EL MUNDO AL REVÉS

Vivimos en un mundo patas arriba, donde los payasos están dirigiendo países y los eruditos recitan poesías en antros de mala muerte o exponen sus sabias reflexiones a gente que hace como que escucha con una sonrisa de sarcasmo y condescendencia en el rostro. En este paradigma el espectáculo está servido dentro de pantallas led de última generación donde aparecen payasos interpretando papeles de políticos, de periodistas, de presentadores de magazines, de expertos… Pantallas que expulsan basura de dos maneras: una mediante el contenido nauseabundo que emiten y dos mediante las frecuencias que estas lanzan contra el cerebro del ignorante y confiado espectador.

Estas pantallas se han convertido en nuestras confidentes, nuestras amigas íntimas, nuestras amantes e incluso nuestras madres. En ellas ponemos todo nuestro ser y corazón y cumplimos fervientemente con todos los consejos, dogmas y doctrinas que este conjunto de píxeles nos entrega, aunque sean destructivos para nosotros o no tengan ningún sentido ético ni moral.

Asimismo, se ensalza al enfermo mental y se condena al ostracismo al ser humano cabal. Se fomentan ideologías destructivas para la psique como la pedofilia y se alenta a los menores a cambiarse de sexo cuando les apetezca mediante operaciones agresivas, peligrosas y, en muchos casos, irrevocables. En este punto me surgen algunas preguntas: ¿Qué tipo de adultos tendremos dentro de veinte años? ¿Estarán en su cabales o nos encontraremos con hordas de paranoicos ingresados en manicomios?

Un mundo de padres infantilizados y niños sin niñez

Por otro lado, en este maravilloso mundo feliz, los padres infantilizados, que buscan alargar su adolescencia eternamente mirando siempre hacia ellos mismos, visten a sus hijos como adultos porque la moda de turno se lo impone, sin darse cuenta de que los niños no necesitan una ropa más o menos bonita o cara, lo que realmente buscan es el amor de sus progenitores, que les traten como niños que son y que ejerzan el rol de guía que todo padre debe tener con sus hijos. En consecuencia los menores, para rellenar ese vacío, recurren a las pantallas con el fin de recibir el “afecto”, el “abrazo” y la “educación” de su tiktoker favorito, el cual se convierte en su “padre virtual”, a falta del real.

Enfermos en las redes

En este sistema infecto ya no quedan seres humanos sanos. Todo el mundo está enfermo…, ¡y se vanagloria de ello! Estar enfermo en este mundo paranoico es una oportunidad para ganar “likes” y visualizaciones dentro de nuestras amigas las pantallas. No hay nada mejor que provocar un sentimiento de pena y lástima en una audiencia que nunca conocerás y que tal vez no sea ni siquiera humana, solo un algoritmo informático. Pero da igual, todo vale para conseguir quince segundos de gloria en Tik Tok. Total, si realmente estás enfermo, con inyectarte el «remedio milagroso» que el gobierno de tu país te indique, volverás a recuperarte por un tiempo, hasta que vuelvas a recaer y así continúes con el ciclo maquiavélico de «inyecciones-que-todo-lo-curan-pero-solo-un-poco» durante el resto de tu anodina vida de esclavo enfermizo y paranoico.

¿Te gusta este mundo al revés? Si la respuesta es negativa, tengo una buena noticia que darte. Tú puedes colaborar en darle la vuelta, porque tú posees dentro de ti el poder suficiente para hacerlo. Solo tienes que creértelo, ponerte manos a la obra y el resto surgirá debido al efecto dominó que generarás.


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