EL MALTRATO INFANTIL MÁS ALLÁ DE LA REALIDAD

maltrato

La cosificación y el desprecio de la infancia a lo largo de la historia es una realidad que se puede constatar. Una realidad que deja espantados a quienes lo conozcamos. Utilizar a la infancia para la ciencia ha sido una de las tantas atrocidades que se han realizado con los niños

Cuando el pequeño Albert tenía once meses fue utilizado como objeto de experimentación. Querían demostrar empíricamente los efectos del condicionamiento clásico. Los responsables de esta barbaridad fueron el afamado psicólogo conductista John B. Watson junto a su colaboradora Rosalie Rayner en la  Universidad Johns Hopkins. 

Se le instalaron  y condicionaron a Albert  miedos a animales. Posteriormente, estos miedos se  transfirieron y asociaron a otros objetos inanimados. Es decir, estímulos neutros del entorno del niño fueron manipulados por condicionamiento. Asociaron estos estímulos a un fuerte ruido metálico detrás de sus oídos. Creando así múltiples fobias en el pequeño Albert. 

El mundo se convirtió para Albert en un potencial peligro. Cualquier objeto nuevo era potencialmente peligroso para él. Generando un intenso shock traumático. Incapacitándole para explorar y reconocer de forma natural y adaptativa la realidad. Su proceso de desarrollo se vio afectado por reacciones condicionadas a pánico. A sentir tensión, estrés y alteración nerviosa.

La intención de Watson y Rayner era descondicionar estos miedos en una segunda fase del experimento. Sin embargo, nunca se llevó a cabo, dicho descondicionamiento. Ya que la madre del niño, que trabajaba en esa universidad, posiblemente, detectó alteraciones en su hijo. Así pues, retiró al niño de los experimentos, interrumpiendo su realización.

Cuando se habla de enfermedad se habla de desequilibrio orgánico.  Cuando el desequilibrio es natural, el organismo tiene recursos homeostáticos para intentar recuperar la estabilidad perdida. A Albert le condicionaron desde el terror a vivir. Le produjeron un impacto traumático tan severo en su sensibilidad perceptiva. Un desajuste vital tan intenso que sus meninges (estructuras protectoras del sistema nervioso) terminaron desarrollando una respuesta de alteración inmunológica. Hasta que una infección le produjo la hidrocefalia (un aumento de líquido cefalorraquídeo en su pequeño cerebro). Porque no era capaz de procesar toda la información fóbica que la vida representaba para él. El organismo no tuvo posibilidad de recuperar el desequilibrio que se le había creado al detectar cualquier objeto como peligroso. Un crimen iatrogénico absolutamente atroz. Terrible e inhumana forma de actuar con un niño. Actualmente ya no se permitiría hacer algo así. Desde luego que no.

Pero los principios conductistas siguen rigiendo fórmulas de control y manipulación, en muchos ámbitos de actuación, sobre la conducta infantil. Fórmulas absolutamente dañinas y devastadoras para el desarrollo y la evolución natural de nuestros niños. Los fines para conseguir lo que los adultos consideran adecuado justifican el condicionamiento clásico y el operante. 

Además, ahora no sólo se ha integrado el condicionamiento, exclusivamente desde concepciones, aparentemente, pedagógicas: con castigo, refuerzo, tiempo fuera, condicionamiento operante y afectivo… 
La locura es que desde la invasión de la oferta de instrumentos de alteración nerviosa y neurológica, los niños se han vuelto adictos, por condicionamiento, a pantallas, videojuegos y aparatos móviles. Éstos les está desajustado su sistema nervioso. Está afectando  a su desarrollo natural. Diseños que atraen y que producen placer desmedido. Como hace cualquier droga. ¿Quién sabe cómo esta afectación va a influir en las generaciones venideras? 

Nadie dejó constancia de cómo debió vivir Albert su desarrollo vital posterior, pero no cabe duda que el desenlace con una prematura muerte pudo ser la consecuencia del tremendo sufrimiento a nivel psíquico, nervioso e inmunológico.  Murió a los seis años de edad a consecuencia de una hidrocefalia causada por una meningitis infecciosa

Una terrible realidad de maltrato infantil invisible. Maltrato integrado y justificado en nuestra sociedad actual. En cualquier caso y si nadie cambia esto, estamos abocados a una sociedad invalidada. Una sociedad atrofiada en su evolución. Una nueva sociedad enferma y anestesiada. Eso se está consiguiendo. 

Triste realidad la nuestra. La presente y la futura. Triste y desoladora. 


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