EL MISTERIO DE RENNES-LE-CHÂTEAU

Rennes-le-Château es un pequeño pueblo del valle de Aude en la región del Languedoc francés. Actualmente el número de habitantes no supera el centenar. Pero a raíz de la publicación del libro “El oro de Rennes” de Gérard de Sède en 1970, el tranquilo lugar se ha convertido aún a día de hoy, en un hervidero de turistas y buscadores de tesoros. La diminuta iglesia dedicada a Maria Magdalena forma parte de la leyenda cuyo principal protagonista fue su párroco.

Bérenger Saunière llegó a Rennes el 22 de mayo de 1885 que por aquel entonces tenía unos 200 habitantes. Cuando se hizo cargo de la iglesia observó que estaba bastante deteriorada y se ocupó de la recaudación de fondos para su restauración. Pero Rennes era un pueblo básicamente dedicado a la agricultura así que el cura acudió a los estamentos políticos en busca de ayuda… en vano.

Un vendedor de limones y albañil aficionado se ofreció para ayudar a Saunière a renovar lo más urgente en aquel momento: el tejado, tanto de la iglesia como del presbiterio. Poco a poco fue acumulando más donaciones de los parroquianos y pudo ir pagando las facturas a los obreros. Durante las obras tuvieron que mover algunas piedras que sostenían el altar y así fue como descubrieron un escondite.

Una de esas piedras tenía hueco donde se ocultaban unos pergaminos. Los trabajadores hicieron entrega de lo hallado al párroco y éste los guardó para verlos  más tarde con tranquilidad. Cuando el alcalde se enteró del hallazgo, exigió a Saunière que se los enseñara pero éste se limitó a enviarle unas copias calcadas. Hay decenas de hipótesis sobre el contenido de esos pergaminos pero hasta la fecha, nadie los conoce con exactitud.

Pero las obras continuaron. Se cambiaron los vitrales, se restauró el suelo y poco a poco el aspecto interno de la iglesia se fue renovando. Cuando llegó la hora de acometer la obra en la propia nave del recinto sagrado, los obreros volvieron a hacer otro curioso descubrimiento: una lápida con la inscripción hacia abajo. En ciertas épocas era costumbre que los señores del lugar fueran enterrados en la propia iglesia dejando constancia de ello mediante una piedra esculpida con su nombre. Debajo de la lápida hallada se encontró un cráneo supuestamente de un hombre de 50 años, fallecido entre 1281 y 1396. Se desconoce su nombre pero sigue siendo un misterio por qué su lápida estaba puesta del revés.

La leyenda dice que en esa tumba había tesoros de incalculable valor. Tanto es así que una vez finalizadas las obras en la iglesia, el párroco siguió excavando por sus alrededores, y mas concretamente en su terreno anexo: el cementerio. El alcalde montó en cólera en cuanto supo que el cura de la iglesia de su pueblo estaba removiendo tumbas. También constataron que Saunière solía ausentarse durante días para continuar con su búsqueda en los campos adyacentes.

Y así fue como poco a poco se hizo de un gran capital con el que por fin pudo renovar su iglesia como él quería. Pintó los interiores con colores vivos. Colocó estatuas por todo el recinto. Una de ellas es la que llama más la atención hoy día: un diablo sosteniendo la pila del agua bendita con la forma de concha que utilizan los peregrinos que acuden a Santiago de Compostela. Este demonio se llama Asmodeo y justo encima de él hay una composición con cuatro ángeles haciendo el signo de la cruz. Parece representar la victoria del bien sobre el mal.

Asmodeo

Pero el párroco siguió con su proyecto y adquirió más terrenos en el pueblo. Se hizo construir una pequeña mansión llamada “Villa Betania” junto con un invernadero y dos torres, una de vidrio y la otra en piedra a la que llamó “torre Magdala”. Todo ello rodeado con un extenso jardín y vistosas plantaciones. En dicha torre instaló su particular biblioteca. Saunière nunca llegó a vivir en la mansión ya que ésta la dejaba para sus visitas a las que agasajaba con los mejores manjares y licores de la región.

Evidentemente eso hacía que sus propios paisanos comenzasen a murmurar. ¿De dónde salía todo ese dinero? Las habladurías llegaron a oídos de sus superiores eclesiásticos y, cuestionado sobre sus posibles, el cura respondió que todo eran donaciones anónimas de gente de bien. Como era de esperar, no le creyeron, así que se tomó la decisión de apartarlo de la iglesia y de sus ministerios. Le prohibieron dar misa y, aunque él apeló a Roma, no le dejaron ejercer. Pasaron los años y al no permitirle recibir el correo con las supuestas donaciones destinadas a la parroquia, Saunière se fue apagando poco a poco.

El 22 de enero de 1917 y mientras paseaba por sus dominios, fue víctima de un ataque cardíaco. A punto de morir quiso recibir la extremaunción. El cura que le confesaba en sus últimos instantes de vida, salió lívido de la habitación negándose a darle la absolución. La tumba de Bérenger Saunière fue varias veces saqueada por lo que tuvieron que trasladarla a un mausoleo de un pueblo vecino.

En 1982 tres periodistas británicos publicaron un ensayo: “El enigma sagrado”. En el hablaban del Priorato de Sión, de la historia de los templarios, de la dinastía de los merovingios y del Santo Grial. Todo ello después de rodar algunas películas sobre el misterio de Rennes-le-Château.


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