ENERGÍA VITAL Y BIENESTAR EMOCIONAL

El ser humano necesita energía para vivir. Sus células requieren de energía para poder funcionar y mantener al organismo en una frecuencia óptima para la vida. Todo lo que hacemos, somos, sentimos, pensamos, vivimos lo hacemos gracias a la energía que generamos. Las fuentes de la energía vital son fisiológicas, sensitivas, emocionales y mentales. El organismo, como si de una dinamo se tratara, transforma y genera energía por medio de campos magnéticos. Modula la bioquímica del organismo y afecta a nuestro sentir. El desequilibrio de estos campos puede alterar el estado energético del ser humano.

La vida dentro de ti no está ahí para servir a tu cuerpo, mente o emoción. El cuerpo, la mente y las emociones están al servicio de la vida.

Sadhguru

Las fisiológicas se recargan con el alimento, el sol, el oxigeno, la actividad física, el sueño o el descanso, por ejemplo. Las sensitivas se recargan respetando las sensaciones, buscando la regulación, el bienestar, la desconexión de la tensión o la sobrecarga.

Lo mental y emocional, lo que percibimos, cómo lo procesamos y sentimos puede favorecer frecuencias de energía adaptativas o dañinas para el organismo. La energía modula la bioquímica, afecta al metabolismo y a todos los sistemas del organismo, incluido el inmunológico. 


Energía vital que fluye

La interacción con otras personas puede trasmitirnos información sensitiva que aumenta o disminuya nuestra energía y que afecte a nuestra forma de percibir, sentir y a nuestro funcionamiento general. En ocasiones sentimos como una persona puede modular nuestra frecuencia emocional y abatirnos, bajándonos la energía, disminuyendo nuestro bienestar y bloqueando el sentir general del organismo. Incluso se nos puede quitar el apetito. En este caso, es porque el organismo bloquea  la capacidad de digerir lo que estamos sintiendo. La bioquímica asociada a la tensión que sentimos es la adrenalina.

De igual forma un recuerdo agradable que haya generado una sensación de bienestar y de ilusión, puede resultar un estímulo generador de energía y alegría emocional. Igualmente nos puede quitar el apetito porque nos sentimos nutridos de bienestar. La bioquímica de bienestar asociada es la serotonina.

Así entendemos que la energía no solo la produce la parte fisiológica del organismo, sino también puede provenir del sentir emocional y afectar a esa parte y viceversa. Cuando tenemos cambios hormonales, una digestión pesada, nos duele la cabeza, nuestro estado de ánimo cambia. La energía está desregulando nuestras sensaciones y nuestras emociones. 

Necesitamos equilibrar nuestro organismo, tanto física como emocionalmente, para sentir fluir la energía vital. Ese equilibrio lo activa el organismo de forma natural. Tenemos que procurar conectar con él para conseguir establecer un estado de armonía y protección que nos permita movernos libremente y favorecer la recarga energética.


Recargar la energía vital: la coherencia

Establecer las necesidades del organismo para sentirse con recarga energética es fundamental. Y no hay una conducta preestablecida, ni siquiera un pensamiento, ni una emoción adecuada para conseguir el fluir de la energía. Lo que realmente favorece frecuencias óptimas para recargar de energía vital al organismo es la coherencia. Ser capaces de escuchar y respetar la esencia de la sensación, cuidarla y actuar en consecuencia. Así la frustración, la sobrecarga, la insatisfacción, la auto exigencia, todas esas sensaciones nos pueden reducir nuestra energía vital. 

Hacer cosas que nos gustan, dejar de hacer lo que nos disgusta. Ser libres para sentir y protegernos del malestar, alejándonos de lo que nos lo genera. Dejarnos llevar por la intuición. No forzarnos. Buscar sensaciones de satisfacción y logro. Generarnos bienestar liberándonos de cargas. Escuchar lo que sentimos, es la mejor fuente de energía emocional, psicológica y vital.

Por eso es bueno actuar para tener energía, pero no basarnos en lo que debemos de hacer sino en lo que siente nuestro cuerpo mejor en cada momento para procurar el sustento de equilibrio y de energía. Es más, lo que debilita y bloquea el flujo de la energía es todo aquello que se basa en la exigencia debida y no en respetar el sentir que nos informa el organismo en cada momento.


Obstáculos emocionales

Hay tres grandes obstáculos emocionales que están dominados por estructuras mentales que limitan el flujo de energía: la exigencia, la duda y el miedo.

La exigencia se basa en ideas preestablecidas, creencias integradas, expectativas fundamentadas en lo que debe de ser. La exigencia guía la forma de proceder y nos impone y engaña. Nos daña sin darnos cuenta.

Y tenemos que salir, y lo tenemos que hacer, y no debemos sentir, y debemos actua, o debemos obedecer. Y tiene que suceder, y ellos lo deben hacer y esto no puede ser…” Todos estos criterios de deber y obligación nos producen una tensión mantenida y si se incumplen, muchísima frustración. La frustración es un estado de alteración y malestar que desgasta y reduce el flujo de energía. Genera una frecuencia emocional negativa y destructiva.

El secreto para tener una buena salud es que el cuerpo se agite y que la mente repose.

Vincent voiture

La duda es un estado de bloqueo permanente. Es la forma de no escuchar la sensación natural y no sentirnos capaces de actuar por la exigencia. Genera mucha angustia y ansiedad y desregula el bienestar. Se entra en duda cuando algo no apetece pero se siente que se tiene que hacer. O cuando algo apetece y se cree que no se debe o no se puede hacer.

El miedo emocional es un principio aprendido que está ligado a la inseguridad y a la falta de confianza para avanzar. Es una forma de andar dependiendo de entidades superiores que creemos que tienen más importancia que nuestras propias sensaciones. El miedo inhibe y desgasta la energía emocional y normalmente, se buscan fuentes externas para seguir adelante, sintiéndonos incapaces de tener autonomía e inhibiendo la conexión con nuestra propia conciencia. 


¿Compensar o regular?

A veces para reducir el malestar y la falta de energía, buscamos compensaciones, distracciones que finalmente, terminan convirtiéndose en adicciones vitales que nos quitan energía. Nos distraemos pero no conectamos con lo que realmente sentimos o queremos. Vivimos integrados en hábitos cotidianos, unos sanos pero otros menos sanos. Y en cualquier caso, estamos desconectados impidiendo el fluir de la energía que favorecería un estado de equilibrio y bienestar esencial. Sin embargo, regular es una forma que nos puede ayudar a generar energía y libertad.

Lo primero que hay que hacer es escucharse, atenderse y respetarse. El organismo tiene la capacidad de regular nuestro equilibrio y nos avisa con sensaciones fisiológicas, sensitivas y también emocionales. Si intentamos escucharle y atender las sensaciones, respetando nuestros ritmos y todas las emociones, se activa el flujo de energía y de bienestar natural que empezará a ayudarnos a sentir activación vital y alegría natural. 

Tenemos que entender que el cerebro superior, el de nuestras cogniciones y el de nuestras ideas, está al servicio del cerebro sensitivo y del emocional y no a la inversa. El flujo de energía y la activación vital se produce cuando adaptamos nuestro proceder a lo que nos pidan esencialmente, nuestras sensaciones y no nuestros pensamientos. 

La existencia, la auténtica existencia es por encima de todo experiencia, es sentimiento, es percepción y es sensación.  

Søren Kierkegaard.

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