo del natural porque el mundo artificial compromete el ritmo del ciclo de lo esperado, se mantiene activación, tensión dolorosa y traumática que se queda en la memoria emocional.

El ánimo que piensa en lo que puede temer, empieza a temer en lo que puede pensar

Francisco de Quevedo

Además, en determinadas circunstancias asociadas a lo que se ha vivido, produce desasosiego, pánico y tal malestar de volver a experimentar ese dolor tan severo, que nos activa ese miedo. Tenemos miedo de conectar con la pérdida natural de lo que el cerebro de supervivencia te dice que eres capaz para disfrutar de la plena libertad de avanzar, de disfrutar y evolucionar en la vida.

Porque al sentir la más mínima posibilidad de enlazar las experiencias con la sensación de miedo, se alertan nuestras alarmas y esa angustia reprimida se enciende y se vuelve viva. Nos inhibimos, cedemos, nos sometemos, callamos, nos inquietamos, lloramos. O también nos reactivamos y enfadamos y perdemos la energía para afrontar el momento y liberarnos del miedo. Esperamos refrenados que se pase la tormenta para poder adaptarnos a la situación vital. Y ese miedo desactualizado, integrado en nuestra esencia espera cualquier momento para aparecer de nuevo. 

Recursos para vencer la fobofobia

La única forma segura de vencer y superar la fobofobia es conectar con recursos de seguridad, de bienestar y coherencia existencial. Tenemos que escuchar nuestro sentir y dirigir nuestra fuerza para dejar de dudar, de quejarnos, de aguantar y actuar con sinceridad para ser protagonistas de la auténtica protección que nos indica vivir de acuerdo a nuestro sentir. 

Desarrollemos sin duda protección hacia nosotros, egoísmo natural. Activemos la confianza del amor a nuestra vida que sabe que, para sentir libertad y honestidad de verdad, se tiene que superar ese miedo atávico de supervivencia, que nada tiene que ver con nuestro miedo actual.

Y desde ahí proyectar el amor y la confianza hacia los que nos rodean, sabiendo que lo justo y esencial para el vínculo con los demás es mantener nuestro sentir cuidado. Saber que cada cual tiene que regular su bienestar esencial. Así será la única forma real de que la auténtica humanidad pueda evolucionar. 

El amor ahuyenta el miedo y recíprocamente, el miedo ahuyenta al amor. Y no solo al amor el miedo expulsa; también a la inteligencia, la bondad, todo pensamiento de belleza y verdad, y solo queda la desesperación muda; y al final, el miedo llega a expulsar del hombre la humanidad misma.

Aldous Huxley

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