ENORME Y RENQUEANTE

enorme

ENORME

Enorme es tu corazón de plomo, como lo es la Estatua de la Libertad acechando el horizonte con la mirada perdida, preguntándose cómo conseguir que la balanza se incline hacia la luz que la humanidad oculta entre mares de desesperanza y vacíos de cordura.

Enorme es la luna que alumbra las noches que dormitas, sedienta de algo que no puede alcanzar mientras esté dentro de esa jaula sin barrotes ni comida; alimento vital que se pudre entre las sábanas de un sueño insatisfecho.

Enorme es la mota de polvo que se esconde bajo la alfombra de la seguridad creada por inseguros de la vida, que buscan protegerte de ellos mismos, sorteando los filos de las navajas ajadas por la edad que no pasa ni pesa, que solo es un número vacuo.

Enorme el amor que te tengo, tan enorme es que no cabe en el alfiler que se clava en lo más profundo de tu hueso occipital, accediendo al cerebro y activando esa neurona añeja por el desuso, desconectada de todo, olvidada por todos, vejada en sociedad.


No hay más muerto que el que no persigue sus sueños menos cuerdos

Óscar Gavilán

RENQUEANTE

 Renqueante, camino
con los pies requemados por el sol
de un invierno extraño.
 
Renqueante,
mis pasos quebrados
apenas me mantienen erguido,
mas consigo posar otro pie en el asfalto,
sigo caminando.
 
Renqueante, pero intacto,
un paso tras otro paso,
esfuerzo sobrehumano,
no existe el retiro.
 
Renqueante,
la senda está reseca,
mis pies hierven,
mi mente despierta no permite excusas,
la meta está cerca.
 
A veces pienso
que la toalla me pesa.
A veces me veo
sentado en la esquina del ring de mi vida,
supurando heridas que no cierran,
vapuleado por la desidia.
 
Renqueante
acepto esta piedra
que se clava en mi alma
y continúo por el sendero,
continúo aún sediento de amor,
hambriento de ego,
sucio por dentro.
 
Renqueante,
subo los riscos de la soberbia,
bajo los valles de la indecisión
mas el diamante a base de presión se forja,
así que la norma la marco yo,
aún renqueante, aún sin forma definida,
la sigo marcando yo.
 
Renqueante, pero con vida,
pues la vida se alimenta de metas,
aunque la energía se merma
a medida que camino, renqueante,
hacia mi yo.
 
Renqueante,
sin temor a lo desconocido,
mi piel se cuartea, se arruga
y no me importa,
mis músculos se atrofian
y no me importa
mientras tenga fuerzas para pasar esa puerta,
para posar los pies en ese suelo
y sortear las piedras venideras.
 
No existe consuelo
para los que se rinden,
no hay más muerto que el que no persigue
sus sueños menos cuerdos.
 
Por eso…
aún renqueante…
sigo el sendero que me lleva
a mi paraíso eterno.

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